Cada vehículo Ford vendido en México contribuye a financiar una red de 215 escuelas
Ciudad de México. La compra de un vehículo Ford o Lincoln en México no solo representa una decisión de movilidad, sino también una aportación directa al fortalecimiento de la educación pública. Desde hace 60 años, cada unidad comercializada por la marca y su red de distribuidores contribuye a financiar la construcción, mantenimiento y conservación de las Escuelas Ford, una iniciativa que suma 215 planteles en el país.
De acuerdo con la empresa, este modelo de responsabilidad social ha permitido beneficiar a más de 1.7 millones de estudiantes graduados y consolidar una red educativa que, según la compañía, ha atendido al equivalente del 1.3% de la población mexicana.
El esquema funciona mediante un fondo alimentado por aportaciones iguales de Ford de México y del distribuidor que realiza cada venta de un vehículo Ford o Lincoln. Los recursos se destinan tanto a la creación de nuevos espacios educativos como a la conservación y modernización de los ya existentes.
«Queremos que cada usuario de Ford y Lincoln sienta el orgullo de saber que su elección está respaldada por una marca y una red comercial profundamente comprometidas con el futuro de México. Que su compra ha cambiado la vida de 1.7 millones de estudiantes graduados de las Escuelas Ford», afirmó Lucien Pinto, presidente y CEO de Ford de México, Puerto Rico, Centroamérica y el Caribe.
La automotriz destacó que, a diferencia de otros programas sociales con duración limitada, el fondo se mantiene activo de forma permanente gracias a las ventas de vehículos, lo que permite garantizar el mantenimiento continuo de los planteles.
Los distribuidores desempeñan un papel central en el programa, ya que supervisan la aplicación de los recursos en sus comunidades, impulsando obras de conservación, mejoras de infraestructura y una relación cercana con directivos escolares y familias.
Ford señaló que el fondo continúa fortaleciéndose con cada vehículo vendido, lo que permitirá ampliar la cobertura de la red educativa hacia nuevas comunidades, al tiempo que preserva las escuelas construidas desde el inicio del programa en 1966.
Con esta iniciativa, la compañía busca combinar su actividad comercial con un modelo de inversión social de largo plazo, en el que cada automóvil comercializado también contribuye al desarrollo educativo de miles de estudiantes en México.