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Acero argentino arranca 2026 con rebote productivo, pero persisten alertas por importaciones y sobreoferta

La industria siderúrgica argentina inició 2026 con una recuperación en la producción de acero crudo, aunque persisten señales de alerta por el avance de las importaciones y un contexto de sobreoferta que presiona a la cadena de valor.

Según el último informe de la Cámara Argentina del Acero (CAA), en enero la producción de acero crudo alcanzó las 351.400 toneladas, lo que representó un crecimiento del 22,5% respecto de diciembre de 2025 y un incremento del 17,2% en comparación con el mismo mes del año anterior.

El dato confirma un rebote significativo tras el piso registrado hacia fines de 2025, cuando en diciembre la producción se había reducido a 286.800 toneladas. Sin embargo, el desempeño no fue uniforme en todos los segmentos del sector.

En contraste con la mejora del acero crudo, la producción de laminados en caliente —tanto planos como no planos— totalizó 276.500 toneladas en enero, lo que implicó una caída del 4,3% frente a diciembre y una baja interanual del 3,5%. La situación fue aún más compleja en los laminados en frío, que registraron una contracción interanual del 8,9%, reflejando una demanda interna todavía debilitada.

Desde la CAA advirtieron que el contexto macroeconómico muestra señales de estabilización, en el marco de un proceso de normalización monetaria y fiscal. El equilibrio financiero sostenido y una inflación mensual en torno al 2,5% contrastan con los niveles de tres dígitos anuales observados en períodos previos.

No obstante, la economía real exhibe una marcada dualidad. Mientras los sectores vinculados a recursos naturales —como energía y agroindustria— mantienen una dinámica expansiva, la industria manufacturera y las actividades asociadas al consumo masivo continúan operando con altos niveles de capacidad ociosa. A ello se suman la pérdida de competitividad por el encarecimiento en dólares y una mayor apertura importadora, factores que generan preocupación en el entramado siderúrgico.

En este escenario, el repunte del acero crudo aparece como una señal positiva, aunque insuficiente para disipar los riesgos estructurales que enfrenta el sector en el corto y mediano plazo.

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