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Urge IDIC Pacto por el Crecimiento de México

13 de junio de 2014.- Un aspecto estratégico y de seguridad nacional a cubrir, sobre todo considerando que México vive una desaceleración económica que se ha prolongado por casi dos años, es evitar que la misma destruya las capacidades potenciales de su sistema productivo.

Dentro de los yerros cometidos en la década de los años ochenta, se encuentra el ajuste estructural aplicado que sacrificó a la inversión tanto la pública como privada. En el primer caso la inversión promedió una contracción anual de (-)5% en tanto que la parte privada lo hizo en (-) 0.1%. Con ello la llamada década pérdida generó un enorme rezago en construcción y en la renovación de la maquinaria y equipo con la que contaban las empresas.

Los efectos que ello tuvo sobre el resto de la economía se observan en la pérdida de productividad y competitividad que el país registró, así como en la precarización del mercado laboral y con ello en el bienestar de la población.

Durante los años noventa, la situación se modificó parcialmente, básicamente porque la inversión privada se encargó de resarcir la contracción que el sector público registró en materia de inversión. La renovación de maquinaria y equipo que las empresas realizaron estuvo fuertemente vinculada con la industria de las manufacturas, situación que permitió el fortalecimiento del aparato exportador pero que también tuvo su límite cuando este último privilegió a una industria maquiladora, que no fue capaz de enfrentar la competencia de países con bajos costos laborales, como China, que emergieron en los albores del nuevo milenio.

Si bien la inversión total se incrementó durante la primera década del nuevo siglo (2.5% en promedio anual) y que ello se dio de manera homogénea entre la parte pública y privada, no puede soslayarse que el aumento fue modesto para un país que venía de dos décadas en donde la infraestructura y su renovación de maquinaria no habían tenido un buen desempeño.

Además, la fase positiva que se observó en materia de edificación de vivienda, gestó una crisis que ha llevado cerca de la quiebra a 3 de sus principales empresas.

Con ello, el inició de la segunda década del siglo XXI manifestó una nueva contracción en materia de inversión pública, principalmente en construcción, y dejó al sector privado la responsabilidad de renovar la infraestructura y maquinaria de México.

Evidentemente que ello no es fácil cuando las empresas enfrentan impuestos que afectan su capacidad de inversión. La creación de impuestos como el IETU y el IDE no fue algo favorable para mejorar el entorno descrito. Los nuevos impuestos mejoraron los ingresos del sector público, pero lo hicieron a costa de la inversión privada y con ello de la capacidad productiva de largo plazo de México.

Evidentemente que lo anterior ha tenido un efecto sobre la creación de empleo formal.

Con la aprobación de la reforma hacendaria, se dio un nuevo paso para intentar fortalecer las finanzas públicas del gobierno federal, y su capacidad de gasto.

Durante el primer trimestre, la mayor recaudación, junto con el incremento de la deuda pública, se tradujo en la elevación del gasto total y de manera particular de la inversión pública, sin embargo en el mismo periodo la economía solamente creció en 1.8%.

Parte del problema es el freno que tuvo la inversión privada, particularmente la nacional y la que está avocada al mercado interno. Básicamente se ha presentado lo que en economía se conoce como “Crowding out” y que significa el desplazamiento de la inversión privada por parte de la pública. En otras palabras la segunda crece porque la primera disminuye. El problema es que esto merma la capacidad potencial del sistema productivo mexicano.

La caída en la inversión privada tiene efectos de largo plazo sobre el PIB potencial del país: reduce la productividad de las empresas y con ello la posibilidad de competir exitosamente en los mercados interno e internacional. Esto es una historia ya conocida, de acuerdo al Programa Nacional de Financiamiento para el Desarrollo 2002-2006 (Pronafide) a principios de la década de los años setenta el crecimiento anual del PIB potencial superaba el 6%.

Sin embargo, como resultado de una década de gasto público improductivo, sustentado con endeudamiento, y de una falta de coordinación entre las políticas públicas y las estrategias del sector privado, para principios de los años ochenta, el ritmo de crecimiento del PIB potencial solamente alcanzó un 4% anual.

La crisis de la deuda, el aumento de impuestos y las restricciones a la inversión pública y privada, provocaron que para principios de los años noventa el PIB potencial solamente aumentara a ritmos de un 2.2% anual. El aceleramiento de la inversión privada de los años noventa permitió que para el inicio del nuevo milenio el incremento del PIB potencial se ubicara en una cifra superior al 3% anual.

Lamentablemente, el estancamiento económico del periodo 2001-2003, la crisis del 2009 y el nuevo estancamiento del 2013 permiten estimar que el PIB potencial tiene una tasa de crecimiento de 2.6%.

Todo ello es fruto del freno a la inversión privada, fundamentalmente a la parte nacional, la más importante de la economía mexicana.

