Registra PIB en segundo trimestre mayor contracción en la historia.- Banco BASE
30 de julio de 2020.- Banco BASE dio a conocer hoy su Perspectiva Económica de México, luego de que se conociera la contracción de 17.3% en la economía en el segundo trimestre.
“La contracción más grande de la historia…
“La economía de México se contrajo 17.3% real en el segundo trimestre del año (53.2% anualizado), con respecto al trimestre anterior, y 18.9% con respecto al mismo trimestre del 2019. Esta caída en la actividad económica, causada principalmente por la pandemia de COVID-19, es la más fuerte desde que se lleva registro del Producto Interno Bruto (PIB) en México. Durante la Gran Recesión, el PIB cayó 7.8% en el segundo trimestre del 2009; en la Crisis de 1995, la economía alcanzó una caída de 8.6% en el segundo trimestre de ese año; y en 1932, durante la Gran Depresión, el PIB se contrajo 14.92%. Previo a la pandemia, la economía ya mostraba un estancamiento al mostrar un retroceso de 0.3% en el 2019. Con el impacto económico del COVID-19, el estancamiento se convirtió en una de las peores crisis económicas en la historia de México contemporáneo”, indicó BASE.
Desglosado por los principales sectores de actividad económica, la mayor contracción se tuvo en el sector secundario con un retroceso de 23.6% en el trimestre, y 26.0% con respecto al segundo trimestre del 2019. Dado que las cifras de actividad industrial hasta mayo mostraban una contracción de 26.6%, el dato trimestral sugiere que hubo una ligera recuperación en junio. Con respecto al sector terciario, también conocido como sector de servicios, la caída en el trimestre fue de 14.5%, y de 15.6% en la comparación anual.
Por último, en el sector primario se tuvo una caída muy ligera de apenas 2.5% en el trimestre y de 0.3% en el año, pues el consumo de alimentos es una necesidad básica y su producción y comercialización son consideradas actividades esenciales, por lo que la suspensión de actividades tuvo un impacto mucho menor sobre el sector.
Según el indicador cíclico coincidente del INEGI, la economía mexicana mostraba señales de una recesión desde comienzos del 2019. En ese año, la economía se contrajo 0.3%, mostrando aún crecimiento en varios sectores económicos, especialmente en los servicios, por lo que no se hablaba de una recesión, sino de un estancamiento de la actividad económica.
El deterioro económico se volvió más notorio en el primer trimestre de este año cuando la economía se contrajo a una tasa real anual de 2.2%, y aunque en febrero y marzo varios países ya sentían el impacto de la pandemia de COVID-19, en México aún no se implementaba medida de contención alguna. Fue hasta finales de marzo en que la autoridad sanitaria emitió los lineamientos de Sana Distancia, ordenando la suspensión de toda actividad económica considerada no esencial a partir del día primero de abril. Como resultado de esto, la economía se desplomó comenzando el segundo trimestre del 2020. El Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) y el indicador coincidente, que dan seguimiento mensual a la situación económica, mostraron en abril caídas mensuales históricas de 17.3% y 25.8%, respectivamente.
Demanda agregada
Consumo. Como consecuencia de las medidas de contingencia sanitaria, el consumo privado se limitó a necesidades básicas, pues una gran parte de la economía se vio obligada a suspender sus actividades, llevando al cierre temporal de restaurantes, bares, centros comerciales, tiendas departamentales, y otros servicios.
Del mismo modo, la demanda por servicios relacionados con el turismo disminuyó drásticamente. Según la Encuesta Mensual de Servicios levantada por el INEGI, los ingresos por servicios de alojamiento temporal y de preparación de alimentos y bebidas cayeron 45.8% en abril con respecto al mismo mes del año anterior, mientras que los ingresos por servicios de transporte aéreo regular en líneas nacionales cayó 88.7% en ese mismo periodo.
En general, el Indicador Mensual del Consumo Privado en el Mercado Interior mostró en el mes de abril una caída mensual de 19.7% y una anual de 22.3%. Se sabe, además, que el consumo no logró recuperarse en el resto del segundo trimestre, ya que la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (ANTAD) reporta una caída anual promedio de 19.9% en las ventas nominales de tiendas iguales en el periodo abril-junio 2020.
