¿Menos pobreza en México? El espejismo estadístico
Dr. Jorge A . Lera Mejía.
En los últimos meses, el gobierno federal ha presumido que 13 millones de mexicanos dejaron de ser pobres, según cifras oficiales.
El festejo se acompaña de discursos triunfalistas que parecen anunciar el fin de la miseria en el país. Pero cuando uno mira debajo de la alfombra, la historia es otra: la supuesta “reducción de pobreza” no es más que un espejismo estadístico, fabricado a partir de incrementos en el salario mínimo y ajustes metodológicos, mientras las carencias reales en salud, educación y vivienda se agravan.
El ingreso sube en los papeles, las carencias suben en la realidad
El dato base que celebra el gobierno es el del ingreso. Técnicamente es cierto: millones de familias, al recibir aumentos asociados al salario mínimo, lograron superar el umbral que los coloca fuera de la línea de pobreza monetaria. Este efecto monetario, también es impulsado por las aportaciones de las remesas que benefician a cerca de 11 millones de familias. Sin embargo, el mismo periodo registró retrocesos alarmantes en derechos sociales:
* 24 millones de personas sin acceso a servicios de salud.
* 9 millones en condición de vulnerabilidad social.
* 3 millones con tres o más carencias acumuladas.
Un aumento en el promedio de carencias de 2.3 a 2.5 por persona.
Eso no es reducción de pobreza: es desplazamiento metodológico. Se cruzó una línea numérica, pero no se garantizó acceso efectivo a derechos.
Una mirada histórica que incomoda
Si la narrativa oficial fuera tan sólida, deberíamos ver un impacto similar en la pobreza extrema, el corazón del problema. Pero no ocurrió:
1. Zedillo redujo 10.8 millones en pobreza extrema.
2. Fox: 4.2 millones.
3. Calderón: 6.3 millones.
4. Peña Nieto: 4.2 millones.
5. López Obrador: apenas 1.7 millones.
El contraste es brutal: en medio de los mayores aumentos históricos al salario mínimo, la pobreza extrema cayó menos que nunca.
El efecto político: borrar al árbitro incómodo
La desaparición de facto del CONEVAL —órgano especializado y autónomo en la medición multidimensional de la pobreza— no es casualidad. Molestaba a la narrativa oficial porque evidenciaba que ingreso no siempre significa bienestar. Al concentrarse solo en la variable monetaria, es más fácil “construir” éxitos que no resisten la prueba de las carencias sociales.
Celebrar el Excel mientras se desangra la realidad
Decir que hay menos pobres porque en promedio la gente gana un poco más, cuando al mismo tiempo viven con menos acceso a médicos, educación deficiente, viviendas sin servicios y sin seguridad social, es un autoengaño colectivo.
México no necesita más discursos estadísticos: necesita políticas públicas que ataquen las raíces estructurales de la pobreza y la desigualdad.
La verdadera victoria contra la pobreza no se mide en cuántos millones salen del Excel, sino en cuántos viven mejor de verdad.