Colaborador Invitado

Más Norteamérica y más mundo 

Antonio Bujdud

Hace algunos días asistí a una cena en el Consulado de Francia en Monterrey, con motivo de los 200 años de relaciones diplomáticas entre ambos países. Doscientos años de relación entre México y Francia son una buena razón para celebrar, pero también para preguntarnos cuánto más podemos construir.

Durante el encuentro conversé con el cónsul, quien recordó que el primer vínculo formal entre ambos países, en 1826, tuvo precisamente un componente comercial. Dos siglos después, esa coincidencia histórica parece cobrar especial relevancia.

De acuerdo con la Dirección General del Tesoro de Francia, el comercio bilateral alcanzó en 2025 los €7,000 millones, un crecimiento de 2.5% respecto de 2024. Francia es el cuarto socio comercial europeo de México, después de Alemania, España e Italia, mientras que México es el segundo socio de Francia en América Latina, después de Brasil. Sin embargo, Francia representa apenas alrededor de 0.5% del comercio exterior mexicano.

La relación es importante, pero el margen para crecer es todavía amplio. Los puentes están construidos; hace falta cruzarlos.

Hoy existen más de 700 empresas francesas en México, que generan alrededor de 180,000 empleos y tienen presencia en sectores tan diversos como el aeroespacial, automotriz, energético, tecnológico, infraestructura y consumo.

El siguiente paso debería ser pasar de empresas instaladas a cadenas integradas. No se trata solamente de atraer inversión y lograr que nuevas compañías se establezcan en México. También es necesario fortalecer a los proveedores nacionales, desarrollar capacidades y construir cadenas de suministro más sólidas.

Recientemente, la Secretaría de Economía planteó precisamente la necesidad de incrementar la participación de proveedores mexicanos en las cadenas de las empresas francesas instaladas en nuestro país. El mensaje es importante: no basta con atraer inversión; se tienen que generar encadenamientos.

Estados Unidos seguirá siendo nuestro principal socio comercial, y la integración de Norteamérica es una de las mayores fortalezas de la economía mexicana. Pero una economía como la nuestra tampoco debería pensar en términos de un solo destino. Necesitamos más Norteamérica y más mundo.

Francia puede ser un puente hacia Europa, pero también un socio en tecnología, industria, innovación, infraestructura y capital. Empresas mexicanas ya tienen presencia en Francia y pueden utilizar ese mercado como plataforma hacia Europa.

En un momento en que México está replanteando sus cadenas de suministro y su política industrial, diversificar nuestras relaciones económicas adquiere una relevancia todavía mayor.

Doscientos años después de aquel primer acercamiento comercial, quizá la mejor manera de celebrar la relación México-Francia no sea solamente mirar lo que hemos construido, debemos preguntarnos qué otros puentes podemos construir.

Porque diversificar no significa alejarnos de nuestros socios tradicionales. Significa tener más opciones para crecer.

México necesita más Norteamérica, pero también necesita más mundo.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Mira también
Cerrar
Botón volver arriba