La caída en el consumo es a la vez causa y resultado de la pérdida de empleos. El cierre de comercios y la contracción en los ingresos de los que permanecieron abiertos, llevaron a un aumento importante en el desempleo nacional, retroalimentando la caída en el consumo ante el menor ingreso disponible de los hogares.
Según cifras de la Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo (ETOE), la población ocupada se redujo en 12.5 millones de personas en abril, sobre una base de 55.7 millones de personas.
Contrario a lo que se esperaría, esta disminución de 22% en la población ocupada no se tradujo en un aumento drástico de la tasa de desocupación, pues la tasa solo incrementó de 2.9% en marzo a 4.7% en abril, ya que la gran mayoría de las personas que salieron de la población ocupada dejaron de formar parte de la Población Económicamente Activa (PEA), dado que no realizaron esfuerzos para conseguir otro trabajo.
La razón detrás de esto es que dejar de ser considerado “ocupado” no implicó forzosamente la pérdida del empleo, ya que la declaración de emergencia sanitaria emitida por el Consejo General de Salubridad permitió que las empresas suspendieran labores sin necesidad de liquidar a sus empleados. Ante esto, las personas que están en suspensión de labores no vieron necesidad de buscar otro trabajo, pues aún no eran despedidos.
Si las 12.5 millones de personas que salieron de la población ocupada hubieran permanecido en la PEA, la tasa de desocupación se habría ubicado en 24.7%. Al mes de mayo, la población ocupada cuenta con 12.1 millones de personas menos a las que tenía en marzo, y la población subocupada (personas con necesidad y disponibilidad para ofertar más horas de trabajo) se encuentra en 29.9%, 22.1 puntos porcentuales por encima del nivel de marzo.
Así, la situación del empleo en México es crítica y puede tornarse aún más preocupante por el incremento en el número de personas en pobreza y por el incremento en la inseguridad.
En lo que corresponde solamente al empleo formal, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) reporta una disminución de 1 millón 113 mil personas aseguradas de febrero a junio, de los cuales 933 mil corresponden a personas inscritas con un salario base de cotización de entre 1 y 2 salarios mínimos.
Ante esta disminución desproporcionada en el empleo de baja remuneración, el salario base de cotización promedio se incrementó 2.4%. La fuerte caída en el empleo provocó que la masa salarial subiera únicamente 0.2% en junio con respecto al mismo mes del año anterior, el menor incremento anual desde febrero del 2010.
Cabe destacar que es probable que se sigan perdiendo empleos durante el año, ya que los despidos masivos en el primer semestre se concentraron en las industrias directamente afectadas por la pandemia y de agosto a diciembre el efecto dominó sobre otras industrias, así como la expectativa de una lenta recuperación en México podrían provocar más despidos.
Para 2020, Banco Base estima una contracción de 11.2% en el consumo. Para efectos de comparación, la caída en el consumo durante la Gran Recesión en 2009 fue de 6.1%.
Inversión. La Inversión Fija Bruta (IFB) profundizó su tendencia a la baja durante el inicio del segundo trimestre al registrar una caída de 28.93% mensual en abril (último dato disponible), la mayor que se tiene registro. El índice, ajustado por estacionalidad, acumula 15 meses de caídas anuales consecutivas, cayendo 37.1% anual en abril y ubicándose en niveles de enero 1998.
Al interior del indicador, el componente más afectado fue el de la construcción, con una caída de 30.9% con respecto al mes previo y 36.3% en su comparación anual. El sector más afectado fue el de la construcción residencial, con un retroceso mensual de 38.7% en abril, mientras que la no residencial cayó 22.27%.
Este deterioro se da a pesar de que la inversión física pública mostró variaciones anuales reales de 0.0% en abril y 54.6% en mayo, ya que las obras de infraestructura no fueron suspendidas por la contingencia, lo cual también es evidencia que la falta de inversión proviene de un deterioro en la confianza del sector privado.
Por su parte, la inversión en maquinaria y equipo tuvo un retroceso de 25.1% mensual y 38.0% anual en el mes de abril. Este rubro fue impactado principalmente por la contracción en inversión de equipo de transporte, tanto nacional como importado, con caídas mensuales de 54.8% y 47.4%, respectivamente, resultado del desplome en la producción automotriz de 98.6% mensual al ser catalogada como no esencial, lo que obligó a frenar la producción por completo.
Hacia adelante, los riesgos a la baja para la inversión se mantienen elevados. Por una parte, la IFB no residencial estaría siendo afectada por una menor asignación de recursos a obras públicas ante menores ingresos tanto estatales como federales.
