INTERNACIONALESLo Más Nuevo

Economía Rusa cerca de partirse en dos

Las sanciones impuestas a Rusia por la guerra a provocado que su economía se vea inestable y por ende que el rublo se desplome radicalmente

El Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés) predijo una caída del 15% en el PIB ruso de 2022. El pronóstico de JP Morgan era una contracción del 12% y hasta los tecnócratas rusos advertían en privado a Putin de un posible retroceso del 30%.

La realidad fue algo distinta. Según los analistas, una demostración del arrogante exceso de confianza en el que había incurrido Occidente al estimar la rapidez con la que podrían dañar a Rusia las sanciones diseñadas por el G7 en un inédito esfuerzo de coordinación.

En 2022 la economía rusa se contrajo solo un 2,1% según Putin y el desempleo, según cifras oficiales de fiabilidad cuestionable, se sitúa ahora en el 3,7%. Aunque la industria electrónica y la automovilística se hayan resentido, el sector de la construcción ha registrado una mejora significativa. En el sector agrícola, una cosecha abundante ha impulsado el crecimiento.

Según las previsiones del Fondo Monetario Internacional, Rusia crecerá más rápidamente que el Reino Unido en 2023 y en 2024. No parece que estemos ante un apocalipsis financiero.

El debate sobre la eficacia de las sanciones se ha intensificado en el primer aniversario de la guerra. Según los defensores de las sanciones, el rublo y el PIB de Rusia no sirven como indicadores, en parte porque muchas estadísticas se han manipulado o clasificado como secretas debido a la guerra. «Por favor, no me pregunten por las cifras del PIB, no sirven», dice Elina Ribakova, directora adjunta de economía del IIF.

Los economistas de la Escuela de Economía de Kiev van más allá y sostienen que podría haberse alcanzado ya un punto de inflexión determinante debido al gasto extra en defensa de Rusia y al derrumbe de los ingresos por hidrocarburos. Han hecho crecer el décifit fiscal ruso, dicen, obligando al banco central a consumir sus reservas.

Para Charles Lichfield, subdirector del centro de estudios estadounidense Atlantic Council, «es comprensible que al principio se entusiasmaran en Occidente, generando falsas expectativas de un golpe palaciego». Después de todo, los rusos salieron corriendo a los cajeros automáticos, había temores de falta de liquidez y el rublo se hundió, pasando de cotizar entre 70 y 75 rublos por dólar a casi 140.

El 28 de febrero, las naciones occidentales trataron de tender una emboscada a Moscú congelando una cantidad que, según el banco central de Rusia, ascendía a unos 300.000 millones de dólares y equivalía al 40% del total de sus reservas de divisas en el extranjero (el resto no estaba en moneda occidental). Como dice Agathe Demarias, «el objetivo era dificultar la defensa de la moneda, aumentar el coste de financiación de la guerra y alimentar la inflación».

Pero la gobernadora del Banco Central ruso, Elvira Nabiullina, respondió con firmeza subiendo el tipo de interés oficial hasta el 20% el 28 de febrero. En los hechos, la subida significaba el fin de las hipotecas y de los préstamos a empresas, pero también volvía extremadamente atractivos los depósitos en rublos, una forma de evitar que los ciudadanos entraran en pánico y sacaran de sus cuentas todo el dinero.

El 7 de marzo, por primera vez en la historia moderna de Rusia, su banco central prohibió completamente la venta y retirada de los euros y dólares depositados antes del 24 de febrero.

Rusia también consiguió que se permitiera a algunos de sus bancos, especialmente el Gazprombank, seguir usando el sistema mundial financiera Swift para gestionar los pagos relacionados con las exportaciones de gas y petróleo de las que la UE era muy dependiente.

Botón volver arriba