Colaborador Invitado

La prolongada recesión democrática

Dr. Jorge A. Lera Mejía.

El concepto de “recesión democrática”, utilizado por Joan Hoey, directora del Democracy Index de The Economist Intelligence Unit (EIU), describe con precisión el momento actual: un retroceso sostenido en la calidad de las democracias a nivel global.

El informe 2024 confirma esta tendencia con un dato histórico: el índice global descendió a 5.17 puntos en la escala de 0 a 10, el nivel más bajo desde la primera medición en 2006.

De los 167 países evaluados, 130 (78%) registraron un deterioro o permanecieron estancados, lo que refleja que el fenómeno no es aislado ni regional, sino generalizado. La conclusión es clara: la democracia, entendida como sistema político que combina elecciones libres, respeto a las libertades civiles, Estado de derecho y participación política, se encuentra en retroceso en la mayor parte del mundo.

Las causas son múltiples. Entre las más destacadas se encuentran:

1. El ascenso de proyectos políticos populistas y autoritarios, que debilitan el sistema de contrapesos y concentran poder en el ejecutivo.

2. La polarización social, que reduce la capacidad de alcanzar consensos básicos y degrada la confianza en las instituciones.

3. La desinformación en entornos digitales, que erosiona el debate público y facilita la manipulación política.

4. El impacto de crisis económicas, bélicas y climáticas, que generan descontento ciudadano y predisposición hacia soluciones autoritarias.

El informe de la EIU confirma que la recesión democrática no es un hecho coyuntural, sino una tendencia prolongada.

Este proceso ha puesto en evidencia la fragilidad de los sistemas políticos frente a dinámicas sociales y tecnológicas disruptivas. Además, muestra que la consolidación democrática, asumida por décadas como un proceso irreversible, está en entredicho.

Hablar de recesión democrática implica reconocer no solo un déficit institucional, sino también una crisis de legitimidad. La disminución de la confianza ciudadana en la democracia como sistema efectivo para resolver problemas públicos es quizás el factor más preocupante, ya que debilita los cimientos mismos de su estabilidad futura.

Si no se adoptan medidas efectivas de fortalecimiento institucional, educación cívica y regulación de los espacios digitales, la erosión continuará. La recesión democrática, en suma, es un llamado a repensar la democracia más allá de la mera celebración de elecciones, situándola nuevamente en el centro de la vida pública como un sistema integral de derechos, participación y responsabilidad colectiva.

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