Asimismo, persisten factores que han generado un ambiente de incertidumbre que inhibe la inversión. Lo anterior se refleja claramente en las recientes encuestas a especialistas del sector privado del Banco de México, donde los encuestados destacan entre los obstáculos para el crecimiento económico, un mayor riesgo en el rubro de las condiciones económicas internas (36% en mayo vs. 41% en junio), en contraste con la disminución en la percepción de los riesgos externos (32% en mayo vs. 26% en junio).
Del mismo modo, se observó un mayor deterioro de la confianza empresarial de mayo, en particular del rubro del “momento adecuado para invertir”. La encuesta más reciente de junio muestra un ligero repunte ante el relajamiento de las medidas de distanciamiento social, pero en niveles absolutos la cifra se mantiene muy deprimida, evidencia de que aún se percibe un ambiente desfavorable.
Es importante mencionar que las caídas en la inversión, acotan el crecimiento económico de largo plazo. Esto es, si México mostraba tasas de crecimiento alrededor de 2.2% anuales, sin inversión actual se tendrá en el futuro tasas de crecimiento menores.
Banco Base estima que en 2020 la inversión fija bruta tendrá una contracción de 25% con respecto a 2019. Para efectos de comparación, en 2009 la contracción de la IFB fue de 11.4%.
El comercio exterior ya había sido afectado durante el primer trimestre como consecuencia de las interrupciones en las cadenas de suministro con el cierre de plantas en Asia, y en el segundo trimestre, el impacto se extendió al resto de los países.
Lo anterior generó caídas mensuales históricas tanto en las exportaciones (36.9%) como en las importaciones (21.3%) en abril, extendiendo las caídas en mayo, lo que lo llevó a registrar contracciones anuales en todos los rubros de la Balanza Comercial, para luego registrar un rebote significativo en junio, presentando un superávit de 5,546.7 millones de dólares, el mayor superávit mensual en la historia de México.
Por una parte, destacó la severa caída mensual de las exportaciones manufactureras durante abril (38.9%) y mayo (24.3%), ocasionando una caída histórica anual de 56.1% en mayo.
La actividad manufacturera había sido afectada por la paralización de las actividades no esenciales, ocasionando interrupciones en las cadenas de suministro. Cabe mencionar que, la industria manufacturera es de gran relevancia para la economía del país, ya que representa cerca de 16% del PIB y el 89% de las exportaciones totales.
En cambio, al interior del último dato (junio) se observó que la fortaleza se originó de lado de la demanda externa, ya que el crecimiento de las exportaciones (75.6% mensual) superaron significativamente al de las importaciones (22.2% mensual).
Las cifras también revelaron una sólida recuperación de la actividad manufacturera exportadora (83.6% mensual), apoyada por la reanudación de actividades de diversos sectores, especialmente del sector automotriz tras mantenerse paralizada desde abril hasta mediados de mayo, aunque, algunas plantas automotrices pudieron retomar sus operaciones hasta la segunda mitad de junio, siendo el caso de las automotrices Audi y VW, ubicadas en Puebla.
La industria manufacturera aún presenta límites en la producción debido a los protocolos sanitarios, lo que representa un riesgo para el país como proveedor de insumos y bienes terminados.
Particularmente, el gobierno estadounidense continúa presionando al gobierno mexicano con un mayor relajamiento de las limitaciones de producción, ya que las manufacturas mexicanas son fundamentales para que continúen operando las plantas estadounidenses.
Por otra parte, las importaciones de junio reflejaron la debilidad del consumo de los hogares y la inversión de México, ya que los bienes de consumo y capital presentaron avances mensuales moderados de 5.9% y 5.0%, respectivamente, mientras que los bienes intermedios se incrementaron 22.3%, consistente con los avances observados en la industria manufacturera.
En general, el reciente dato de junio sugiere que en mayo el comercio tocó fondo y en junio inició la recuperación. Sin embargo, el comercio se encuentra nuevamente amenazado por un rebote en el número contagios tanto en Estados Unidos como en México.
Lo anterior ha generado retroceso en los planes de reapertura en algunos estados en ambos países, particularmente en Estados Unidos, país destino del 80% de las exportaciones totales, donde se observó un incremento por primera vez en casi cuatro meses en las solicitudes de apoyo por desempleo, ubicándose en 1.416 millones en la semana que terminó el 18 de julio.