No puede dejarse de lado el hecho que, desde 1990 la inversión en maquinaria y equipo realizada por las industrias de la manufactura ha sido importante para el crecimiento industrial. De igual manera, la manufactura es esencial para el sector exportador. Por tanto no se debe permitir una afectación a su ritmo de inversión, de otra manera, se corre el riesgo de que el PIB potencial siga disminuyendo su ritmo de crecimiento.

Como ya ocurre en el sector de la construcción y en la minería. Las cifras preliminares reflejan que la capacidad potencial del sector industrial ha comenzado a disminuir y por ello hay la apariencia de que el ciclo económico comienza a mejorar: la producción observada comienza a converger al potencial, sin embargo ello no acontece porque el sector crezca vigorosamente, sino porque su débil desempeño se asemeja a la pérdida de capacidad productiva de la maquinaria, equipo y construcción ya instalada, que además convive con una debilidad en la contratación de personal, particularmente del más calificado.

Se confía en que las reformas estructurales, particularmente la energética permitirán alcanzar una capacidad potencial que tenga un crecimiento del 5% al final de la presente administración. El problema es que ello depende de que la inversión privada no disminuya, que por el contrario se incremente, así como también, de que el gasto de gobierno sea realmente productivo.

Además se tiene la condicionante de que, la inversión esperada por las reformas, no llega a todos los sectores y cadenas productivas que han disminuido su ritmo de inversión, y que no recibirán los beneficios de las reformas sino hasta dentro de 3 o 5 años, un tiempo demasiado largo para quienes hoy enfrentan problemas económicos.

Es tiempo de un Pacto por el Crecimiento de México que revierta la tendencia de la pérdida de capacidades productivas que se vive en algunos sectores nacionales.

Actividad industrial en México

La actividad industrial registrada en abril presentó una marcada desaceleración en su ritmo anual de crecimiento, pasando de 3.8% en marzo a -0.6% en abril, siendo esta cifra la más baja desde noviembre de 2013, donde se dio un retroceso del (-) 1%.

El resultado de abril se dio por la baja en todos sus componentes, excepto por la generación de electricidad y suministro de agua y gas que tuvo un avance de 1.6%.

El sector de la construcción continúa siendo la principal causa de estos resultados, durante 17 meses ha mostrado tasas negativas de crecimiento, siendo de (-) 2.6% para el mes de abril. Para el caso de la minería y manufacturas mostraron una disminución de (-) 0.1%.

Debe resaltarse que a pesar de la reducción en la tasa de crecimiento del sector industrial, su tendencia y ciclo económico manifestaron una evolución positiva. La razón de lo anterior es atribuible a dos factores:

• Una reducción de las variaciones negativas: se siguen presentando contracciones en la actividad industrial pero se ha moderado su ritmo de desaceleración.

• La capacidad potencial del sector aumentó a un ritmo inferior a que se tenía en meses previos. Esto último implica un significado adverso: la acumulación de maquinaria y equipo, de infraestructura y de capital humano aumenta más lentamente. Ello hace que, en apariencia, la producción observada sea similar a la capacidad potencial de las empresas. Sin embargo esto es producto de que la inversión de las mismas se ha detenido y que están utilizando su capacidad ya instalada, lo cual solo es positivo en la coyuntura, en el largo plazo lo único que eleva la productividad es que la capacidad potencial aumente por medio de nuevas inversiones, algo que de momento no ocurre.

Como resultado se tiene que su avance es favorable pero aún insuficiente para superar el prolongado estancamiento en que se encuentra desde mayo del 2012.

Además puede puntualizarse que desde diciembre de dicho año el promedio de crecimiento de las tasas anuales es (-) 0.3%. Solamente en 7 ocasiones se han tenido variaciones positivas, pero en donde cinco de ellas han sido menores al 1%. En dicho periodo de tiempo únicamente resalta el crecimiento de abril del 2013 con 2.7% de avance y el correspondiente a marzo del presente año: 3.8%.

En lo que se refiere a manufacturas debe resaltarse que este sector no presentaba resultados negativos desde hace diez meses y los subsectores que lo componen presentan en su mayoría retrocesos significativos. Probablemente ello se deba al factor estacional del mes de abril el cual tuvo a la Semana Santa y con ello a menos días laborales.

De los 20 sectores que componen la industria manufacturera, solo 5 mostraron avances en su desempeño: Transporte (9.2%), Impresión (3.8%), Metálicas básicas (2.3%), Bebidas y tabaco (2.3%) y Productos metálicos (0.4%), mientras que los 15 restantes tuvieron tasas negativas, siendo la industria textil y la maquinaria y equipo en donde se presentaron las disminuciones más importantes: Plástico y del hule (-0.1%), Derivados del petróleo y carbón (-0.3%), Alimentos (-0.5%), Madera (-0.9%), Productos a base de minerales no metálicos (-1.0%), Equipo eléctrico (-2.5%), Papel (-2.8%), Equipo de computación y electrónicos (-3.8%), Química (-5.5%), Muebles (-6.8%).

