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Caen 1.8% ingresos presupuestarios del sector público; Suman $3.55 billones de pesos

3 de julio de 2026.- De enero a mayo de 2026 los ingresos presupuestarios del sector público sumaron 3.55 billones de pesos, una caída real de 1.8% anual, la más profunda desde 2020 (-3.1%).

Con esto, se rompe una racha de cinco años consecutivos de crecimiento en periodos iguales. La recaudación alcanzó un avance de 95.9% frente a lo programado para el periodo, es decir 151.5 mil millones por debajo de lo previsto en el PEF 2026.

La recaudación tributaria cayó 1.4% real, a 2.48 billones de pesos, con un avance de 97.3% respecto a lo programado. Al interior, la composición se movió del ISR hacia los impuestos al consumo. El ISR pasó de 56.9% de los ingresos tributarios en 2025 a 54.3% en 2026, mientras la proporción del IVA subió de 27.1% a 28.4% y el IEPS de 11.1% a 12.1%.

Medidos contra los ingresos presupuestarios totales, el ISR representó 37.8% (bajando desde 39.5% en 2025), el IVA 19.8% (subiendo desde 18.8%) y el IEPS 8.4% (subiendo desde 7.7%).

Los ingresos por ISR se contrajeron 5.8% real, a 1.35 billones, con un avance de 94.9% frente a lo programado. Es la mayor caída dentro entre los rubros de recaudación de este periodo y la más pronunciada del ISR desde 2009, e interrumpe el crecimiento del año anterior. Esto se observa a la par de los datos de la ENOE de mayo, donde señala que el empleo formal creció apenas 0.1% anual y en el acumulado de 2026 se perdieron 343 mil plazas formales, compensadas por 370 mil informales. La debilidad del empleo formal representa un riesgo a la baja para la recaudación del ISR.

Como contrapeso, el ingreso por IVA aumentó 3.3% real, a 703.4 mil millones, con un avance de 107.3% frente a lo programado, el único rubro mayor que superó su meta y encadena tres años consecutivos de crecimiento real para el periodo.

El ingreso por IEPS creció 6.9% real, a 298.8 mil millones, con su componente distinto de combustibles1 subiendo 9.3%, mientras que el IEPS

IEPS distinto a combustibles grava productos no esenciales y dañinos: bebidas saborizadas, alimentos de alta densidad calórica, bebidas alcohólicas, tabacos labrados, plaguicidas, juegos y sorteos, entre otros.

ISR IVA IEPS

A combustibles aumentó 5.4% real pese a los estímulos fiscales sobre la gasolina que se vieron reflejados de marzo a mayo.

Los impuestos a las importaciones aumentaron 3.1% real, a 74.2 mil millones, con un avance de 74.4% con respecto a lo programado para el periodo, su tercer año consecutivo de aumento.

Los ingresos petroleros sumaron 380.8 mil millones, una caída de 3.2% real y un avance de 76.1% frente al programa, el menor de todos los rubros, y su segundo año consecutivo de caída para el periodo. La plataforma de exportación cayó 41.6% anual, a 402.7 miles de barriles diarios, mientras el precio de la mezcla promedió 72.7 dólares por barril, 12.9% arriba del año previo. La caída del volumen exportado explica el retroceso pese al mayor precio. Dentro del petróleo, los ingresos del Gobierno Federal cayeron 13.5% real, a 99.0 mil millones, mientras los ingresos propios de Pemex crecieron 1.0% real, a 281.8 mil millones. El Gobierno capta una porción cada vez menor de la renta petrolera.

Los ingresos no tributarios cayeron 11.5% real, a 197.2 mil millones, explicada por menores aprovechamientos. A pesar de esto, muestran un avance de 117.9% con respecto a lo programado para el periodo. Los ingresos propios del IMSS aumentaron 2.6% real, a 277.2 mil millones, y los del ISSSTE 3.7%, apoyados más en mayores salarios que en la generación de empleo, dado que el empleo formal se mantuvo estancado en el periodo. Los de la CFE crecieron 0.6% real respecto al mismo periodo del 2025.

Gasto Neto del Sector Público

El gasto neto pagado, que es el total de las erogaciones del sector público presupuestario, ascendió a 3.97 billones de pesos, un aumento real de 2.3% anual, con un avance de 90.5% frente a lo programado. Los ingresos cubrieron 89.5% de este gasto, y la diferencia, un déficit de 418.7 mil millones equivalente a 1.18% del PIB, se financió con deuda.