Esto incrementa la probabilidad de una recuperación estadounidense mucho más gradual (no en V como se esperaba inicialmente) y con ello la del sector exportador mexicano. No obstante, la implementación de mayores estímulos fiscales, especialmente en Estados Unidos, permitirían brindarle un mayor impulso a la economía, aunque con un impacto limitado mientras no se tenga control de la pandemia.
Gasto de Gobierno. A pesar de la contingencia sanitaria, en el periodo enero-mayo el gasto de gobierno ha aumentado 4.6% real con respecto al mismo periodo del año anterior, y el gasto programable (sobre el cual el gobierno federal tiene injerencia) ha incrementado 5.8% real. Lo anterior es debido a que los proyectos prioritarios del gobierno fueron incluidos dentro de la lista de actividades esenciales en la declaratoria de emergencia sanitaria y no se vio obligado a suspenderlos.
No obstante, los ingresos presupuestarios en enero-mayo han disminuido 3.1% real con respecto al mismo periodo del año anterior, principalmente por el desplome del precio del petróleo que provocó una caída de 47.3% real en los ingresos petroleros del sector público.
A diferencia de los ingresos petroleros, los no petroleros aumentaron 5.1% real y dentro de ellos los tributarios aumentaron 2.1%. Las caídas anuales reales de 15.3% en abril y 14.6% en mayo, junto a las caídas en los ingresos petroleros, han llevado a que los ingresos totales sean 5.2% menores a lo previsto en la Ley de Ingresos (equivalente a 120 mil millones de pesos, 0.5% del PIB).
Contrario a lo observado en el resto del mundo, el Gobierno Federal no ha realizado una reorientación del gasto público para amortiguar el impacto económico de la crisis, limitando sus actuaciones principalmente a adelantos en la entrega de pensiones a adultos mayores, el otorgamiento de 2 millones de créditos por un monto de 25 mil pesos cada uno, junto con otras medidas de menor magnitud que en total son menores al 1% del PIB.
Por el momento no hay indicios de que el Gobierno Federal fortalezca su respuesta fiscal ante la crisis. Desde el comienzo de la pandemia, la Secretaría de Hacienda descartó sus metas de superávit primario para el año y estimó que la deuda pública como porcentaje del PIB aumentaría de 44.7% en diciembre 2019 a 52.1% al cierre del 2020. Debido a la expectativa de caída en el PIB para este año Banco Base estima que la razón deuda sobre PIB supere 55% al finalizar el año.
Ante la falta de apoyos fiscales es muy probable que la economía mexicana tarde, en el mejor de los escenarios, al menos 4 años en recuperarse de la actual crisis económica, lo cual se traducirá en menores ingresos fiscales. Lo anterior, junto con la situación financiera de PEMEX y la insistencia del gobierno de seguir los grandes proyectos de infraestructura pone en riesgo la calificación crediticia de la deuda soberana de México, la cual parece tener una elevada probabilidad de perder el grado de inversión con una de las agencias calificadoras, ya sea a finales de este año o inicios del siguiente.
Inflación y política monetaria
Durante el segundo trimestre, el desempeño de la inflación se divide en dos partes, ya que las restricciones de movilidad generaron modificaciones en los patrones consumo, lo que se vio reflejado en el incremento más allá de lo usual en el precio de algunos bienes, mientras que otros disminuyeron.
La primera etapa, con el inicio de la implementación del confinamiento de abril a mayo, se caracterizó por una inflación de 2.15% interanual en abril, el segundo nivel más bajo desde que inició su registro en 1969. La cifra estuvo impactada por la primera deflación por parte del componente no subyacente (1.96% interanual), arrastrada por la severa caída de los precios del petróleo como consecuencia de la guerra de precios entre Rusia y Arabia Saudita en marzo, seguido de una caída en la demanda de combustibles por el confinamiento a nivel global.
Lo anterior, ocasionó que el precio de la gasolina de bajo y alto octanaje disminuyera en abril 17.35% y 15.89% mensual, respectivamente. Por otro lado, el avance del subcomponente de servicios se mantuvo relativamente débil durante el segundo trimestre, con avances menores al 0.12% mensual, como consecuencia de la caída en la demanda, al verse obligadas a cerrar algunas de estas actividades durante dos meses (abril y mayo). Inclusive otras pocas actividades permanecen aún cerradas, por lo que la debilidad en los precios de estos servicios podría continuar extendiéndose.
