Economia y PoliticaLo Más Nuevo

1º de Mayo: Por el derecho a ser explotado

∙ La pandemia de Covid 19 provocó una precarización laboral al caer sus ingresos y su poder de consumo. Los trabajadores mexicanos se vieron obligados a laborar jornadas de hasta 16 horas con la expectativa de obtener al menos el mismo ingreso que generaban antes.

En el marco del 137 aniversario de la jornada  combativa del Día del Trabajo, las banderas de lucha de los trabajadores no son otras que  garantizar su derecho a condiciones laborales dignas y expresar su absoluto rechazo a ser  excluidos y sobreexplotados por el mundo de la postmodernidad, el cual no reconoce y  elude a toda costa cualquier tipo de responsabilidad con los trabajadores.  

“Ahora nos toca enfrentarnos a la precarización laboral, entendida como el deterioro general de las condiciones de trabajo y la inseguridad de las fuentes de empleo. En México, la  informalidad se ha expandido, convirtiéndose en el principal contratador con una ocupación  laboral de 33 millones de trabajadores en este mercado negro, con subempleos que ofrecen  bajos salarios y operan en la eventualidad, reduciendo la seguridad social y prestaciones  del trabajador a cero, dejándolos en desventaja y desprotegidos; mientras, apenas 23  millones mexicanos trabajan en la formalidad”, explicó Cuauhtémoc Rivera, presidente de  ANPEC. 

En el siglo XX florecieron las agrupaciones gremiales sindicales de los trabajadores que  lucharon por la jornada laboral de ocho horas, servicio médico, vivienda, aguinaldo,  jubilación, entre otras muchas conquistas. Ahora experimentamos una transición que va de  la explotación laboral a la exclusión. Al cierre del siglo pasado se hizo sentir la llegada de  la economía neoliberal, cuya tendencia es desconocer cualquier tipo de relación  contractual, convirtiendo a las personas en datos estadísticos, sin nombre ni apellidos, sin  derechos, con quienes no se tiene ningún tipo de obligación. 

En la última milla, posterior a la pandemia, el mundo está reconfigurando sus cadenas  productivas en territorios cortos. Así las grandes compañías están relocalizando  (nearshoring) sus procesos productivos, trayéndolos de Asia a América, lo que debe ser  capitalizado por los países con economías emergentes como el nuestro, que, por su  ubicación geográfica, de cercanía con los Estados Unidos, encuentra ahora la valiosa  oportunidad de revalorar su fuerza de trabajo en beneficio de su desarrollo económico. 

Un trabajador de los Estados Unidos en California gana en una hora lo que un trabajador  mexicano gana en un día. De ese tamaño es la brecha de desigualdad que vivimos los  mexicanos en comparación a los trabajadores del norte.

Actualmente, más del 45% de la población económicamente activa en nuestro país es  femenina, las mujeres representan al día de hoy el 40% de la fuerza laboral total, baste  señalar que 6 de cada 10 pequeñas comerciantes son mujeres; sin embargo, trabajan en  condiciones de desigualdad respecto al hombre: 3 de cada 100 tienen un ingreso superior  a 13,254 pesos, en tanto, 6 de cada 100 hombres obtienen esos ingresos; el 18% de las  mujeres reciben menos paga que un hombre por trabajo igual; de 100 puestos directivos,  solo 26 son mujeres, los restantes 74 son hombres; el trabajo doméstico lo realizan el 75%  las mujeres y un 25% los hombres; 90 % de las mujeres trabajadoras sufren de acoso  sexual; 30 de cada 100 mujeres vive con un ingreso mensual menor de 2,650 pesos. 

Otras cifras. Somos el segundo país de América Latina con mayor nivel de trabajo infantil: 3.3 millones de niñas, niños y adolescentes se encuentran trabajando, la mayor parte en el  campo. 33% de las personas de la tercera edad siguen trabajando. 7.1 millones de personas  con discapacidad se encuentran en el desempleo y tienen una brecha de ingresos  considerable, pues cuando lo obtienen son remunerados con tan sólo el 66.5% de lo que  ganan otras personas. Para colmo de males, el Estado Mexicano no tiene una instancia de  interlocución con la sociedad para procurar una mejor inclusión de las personas con  discapacidad en el mundo laboral.  

En otra latitud, los trabajadores mexicanos que laboran en Estados Unidos se concentran  en la manufactura, transporte, logística, construcción, mantenimiento y servicios. Un  trabajador migrante obtiene un ingreso mensual promedio de 4,058 dólares siendo hombres  y siendo mujeres de 3,166 dólares. El Distrito de Columbia es en donde se paga el salario  mínimo más alto de los Estados Unidos con 15.2 dólares por hora. 

“Estas pinceladas de la foto mayor reflejan las condiciones laborales generales de los  trabajadores mexicanos y nos hace coincidir con la tesis de la pensadora francesa Vivian  Forester al sentenciar que en este tercer milenio de postmodernidad la lucha de los pueblos  del mundo es por empleos estables, bien remunerados; en otras palabras, en tanto en el  siglo XX los pueblos lucharon contra la explotación, ahora en el siglo XXI nuestra lucha es  contra la exclusión y por el derecho a tener empleo, así y seamos explotados”, finalizó  Rivera.  

Botón volver arriba