El gasto programable, el cual incluye el gasto de bienes y servicios públicos, así como la operación de las dependencias y entidades (servicios personales, inversión, subsidios y transferencias), aumentó 4.3% real, a 2.85 billones, con un avance de 90.3%. El gasto corriente creció 8.2% real, a 2.45 billones. Dentro de este rubro, los servicios personales aumentaron 8.8% real, a 743.0 mil millones, equivalentes a 20.9% de los ingresos presupuestarios y 18.7% del gasto neto, y los subsidios y transferencias 18.6% real, a 737.1 mil millones, equivalentes a 20.7% de los ingresos y 18.6% del gasto (Figura 3). El gasto de capital cayó 14.5% real, a 396.4 mil millones, su segunda caída consecutiva anual en este periodo.

Por su parte, la inversión física se ubicó en 299.2 mil millones de pesos, una caída de 17.3% real y su segundo año consecutivo de retroceso para un periodo enero-mayo, aunque mostrando una desaceleración respecto a 2025 (-29.1%).

Las pensiones y jubilaciones sumaron 693.3 mil millones, un aumento de 6.3% real con una aceleración con respecto al año previo, equivalentes a 19.5% de los ingresos presupuestarios, su mayor proporción en registro, y 17.4% del gasto neto, frente a 18.0% y 16.8% un año antes respectivamente. Es un gasto rígido que responde a decisiones de política con efecto estructural y que reduce el margen para el resto del presupuesto.

Gasto no programable

El gasto no programable agrupa las obligaciones ineludibles que no financian directamente a los bienes y servicios, como el costo financiero de la deuda, las participaciones a estados y municipios y los adeudos de ejercicios fiscales anteriores (ADEFAS). En el periodo enero-mayo, este gasto disminuyó 2.4% real, a 1.13 billones. El costo financiero de la deuda se ubicó en 433.8 mil millones, mostrando una caída de 9.6% real, por lo que muestra un avance de solamente 83.5% frente al programa, equivalente a 12.2% de los ingresos presupuestarios y 10.9% del gasto neto. Las participaciones a estados y municipios cayeron 3.0% real, a 630.2 mil millones, equivalentes a 17.7% de los ingresos presupuestarios, por la caída de 3.1% en la recaudación federal participable.

La disminución del rubro del gasto no programable se explica por los últimos dos componentes (costo financiero de la deuda y participaciones). Sin embargo, la caída del gasto no programable reduce la presión de corto plazo, pero no cambia la rigidez del presupuesto. El único alivio real en el corto plazo, es la disminución del costo financiero, lo que se debe a la apreciación del peso respecto al mismo periodo del 2025, la disminución de tasas de interés y las operaciones de refinanciamiento para mejorar el perfil de vencimientos de deuda. Sin embargo, los niveles de endeudamiento se mantienen elevados y eventos como depreciaciones del peso o presiones inflacionarias que obliguen a incrementos de la tasa de interés, podrían revertir la disminución hasta ahora observada del costo financiero de la deuda.

Estructura por ramos y entidades

Por dependencia, el gasto se concentró en los ramos de bienestar. El ramo de Bienestar ejerció 316.6 mil millones, un crecimiento de 12.1% real, equivalentes a 8.9% de los ingresos presupuestarios y 8.0% del gasto neto. Educación Pública creció 28.7% real, a 247.9 mil millones, el mayor incremento en registro de este ramo. Las Aportaciones a Seguridad Social aumentaron 3.6% real, a 702.3 mil millones.

Los ramos administrativos crecieron 9.6% real en conjunto, con un avance de 83.4% frente al programa,

y los ramos autónomos cayeron 14.7% real. Esto implica que el crecimiento del gasto se concentra en transferencias sociales y pensiones, que son compromisos recurrentes y difíciles de revertir, por lo que comprometen el presupuesto de los años siguientes y dejan menos espacio de ajuste.

Entre las entidades, el IMSS ejerció 621.8 mil millones, un aumento de 15.3% real, y el ISSSTE 233.2 mil millones, 1.1% real, por la presión del gasto en pensiones y salud. Pemex ejerció 184.1 mil millones, una caída de 24.5% real, la mayor para el periodo desde 2016 (-27.4%) y su segundo año consecutivo de contracción, con un avance de 79.0% frente a su programa, equivalente a 5.2% de los ingresos presupuestarios y 4.6% del gasto neto. El gasto de la CFE cayó 15.1% real. El ajuste del gasto se concentró en el sector energético.

