Economia y Politica

Seguir formando a jóvenes humildes, reto de Ayotzinapa

30 Sep 2019.- Más allá de lograr justicia por la desaparición de sus 43 estudiantes en 2014, la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa enfrenta hoy el reto de continuar formando a hijos de campesinos y personas de escasos recursos que buscan mejores condiciones de vida.

Así lo compartieron el enlace de prensa de la Normal, que se identificó como Iván, y los consejeros estudiantiles José González Orma y Carlos Santiago Santiago, quienes abrieron las puertas a Notimex para recorrer esta casa de estudios con 93 años de historia.

En el marco del quinto aniversario de la desaparición de los 43 alumnos, los jóvenes de Ayotzinapa (lugar de las tortugas) mantienen de forma permanente 43 bancas con las fotos de sus compañeros en medio de la cancha techada.

“Para nosotros, ellos siguen presentes y por ello mantenemos sus lugares aquí”, comparte Iván, quien invita a recorrer el recinto mientras los alumnos de primer grado se forman con rastrillos y escobas para iniciar la limpieza del lugar.

“Es parte de la formación que les damos a nuestros estudiantes. Desde primer grado tienen que hacerse disciplinados y por ello los ponemos a participar en el área de higiene”, explica al caminar hacia los salones.

Los estudiantes que ingresan a esta escuela son formados, no solo como normalistas, sino bajo cinco ejes fundamentales que les ayuden a hacer frente al contexto de muchos campesinos de escasos recursos.

Por ello, la formación de Ayotzinapa se basa en cinco ejes: académico, cultural, deportivo, producción y político, de manera que al egresar sean capaces de afrontar los retos de las comunidades alejadas y más necesitadas del país.

Dicha necesidad que ha llevado a los estudiantes a buscar un lugar de formación que los apoye se ha hecho evidente en Ayotzinapa, donde los pocos recursos han provocado que muchos de los proyectos que manejan se hagan en escalas y de forma accidentada.

Muestra de ello son los invernaderos que el gobierno les instaló en 2014, luego de la desaparición de los estudiantes. “Lo hicieron dizque para ayudarnos, pero luego de instalarlos ahí se quedaron. Ya no siguió el proyecto”, agrega Iván.

Resulta triste ver los invernaderos que comienzan a sufrir los efectos del tiempo, sin que puedan sembrarse los diferentes vegetales que deberían estar ahí.

Lo mismo ocurre con los dormitorios, de los cuales uno de los edificios resultó dañado por los sismos de 2017. “Nos mandaron la ayuda y luego dejaron la obra inconclusa porque se acabó el recurso”, agregó el enlace de prensa.

Como resultado, las obras de lo que se supone que serían los nuevos dormitorios se hallan en obra negra, con apenas los cimientos cementados y los castillos expuestos a merced del clima, por lo que comienzan a oxidarse.

En cuanto los dormitorios existentes, se aprecian las obras con estilos de construcción correspondiente a las décadas de 1960, 1970, 1980 y 1990, muy similares a las diferentes escuelas construidas en dichos años en la Ciudad de México.

En cada obra terminada, los estudiantes escriben en el piso de cemento el año en que fue construido, aunque por su diseño los edificios hablan por si solos, de manera que parecieran “parches” arquitectónicos con edificios parecidos a los de la Unidad Tlatelolco o las unidades de la CTM.

“Muchas veces tenemos que improvisar y buscar la manera de salir adelante porque los apoyos nunca nos llegan completos, pero eso la gente no lo ve y nos califican de flojos, revoltosos y delincuentes, cuando lo único que queremos hacer es salir adelante”, agregó.

Iván relató que con el aniversario de la desaparición de sus compañeros, la escuela recibió la visita de cerca de dos mil estudiantes de diferentes escuelas rurales, del Comité Central de Ayotzinapa, del Comité Nacional de Vigilancia, del Bloque Democrático, del Sutcobach y otros.

De ellos, cerca de mil 500 se quedaron todavía el viernes para participar en la marcha que realizaron en Iguala, Guerrero, por lo que “tuvimos que buscar qué darles de comer y cómo hospedarlos”.

Por esa razón, las aulas en las que se imparten los cuatro grados de formación fueron convertidos en dormitorios, y en los barandales se ven toallas, sábanas, cobijas y ropa de quienes temporalmente se albergan en el lugar.

En cuanto al material didáctico en el módulo de producción, Iván comparte que cuentan con 25 vacas, las cuales no estaban presentes durante el recorrido porque las llevaron a pastar, y 90 cerdos divididos en sementales para reproducción, crías y animales de engorda.

La misma falta de recursos ha propiciado que no se les pueda dar el cuidado adecuado, por lo que muchas veces las crías no crecen de manera regular.

Finalmente, Ivan llevó a Notimex al campo trasero, por donde pasa el río en el cual se encuentran las tortugas que le dan nombre al lugar, y en el que muchas veces sus alumnos de primer ingreso “se bañan cuando los castigamos por no respetar las normas de la escuela”.

Más adelante se aprecian las parcelas donde crecen las milpas y las flores de cempasúchil y flor de terciopelo, las cuales se cosechan para vender y obtener algunos ingresos.

Quienes se forman y vistan la Normal Rural de Ayotzinapa no solo se limitan a hacer marchas reclamando la aparición de sus 43 compañeros, sino que día a día tienen que enfrentar las precarias condiciones en las que viven para continuar la formación de sus alumnos y salir adelante.

(Notimex)

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