2019: un año desafiante para el acero latinoamericano
Por Francisco Leal
En retrospectiva de lo que fue un año difícil, empezamos este 2019 muy atentos a los impactos de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, y con una gran preocupación por el crecimiento desenfrenado en la región de las exportaciones de acero chino. Al mismo tiempo, como reflejo del ritmo de crecimiento del PIB con relación a los mercados globales, de los bajos niveles de consumo per cápita y de las barreras que obstaculizan el mercado siderúrgico de la región, la producción de aceros laminados comenzó el año con una baja mientras el acero crudo registró un ligero avance en ese primer mes.
El mercado siguió reflejando la desaceleración de la economía global en febrero y marzo, principalmente en los movimientos de la actividad económica general de la región, creciendo a un ritmo más lento. El debilitamiento de la economía mundial y la incertidumbre en torno a las políticas contribuyeron para reducir el ímpetu del crecimiento en América Latina. Cabe destacar el impacto para la región de las medidas americanas derivadas de la sección 232 atribuyendo perjuicios a nivel de su seguridad nacional.
Vimos algunos indicadores positivos al mes siguiente, pero con el escenario mundial aun influyendo negativamente en la industria. En un entorno de geografía económica cambiante, dado el gran déficit fiscal de EE.UU., la desaceleración en China y el inicio de una lenta recuperación en Europa, los flujos internacionales de capital cayeron a una fracción de lo que habían sido en la década anterior.
En mayo, las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China volvieron a hacerse evidentes, no solo porque afectaron a los productores de ambos países, sino también por su influencia en la balanza comercial de América Latina. Los factores macroeconómicos explicaron la mayoría de las variaciones en las balanzas comerciales bilaterales de estas dos grandes economías, mientras que la producción estaba cayendo en un gran número de países latinoamericanos. En este ambiente, el consumo interno y las exportaciones estaban manteniendo el crecimiento de la industria siderúrgica latinoamericana como era esperado. No obstante, el débil comercio global, el crecimiento regional de las exportaciones se recuperó, a pesar de ser impulsado por el desvío del comercio causado por las tarifas bilaterales emanadas de esta guerra Estados Unidos-China, además del sólido crecimiento norteamericano.
En un contexto de inflación moderada en América Latina, en el cual sus principales economías ya coqueteaban con la recesión, en julio era más evidente que los flujos comerciales globales habían sido afectados por una serie de nuevas restricciones identificadas por la OMC y que en ese momento continuaban en un máximo nivel histórico medido entre mediados de octubre de 2018 a mayo de 2019.
El consumo en junio suele ser más alto que mayo con una ligera recuperación, sin embargo, si comparamos las curvas de consumo en 2018 y 2019, la pendiente descendente fue más fuerte este año. En septiembre, la situación estaba mucho peor que en el mismo período del año anterior en consecuencia de los efectos combinados de exceso de capacidad y desindustrialización causada por la mencionada guerra comercial.
Las siderúrgicas de América Latina enfrentaron entonces un escenario oscuro con una desaceleración del crecimiento y aumento de los costos tras el alza de los precios del mineral de hierro en el primer semestre. Se hizo evidente que la región fue castigada por la desaceleración del consumo interno en China, y que se compensó en parte por las exportaciones. En contraparte la industria siderúrgica de China, responsable de más de la mitad del acero mundial, continuó su rápido ritmo de expansión.
La cautela de los fabricantes mundiales de acero se percibió aún más fuerte, marcada por la preocupación de los proveedores en las economías más grandes. Todas las delegaciones que asistieron al Comité de Acero de la OCDE expresaron preocupación por el problema planteado por China, que a pesar de la invitación no tenía delegados presentes.
La producción mundial de acero bruto disminuyó por primera vez en más de tres años en septiembre. En octubre, la producción de acero bruto en América Latina cedió a la coyuntura y alcanzó el peor indicador en 33 meses desde diciembre de 2016. La baja demanda hizo que muchas fábricas anticipasen las paradas de mantenimiento programadas.
Mientras Europa se vio inundada de importaciones de acero atribuidas a China, en los últimos dos años la presencia de productos chinos en América Latina creció 32% en las industrias automotriz y metalmecánica. La consecuencia de todo esto en los países desarrollados fue una erosión en el nivel de ingreso en su clase media y en los países de Latinoamérica se perdió capacidad industrial.
No por casualidad en el 2019 se logró una fuerte defensa del mercado regional, donde varias instituciones instaron a sus gobiernos respectivos a adoptar medidas específicas de protección. A pesar del impacto positivo, el Foro Global sobre el exceso de capacidad de acero, una iniciativa lanzada hace tres años por el G20 y otros países industrializados que ayudó a reducir la brecha entre la capacidad y la demanda global en 300 millones de toneladas, recibió una solicitud de disolución por parte de China.
Las reducciones de capacidad y las acciones concretas para remover las medidas gubernamentales que distorsionan el mercado del acero, incluyendo las materias primas, desafortunadamente, no han sido adecuadas hasta el momento. Las medidas de salvaguardia, inversiones y otros esfuerzos gubernamentales deben revisarse y llevarse a cabo teniendo en cuenta la negativa de China a participar en el debate destinado a encontrar soluciones a un problema que amenaza a la industria que es fundamental en todo el mundo.
Hasta 2011, América Latina logró crecer más que el resto del mundo. Pero cuando el ciclo de las commodities llegó a su fin, la región no encontró un nuevo ciclo de crecimiento, lo que llevó las economías a la primarización. Además de no reaccionar a la guerra comercial, la mayoría de los países latinoamericanos sufrieron una caída en la participación de la industria en el PIB muy por debajo del 25%. Con el aumento del gasto público, Latinoamérica ha tenido déficit fiscal y demandas sociales insustentables.
En un entorno en que el mundo está desarrollándose a menor ritmo, pero Brasil vuelve a crecer y en general América Latina experimenta un nuevo equilibrio con socios comerciales, esperamos que el déficit primario se acerque a la estabilidad y se concreten las perspectivas de reformas, mejoras en logística y administración estatal, para este 2020 el mensaje es que este macro escenario indica ser un problema, pero al mismo tiempo también una gran oportunidad.
*Francisco Leal es Director General de Alacero