Manufacturas Total

Maquinaria y equipo (-7.3%), Productos textiles (-8.0%), Cuero y piel (-9.1%), Vestido (-11.5%), Insumos y acabado de textiles (-11.8 %).

En lo que se refiere al sector de la construcción, todos sus subsectores se encuentran a la baja. El peor desempeño lo tuvo la rama de obras de ingeniería civil con un retroceso del (-) 6.2%, seguido de edificación y trabajos especializados con caídas de (-) 1.6% y (-) 1.3%, respectivamente.

Con respecto a estos resultados, cabe la duda sobre cuál ha sido el impacto del mayor gasto de gobierno ejercido durante los últimos meses en un sector fundamental para el crecimiento económico del país. Ello debe resolverse para asegurar que se cumpla con las expectativas positivas que existen en torno al Programa Nacional de Infraestructura 2014-2018 presentado durante el mes de abril.

El ciclo de la construcción muestra un desempeño positivo, sin embargo ello es atribuible a la contracción que manifiesta su capacidad potencial (gráfica 1): la falta de inversión en el sector ya afecta, de manera estructural, el nivel de producción que puede alcanzar y con ello le resta competitividad y limita el efecto positivo que en los siguientes años tendrá sobre la economía en su conjunto.

El límite del sector externo.

Dentro de este contexto un aspecto que no se debe dejar de lado es el impacto que lo anterior tiene sobre el mercado laboral. La situación descrita se presentó en un  contexto en el que hubo un crecimiento importante en las exportaciones, sin embargo ello fue insuficiente para generar un mayor crecimiento de la actividad industrial. De hecho, conviven resultados de exportaciones y producción récord en el sector automotriz, con bajas ventas de automóviles y un débil consumo privado en el mercado nacional.

De esta manera, los resultados económicos muestran que una estrategia cimentada en el comercio internacional no es suficiente, en las actuales condiciones del sistema productivo nacional se necesita una estrategia diferente, basada en el fomento al desarrollo industrial y en la generación de servicios de alto valor agregado. Además, ello debe contribuir al incremento de las exportaciones y mejorar la posición en la balanza comercial, es necesario incrementar la producción realizada en México.

Lo anterior además refleja que, si bien la coyuntura de Estados Unidos, principal socio comercial de México, ha permitido un incremento significativo en las exportaciones, particularmente las del sector automotriz, sus beneficios no se están trasladando a toda la actividad productiva.

En la industria automotriz, como ya se señaló, se ha presentado un avance histórico en su producción, no obstante este mismo ha sido en su mayor parte para el mercado externo, imponiendo incluso un dato récord en las exportaciones de estos bienes. Sin embargo, en la parte interna, sus niveles de venta son similares a los alcanzados durante la crisis de 2009.

Al revisar las importaciones, se hace evidente la menor inversión que realizan las empresas en México así como la merma en el consumo de los hogares: se registró un retroceso en las importaciones de bienes de capital, disminución en el consumo de (-) 7%, donde solo incrementó el componente de bienes de uso intermedio, aunque marginalmente: 0.72%.

La caída en las importaciones de bienes de capital en abril anuncia que la inversión mantendrá un ritmo de evolución modesto. Para marzo, el crecimiento de la inversión fija bruta fue bajo (1.7% a tasa anual), lo cual es insuficiente para compensar lo perdido en periodos anteriores, así por ejemplo en el último año solo durante tres meses se han dado tasas positivas: abril y diciembre de 2013 y marzo de 2014.

Esta situación es preocupante, durante marzo el avance de la inversión se dio en maquinaria y equipo importada, 13.7%, la inversión realizada en maquinaria y equipo nacional disminuyó en (-) 2.4% con lo cual la tendencia de la misma es negativa. Además, del resultado de actividad industrial antes citado se puede inferir que el sector construcción suma 17 meses consecutivos a la baja.

Conclusiones

Lo descrito incide en el crecimiento económico de México: insuficiente para contrarrestar la debilidad que le ha caracterizado durante los últimos 30 años e incluso para cumplir con la expectativa oficial del 2.7% en 2014. Además, el anuncio de Banco de México de recortar su tasa de interés, pone en evidencia que su ajuste al pronóstico de crecimiento (entre 2.3% y 3.3%) fue  demasiado optimista. Por tanto es necesario buscar una nueva estrategia para impulsar el crecimiento de México, que complemente a las reformas estructurales.

La inversión privada nacional es el camino, evitar cometer el error de las décadas pasadas es fundamental. Aumentar el gasto público en función de mayor deuda pública y de menor inversión privada, mermó la capacidad potencial del país. Es momento de un Acuerdo por el Crecimiento Económico, de un pacto con objetivos productivos entre el sector público y el privado.

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