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2022, un año para el olvido; 2023, entre recesión y oportunidad

El 2022 fue uno de los peores años en términos de mercado, no solo por el mal desempeño del mercado accionario internacional, sino también por el mal desempeño de los mercados de bonos en el mundo. Con caídas del S&P de 19% y de los bonos del gobierno estadounidense de 12%, el 2022 fue el cuarto y el primer peor año, respectivamente, desde 1973 (Figura 1).

 

 

Aún más, si observamos el desempeño en conjunto, 2022 fue el peor año desde 1973 (Figura 2). Esto, principalmente debido a que, cuando caen fuertemente las acciones, la Fed históricamente reduce las tasas, lo que genera ganancias en los mercados de deuda. No obstante, durante 2022 fue la Fed quien subió las tasas para tratar de contener la inflación, sin embargo, esto a su vez incrementó el costo del capital para las empresas por lo que se generó una caída en el precio de las acciones.

 

 

Esta caída ha significado una gran destrucción de riqueza, pues en términos de valor de mercado de las acciones estadounidenses (capitalización) se perdieron casi US$8.5 billones de dólares, al caer de US$42.1 billones a finales de 2021, hasta US$33.6 a finales de 2022.

 

Sin embargo, si analizamos un mayor periodo, se pueden interpretar estas caídas abruptas como parte de un proceso de normalización tras los fuertes estímulos monetarios y fiscales que se otorgaron durante los periodos más álgidos de la pandemia. Esto aplica tanto en mercados accionarios como de deuda, pues si consideramos que el valor de capitalización del S&P previo a la pandemia era de US$27.9 billones, aún con la caída observada durante 2022, existe una ganancia de US$5.7 billones. Otra forma de verlo es usando el múltiplo de valuación precio / utilidad que, después de llegar a un máximo histórico de 32, cayó a 18.5, un nivel muy similar a los múltiplos previos a la pandemia (Fig. 3).

 

 

Por otra parte, los mercados globales de deuda o bonos llegaron a tener un total de US$18 billones que pagaban una tasa negativa (Fig. 4), esto significa que invertir en estos, implicaba perder dinero en su moneda de emisión; así, técnicamente era mejor gastar el dinero que ahorrarlo. Tras las medidas de la Fed y demás bancos centrales, el monto de esta deuda que paga una tasa negativa disminuyó a US$24.4 mil millones, menos del 0.15% del máximo y un monto casi irrelevante. Así, con tasas más atractivas, 2023 podría ser un año que favorezca la inversión en bonos.

 

 

Por último, aunque 2022 es un año para olvidar en la escala global, a nivel local se observaron gratas oportunidades, pues las mejores categorías de inversión fueron las locales (Fig. 5), siendo los bienes raíces (Fibras) apoyadas por la inflación, el fenómeno de nearshoring y las subvaluaciones, las que tuvieron el mejor desempeño con casi 13% (en pesos); mientras que los Cetes con casi 11% y un riesgo muy limitado fue la mejor categoría en términos de rendimiento / riesgo; y la deuda gubernamental de largo plazo (Udibonos y Bonos) que tuvo un sobredesempeño contra sus pares del gobierno de EE.UU. de más del 18%, mostrando así una gran resiliencia contra las políticas monetarias restrictivas de los bancos centrales.

 

 

Por su parte, las acciones de empresas mexicanas que tuvieron un desempeño negativo de casi 6%, resultaron con un muy relevante sobredesempeño sobre sus pares globales que perdieron 22% o emergentes que perdieron 24% y se posicionaron como las peores categorías del año.

 

Por lo que se refiere a México, se mantiene como un país con grado de inversión con perspectiva estable, con tasas por encima del 4% real para los Udibonos y cercanas al 9% para los MBonos, y con un peso que destacó contra las principales monedas del mundo en 2022; por lo que su deuda de corto, mediano y largo plazo podría seguir siendo atractiva para inversionistas de largo plazo durante 2023.

 

Como contraparte, se mantiene alto el riesgo de recesión en EE.UU (con probabilidad mayor a 65%), pero podría ser una recesión suave, ya que su principal causa hasta ahora proviene principalmente de las medidas restrictivas de los bancos centrales, las cuales podrían detenerse e incluso invertirse si la inflación sigue cediendo como ha sido el caso de los últimos 5 meses y como es la expectativa para 2023, lo cual podría generar plusvalías en los mercados de deuda.

 

Más aún, con una economía mexicana que podría seguir gozando del crecimiento de las remesas, el turismo y el fenómeno de nearshoring, México podría seguir mostrando un mayor crecimiento que EE.UU.

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