Asimismo, se originó una disminución en la demanda por mercancías no alimenticias durante el confinamiento, la cual se vio reflejada con el retroceso registrado en mayo de 0.31% mensual. En contraste, las mercancías alimenticias presentaron una dinámica opuesta durante esta primera etapa, impulsadas por una mayor demanda presentando inflaciones de 1.13% mensual y 7.60% interanual en mayo.
A pesar de lo anterior, no se generó un impacto significativo en la inflación de ese período, pues los ponderadores se mantienen fijos.
En una segunda etapa, con el fin de la Jornada Nacional de Sana Distancia (JNSD) en junio, se observaron presiones en la inflación ocasionadas por la reapertura, tanto del lado del componente subyacente como del no subyacente. Por una parte, una mayor movilidad ocasionó que se incrementara la demanda por combustible, lo que se tradujo en aumentos en el precio de la gasolina de bajo y alto octanaje, que, desde su punto mínimo en el año alcanzado en abril, avanzó 17.75% y 11.50% a junio.
Este incremento, también se encuentra relacionado con la eliminación de los estímulos al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) y el aumento en los precios del petróleo. De igual forma, la inflación de junio se vio presionada por el avance del precio de las mercancías no alimenticias (0.86% mensual), como reflejo de la sensibilidad de las variaciones del tipo de cambio ante un incremento en la demanda por la reapertura y un choque de oferta derivado las disrupciones de las cadenas de suministro internacionales. Por lo anterior, en junio, la inflación fue de 0.55% mensual y 3.33% interanual.
En julio, la inflación parece estar observando una dinámica similar a la de junio. En el componente subyacente, la holgura económica es evidente ante la baja inflación del sector servicios (0.12% quincenal).
Al interior destaca la inflación en el transporte aéreo (6.52% quincenal) por el efecto verano. Asimismo, prevalecieron las presiones en las mercancías no alimenticias (0.42%), debido probablemente a un efecto rezagado de la depreciación del peso. En cuanto al componente no subyacente, se mantuvo la tendencia al alza de la gasolina de bajo (3.03%) y alto octanaje (2.84%).
Debido a la holgura económica, el impacto de ésta sobre la trayectoria de la inflación y al relajamiento de las tasas de interés a nivel global, el Banco de México recortó su tasa de interés objetivo de 6.5% a 5% en el segundo trimestre, haciendo tres ajustes separados de 50 puntos base cada uno (el 21 de abril con un recorte fuera de calendario, el 14 de mayo y el 26 de junio).
Asimismo, se anunciaron medidas para proveer liquidez y enfrentar la crisis, que en conjunto respaldarían al sistema financiero con 750 mil millones de pesos.
El Banco de México mantiene una postura acomodaticia, pero al interior de la Junta de Gobierno se perciben diferencias de opinión, principalmente en las minutas de la última reunión (25 de junio), respecto al ritmo en los recortes a la de interés, así como el rumbo de la inflación.
Esto se da porque persiste la incertidumbre respecto a los efectos que la pandemia tendrá en el largo plazo sobre la economía global y por la posibilidad de mayor inestabilidad financiera ante recortes acelerados en la tasa de interés en México, sobre todo por la cantidad de inversión extranjera de cartera que entró al país por el alto diferencial de tasa respecto a EUA. Por otro lado, la holgura económica debería haber llevado la inflación a la baja, pero el componente subyacente, que se considera la parte medular y trayectoria de largo plazo de la inflación, se mantiene en niveles elevados (6.87% interanual en junio), probablemente porque de manera implícita en México se relaciona un estado de crisis económica con una alta inflación.
Banco Base mantiene una expectativa central de recortes adicionales de la tasa de interés, cada uno de 50 puntos base, para finalizar el año con una tasa de 4.00%. Con menor probabilidad se podría dar un recorte adicional de 25 puntos base, para finalizar el año en 3.75%, si la actividad económica muestra un escenario peor a lo esperado.
Asimismo, para el siguiente año se espera que la tasa de interés siga a la baja, para terminar el 2021 en un nivel de 3.25 o 3.00%, con una tasa de interés real cercana a 0, si la inflación se ubica alrededor de la meta del Banco de México. Por otra parte, esperamos que la inflación se ubique entre 3.2% y 3.5% a finales de este año 2020.
