El papel del acero en la economía circular de América Latina
Por Francisco Leal
La evolución de la economía global ha sido dominada por un modelo linear de producción y consumo: los bienes son fabricados a partir de materias primas, comercializados, usados y luego descartados como residuo. En la práctica, esos residuos no son más que consecuencia de la falta de planificación y de un modelo de pensamiento correcto.
Desde mediados del siglo XX, la rápida aceleración de las economías consumidoras y extractivas resultó en un crecimiento exponencial de consecuencias negativas. La productividad global de materiales comenzó a disminuir hacia el año 2000 debido a un cambio en la participación de la producción mundial de economías altamente productivas con relación a economías menos productivas. Al mismo tiempo, el uso de recursos materiales globales no ha dejado de crecer y puede llegar a ser más que doble de lo actual para el 2050, como apuntan datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Según datos de la organización de investigación en políticas públicas Brookings, la clase media va a crecer más que el doble de su tamaño, llegando a casi 5 mil millones en 2030, y ya con un 60% de los ecosistemas del mundo degradados o insostenibles, existe una gran probabilidad de que las consecuencias se agraven aún más. En este escenario, trabajar en busca de eficiencia como solución no es suficiente para transformar la naturaleza finita de los materiales, ya que sólo pospondrá lo inevitable. Es por eso que varios líderes mundiales ya se dieron cuenta de los beneficios potenciales de la economía circular.
La economía circular es un sistema regenerativo en el que los materiales vuelven a la cadena de valor para su reutilización, resultando en menos consumo de energía y recursos. Al final tiene como objetivo generar un beneficio económico. Este modelo aborda desafíos relacionados con la economia de recursos para los negocios y las personas, y puede generar crecimiento, crear empleos y reducir los impactos ambientales, incluyendo las emisiones de carbono.
La chatarra, por ejemplo, se suele considerar como desperdicio, pero para la industria del acero, que posee un valor intrínseco económico, social y ambiental por permitir actividades de alto valor agregado, es materia prima fundamental. Además, la economía circular también incluye la reutilización de productos de acero después de su fabricación, comercialización y uso. Aunque el ciclo de vida del acero parte desde la extracción de materias primas e insumos de la naturaleza, cada vez más la chatarra de acero, producida a partir del reciclaje.
En Ecuador, la chatarra ya es el material más reciclado y la industria siderúrgica es la mayor recicladora. La innovación tecnológica permitió la creación de una red de microempresarios para el suministro de chatarra, garantizando el abasto y generando negocios inclusivos. Este plan ha sido posible para ayudar a los recicladores, que actúan como proveedores y a los vecinos que forman parte de la comunidad y contribuyen al cuidado del medio ambiente.
La economía circular inspira una visión de negocio diferenciada en la siderurgia: el reciclaje es fuente de valor, ya que ayuda a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y transforma residuos en material valioso para otros propósitos, además de crear oportunidades de desarrollo. Además de sus evidentes beneficios, su implementación implica nuevos retos en ciertas áreas que componen la cadena de valor del acero, por ejemplo, uno de los grandes desafíos de la economía circular es la logística inversa para regresar la chatarra de nuevo al proceso de fundición del acero.
El mayor facilitador de la implementación circular es la rápida evolución de la tecnología, incluyendo las soluciones digitales que permiten una comunicación mejor y más transparente entre empresas y consumidores. Un buen ejemplo es Novared, la empresa ecuatoriana que desde 2016 utiliza nuevas tecnologías para integrar pequeños recicladores y que hoy emplea a más de 5 mil personas de manera indirecta. En esta cuestión de ejemplos de logística inversa, tenemos también a Gerdau en Brasil que es la recicladora más grande de América Latina y es referencia de compra y procesamiento de chatarra ferrosa con más de 100 años trabajando en este mercado.
Otro ejemplo es la aplicación Cataki, que conecta recolectores con generadores de residuos en todo Brasil. La iniciativa tiene actualmente 1400 registrados en 200 municipios brasileños, que prestan un servicio para la comunidad y para los ayuntamientos, destinando materiales a un lugar más adecuado. Todavía aún hay mucho trabajo por hacer, ya que hay cerca de 800 mil recolectores que actualmente recogen alrededor del 90% de todo lo que se recicla en el país.
A medida que la necesidad de un nuevo modelo económico basado en el pensamiento sistémico se vuelve cada vez más evidente, una alineación favorable de factores sociales y tecnológicos sin precedentes puede habilitar la transición a una economía circular. Para promover en este cambio, hay que empezar ahora, trabajando colaborativamente, sea en la iniciativa pública o privada, pero con cada uno de nosotros haciendo su parte. Tenemos aún mucho por hacer.
*Francisco Leal es Director General de Alacero.