Clasificación funcional

Por función, el gasto en desarrollo social aumentó 13.1% real, a 2.09 billones de pesos. Dentro de este rubro, el gasto en educación creció 21.0% real, a 504.2 mil millones de pesos, el mayor incremento registrado para un periodo de enero-mayo. El gasto en salud aumentó 20.9% real, a 385.5 mil millones de pesos, mientras que el destinado a protección social, donde se registran las pensiones, creció 8.6% real, a 1.02 billones, equivalente a 28.8% de los ingresos presupuestarios. Por su parte, el gasto en desarrollo económico cayó 17.2% real, a 579.8 mil millones de pesos, su segundo año consecutivo de contracción, aunque mostrando una desaceleración. Al interior, todos sus rubros registraron caídas, con excepción de asuntos económicos, comerciales y laborales en general (50.5% de crecimiento real), mientras que las mayores disminuciones.

Composicón del gasto por clasificación funcional como porcentaje del ingreso presupuestario.

Gobierno Social Económico

se observaron en combustibles y energía (-19.4%), comunicaciones (-31.9%) y transporte (-31.8%).

Medido como porcentaje de los ingresos presupuestarios, el gasto en desarrollo social incrementó su participación de 51.0% a 58.7% entre enero-mayo de 2025 y el mismo periodo de 2026. En contraste, el gasto en desarrollo económico disminuyó de 19.3% a 16.3% su menor proporción desde 2007 (inicio de la serie comparable), mientras que el destinado a funciones de gobierno permaneció en 4.8%.

Inversión física

Por su parte, la inversión física se ubicó en 299.2 mil millones de pesos, una caída de 17.3% real y enero-mayo, aunque mostrando una desaceleración respecto a 2025 (-29.1%). El gasto en inversión física fue equivalente a 8.4% de los ingresos presupuestarios y a 7.5% del gasto neto. Como porcentaje de los ingresos presupuestarios, la inversión física destinada al desarrollo social incrementó su participación de 36.4% en enero-mayo de 2025 a 52.2% en el mismo periodo de 2026. En contraste, la destinada al desarrollo económico disminuyó de 61.2% a 44.2%, mientras que la correspondiente a funciones de gobierno aumentó de 2.4% a 3.6%.

El recorte se concentró en el sector energético.

Al interior, la inversión en combustibles y energía cayó 42.2% real, mientras que la inversión física de Pemex disminuyó 45.7% real, a 77.2 mil millones de pesos, ambas siendo las caídas más profundas en registro para un periodo enero-mayo. Excluyendo a Pemex, la inversión física aumentó 1.0% real.

Asimismo, la inversión en transporte cayó 38.9% real. En contraste, la inversión en salud aumentó 196% real, a 19.1 mil millones de pesos, su mayor incremento en registro, aunque desde una base de comparación baja. El ajuste de la inversión pública continúa siendo el principal mecanismo de contención del gasto. En 2025, la inversión en infraestructura física cayó 28.3%, la mayor contracción en registro, y en 2026 el patrón de recorte se ha mantenido.

Balance Presupuestario y Deuda

El balance presupuestario registró un déficit de 418.7 mil millones de pesos, mientras que el balance público presentó un déficit de 391.3 mil millones, equivalente a 1.1% del PIB (tomando como referencia el PIB del primer trimestre de 2026 en precios corrientes). Por su parte, los Requerimientos Financieros del Sector Público ascendieron a 527.6 mil millones de pesos (1.5% del PIB). Con ello, el déficit presupuestario se ubicó en 61.1% de lo programado para el periodo, quedando 15.0 mil millones de pesos por debajo de lo esperado. Este resultado se explica porque, aunque los ingresos fueron 151.5 mil millones de pesos menores a lo previsto, el gasto se ejerció 417.8 mil millones por debajo del programa, principalmente por la caída de la inversión física.

La deuda bruta del sector público federal se ubicó en 20.16 billones de pesos en mayo, 140.6 mil millones más que en abril (0.70%), y 1.43 billones más que en mayo de 2025 (3.3% real). Es el mayor saldo nominal registrado y ha aumentado cada mes durante el último año. Representa 56.9% del PIB, tomando como referencia el PIB nominal del primer trimestre de 2026 (Figura 10). El Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros se ubicó en 50.6% del PIB, sumando 18.90 billones de pesos.

El déficit se financió principalmente con deuda interna de largo plazo. En el acumulado a mayo, el sector público federal colocó deuda interna neta por 342.2 mil millones de pesos, con un endeudamiento neto de largo plazo de 568.7 mil millones y una reducción de corto plazo de 226.4 mil millones. Por instrumento, las mayores colocaciones netas fueron Udibonos por 253.7 mil millones, y Bonos M a tasa fija, por 143.3 mil millones, mientras los Cetes se redujeron en 128.5 mil millones. En deuda externa, el Gobierno Federal aumentó su saldo neto en 14.6 mil millones de dólares, principalmente en mercado de capitales, en tanto las empresas públicas y la banca de desarrollo amortizaron deuda externa, por lo que a nivel de sector público el endeudamiento externo neto fue de 8.4 mil millones de dólares.