Tipo de cambio
En el segundo trimestre el tipo de cambio tocó un nivel máximo histórico de 25.78 pesos por dólar, respondiendo a factores externos como la caída en el precio del petróleo y ante factores internos, como la mayor percepción de riesgo sobre México, ante la negativa de aplicar una política fiscal contra-cíclica para hacer frente a la crisis económica.
En general, el tipo de cambio se ha movido en función de la percepción de riesgo global, en donde el desarrollo de la pandemia (número de infectados, muertos y posibilidad de vacuna) y la expectativa de recuperación económica global, son los factores más importantes.
Cuando la percepción de riesgo global sube (por ejemplo, con el rebrote de EUA), el tipo de cambio reacciona de la misma manera, pues las posiciones de inversión cambian, al moverse hacia activos considerados sin riesgo (como el oro).
Hacia adelante, la percepción de riesgo relativa sobre México puede empezar a tomar relevancia en los movimientos del tipo de cambio, por la debilidad de los indicadores macroeconómicos y la posibilidad de perder el grado de inversión.
Sin embargo, no se espera que este año se alcancen nuevos máximos históricos, pues el efecto de la pandemia ya está descontado al mostrar el peso mexicano una depreciación en lo que va del año de 16%, contemplando un nivel de 22 pesos por dólar para el tipo de cambio.
Es importante mencionar que desde el punto de vista teórico el tipo de cambio de equilibrio se ubica alrededor de 19 pesos por dólar, pero no se espera que este año o el siguiente se regrese a ese nivel.
Aspectos institucionales y balance de riesgos
Fuera de que la crisis se deba en mayor parte a la pandemia de COVID-19, es importante mencionar que el entorno económico de México se venía deteriorando desde el año pasado por aspectos internos, y en especial relacionados con la certidumbre necesaria para fomentar y atraer la inversión.
El Gobierno Federal se ha visto envuelto en controversias públicas con organismos autónomos como el Instituto Nacional Electoral (INE) y órganos reguladores en materia de competencia económica como la Comisión Federal de Competencia Económica (COFECE) o la Comisión Reguladora de Energía (CRE); incluso en controversias con el sector privado surgidas de incumplimientos de contratos suscritos por la administración pasada, cancelación de proyectos ya asignados, o cambios en el marco jurídico del sector energético.
Asimismo, la situación de seguridad pública se ha tornado más severa y las cifras de homicidios dolosos a nivel nacional rebasan los máximos históricos. Estos aspectos juegan en contra de crear un ambiente propicio para la inversión, y en consecuencia frenan la expectativa de crecimiento en el largo plazo.
Cabe destacar que, aunque se espera una recuperación de la actividad económica en la segunda mitad del año, el balance de riesgos para el crecimiento en el largo plazo sigue sesgado a la baja, por factores como:
La falta de una política fiscal expansiva que evite la quiebra masiva de empresas.
Cambios en el marco jurídico que generan desconfianza y desincentiven la inversión.
Debilitamiento de las instituciones y organismos autónomos del Estado.
La evolución de la pandemia, que hasta finales de julio no se ha logrado disminuir significativamente el número de contagios diarios, por lo que la actividad económica continúa restringida.
El riesgo de un rebrote internacional de la pandemia, especialmente en Estados Unidos y China.
Las elecciones presidenciales de Estados Unidos en noviembre de este año, en las cuales México podría convertirse en un blanco político de los candidatos.
Dada la evolución de la economía en los meses recientes y los factores de riesgo en el corto y mediano plazo, Banco Base estima que la economía de México se contraerá 9.5% en el 2020.
Se espera una lenta recuperación económica en donde hay dos posibles escenarios.
- Bajo un escenario optimista se tendría un efecto rebote en el que el PIB crece entre 3% y 5% en 2021 y continuar con una trayectoria de crecimiento promedio de 2%. En este escenario, la economía tardaría aproximadamente 4 años en recuperar los niveles de producción previos a la crisis (ver Fig. 11).
- Bajo un escenario pesimista, la economía crecería a una tasa de entre 1% y 1.5% en el 2021. Este escenario podría darse ante una prolongación de la pandemia, la implementación de políticas no ortodoxas por parte del Gobierno Federal, y la falta de confianza por parte de los consumidores y el sector empresarial. Ante este escenario, la economía tardaría aproximadamente 10 años en recuperarse de la crisis.
Reportacero