Sobre la trayectoria actual, la deuda bruta como proporción del PIB se aproxima al umbral de 60%, nivel a partir del cual aumenta la probabilidad de recortes adicionales de la calificación crediticia de la soberana, riesgo que podría materializarse entre 2026 y 2027. Pemex opera como pasivo contingente, es decir, una obligación que no forma parte de la deuda pública pero el gobierno tendría que asumir si la empresa no puede cubrir sus compromisos por sí sola. Se le denomina así porque su deuda es legalmente de la empresa y no del Gobierno Federal, pero como el Estado es su dueño y la ha respaldado de forma recurrente, el mercado la trata como una obligación implícita que podría trasladarse al presupuesto.

Perspectiva

El balance de las finanzas públicas a mayo de 2026 refleja varios factores que presionan la posición fiscal.

En los ingresos, la recaudación depende cada vez más del consumo. El IVA y el IEPS ganaron peso dentro de la recaudación mientras el ISR lo perdió, en un contexto de menor crecimiento económico.

Para 2026 se muestra información al mes de mayo, con el PIB del primer trimestre de 2026 más sensible al ciclo económico, ya que una desaceleración del consumo afectaría directamente a los dos impuestos que hoy sostienen el ingreso. Los ingresos petroleros añaden presión por la caída del volumen de exportación.

En el gasto, la estructura es cada vez más rígida. El gasto corriente, las pensiones, equivalentes a 19.5% de los ingresos presupuestarios, y los ramos de bienestar crecen, mientras la inversión física se recorta a un ritmo de 17.3% real. El ajuste recae sobre la inversión física y financiera, que sostiene el balance de corto plazo a costa de la capacidad productiva. El gasto corriente es difícil de recortar, por lo que el margen de ajuste por esa vía es limitado.

En la deuda, el saldo bruto marcó un nuevo máximo nominal. La proximidad al umbral de 60% del PIB mantiene abierto el riesgo de una revisión a la baja de la calificación crediticia entre 2026 y 2027.

En el frente externo, el 1 de julio de 2026 inició formalmente la revisión del T-MEC. Estados Unidos anunció que no renovará automáticamente el tratado y que optará por el mecanismo de revisiones anuales previsto en la cláusula de vigencia, que puede extenderse hasta por diez años, con lo que la definición se prolonga. La postura estadounidense se sustenta en su déficit comercial, en el que México es el tercer socio con mayor saldo a favor, 60,110 millones de dólares, equivalente a 20.31% del déficit total de Estados Unidos. La siguiente reunión, bilateral con México, quedó programada para la semana del 20 de julio, y lo más probable es que el proceso se extienda al menos hasta 2027, después de las elecciones intermedias estadounidenses de noviembre. Para las finanzas públicas, el riesgo dejó de ser un desenlace puntual y pasó a ser un periodo prolongado de incertidumbre. La economía es sensible a esa relación, ya que las exportaciones de bienes equivalen a 36.1% del PIB y 83.0% se dirige a Estados Unidos, de modo que las ventas a ese país representan cerca de 30% del PIB. Las exportaciones automotrices, uno de los principales productos, ya cayeron por los aranceles de 25%, y el equipo de cómputo que las desplazó depende del trato arancelario preferencial y de reglas de origen sujetas a esta revisión. La incertidumbre prolongada afecta la inversión y, por esa vía, el crecimiento y la recaudación fiscal a futuro.

Cabe señalar que uno de los objetivos principales de la administración de Trump es reducir el déficit comercial con México, su principal socio comercial. Ante esto, es importante recordar la hipótesis de los déficits gemelos, que plantea que el déficit comercial de un país está relacionado con su déficit público.

Bajo este enfoque, cuando el gobierno gasta más de lo que recauda y el ahorro interno es insuficiente, parte de ese exceso de gasto se cubre con importaciones, por lo que el déficit fiscal tiende a reflejarse en un déficit comercial. En ese sentido, el déficit comercial de Estados Unidos respondería principalmente a sus propios desequilibrios fiscales y de ahorro, más que a las prácticas comerciales de sus socios. Por ello, medidas dirigidas a reducir el déficit bilateral con México difícilmente resolverían el problema de forma permanente mientras no exista un ajuste en las finanzas públicas estadounidenses. Esto sugiere que la presión comercial sobre México podría mantenerse. Para las finanzas públicas mexicanas, el riesgo es indirecto. Cualquier medida que reduzca las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos o sustituya parte de ellas por importaciones estadounidenses disminuiría la actividad económica en México y, con ello, la recaudación tributaria, en un contexto en el que los ingresos públicos ya se ubican por debajo de lo programado.

 

 

Reportacero

 

 

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