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La importancia de la chatarra de acero en la recuperación de México

El último año, un 90% de las economías del mundo entraron en recesión debido a la pandemia y, según el banco de inversión J.P. Morgan, la recuperación no será sincronizada en las diferentes regiones.

Frente a expectativas de recuperación desigual, la dedicación a sectores estratégicos es lo que ha distinguido a economías de regiones que están ganando más valor a costa de otras, incluso en un entorno de crisis global.

El sector siderúrgico es vital para la economía, y por sus beneficios y cualidades, el acero es un material que se destaca. Por ser sustentable, infinitamente reciclable y, por sus propiedades únicas, es imprescindible en sectores fundamentales de la sociedad, como infraestructura y la construcción civil.

No es ni sorpresa ni casualidad que una de las mayores potencias económicas del mundo, China, produzca más de la mitad del acero mundial, lo que le da una posición monopólica sobre materias primas y productos terminados.

En estos momentos de pandemia, el ritmo de recuperación de la economía genera a los chinos un incentivo para producir acero, lo que incrementa la demanda de materias primas.

En este contexto, con las dañadas cadenas de suministro de insumos para la producción de este importantísimo material, el difícil acceso a materias primas compromete de forma desigual el buen funcionamiento de las industrias y economías en regiones clave para la economía global, cómo América Latina.

En México, una de las más fuertes economías de la región, la chatarra es una materia prima fundamental para la producción de acero. Sin embargo, el país es deficitario en este rubro y ha visto un considerable aumento en la demanda de chatarra durante los últimos años, mientras que la generación local se ha reducido.

Según datos de de la Cámara Nacional de la Industria del Hierro y del Acero (Canacero), más del 30% del acero que se obtiene en México se produce a través del reciclaje de la chatarra, lo que representa un nivel superior al que se tiene a escala mundial, que es del 22 por ciento.

Las dificultades para la recolección de chatarra con la pandemia, sin embargo, empeoraron su escasez en el país, llevando a que su precio se disparara un 23% en los últimos 9 meses, como muestran datos de la American Metal Market (AMM).

La importación de chatarra en México ha aumentado de 1 millón de toneladas en 2010 a 2.1 millones de toneladas en 2018.

Si a ello le sumamos que existe un acaparamiento a nivel global de la chatarra por parte de los principales países productores, sería muy recomendable que en México se adopten medidas similares a las implementadas en otros países de la región para ejercer mayores controles sobre la exportación de esta materia prima.

En este escenario, la recuperación de la capacidad productiva debe ir acompañada con un esfuerzo de los gobiernos en varios sentidos.

Por ejemplo, es necesario tener en cuenta que hay países que tienen decretos y otras acciones para evitar que insumos importantes como la chatarra se exporten, así como pasa en Argentina, Colombia y Ecuador. México no los tiene.

El tema de la chatarra en América Latina tiene una preponderancia coyuntural.

Tenemos casos de plantas paradas por falta de chatarra y regiones con importaciones desleales crecientes.

Además del impacto ambiental del asunto.

En América Latina exportamos aproximadamente lo mismo que importamos.

Es decir, necesitamos chatarra para nuestra producción, pero tenemos grandes compradores como Turquía (el mayor importador de chatarra del mundo), y sabemos que llega con producto laminado a nuestra región de ese país con precios muy bajos.

El impacto ambiental se puede medir al enviar chatarra hasta Turquía y recibir producto terminado desde allá debido al flete, pues tiene una contribución en la emisión de gases de efecto invernadero que promueven el calentamiento global.

Si consideramos que por cada kilómetro marítimo de transporte de una tonelada de material (chatarra y productos laminados) se generan 0,0114 kg de CO 2 por tonelada de acero, basado en los datos de Ecoinvent 3.4, de SIMAPRO 8.5.2 para estudios de Evaluación de Ciclo de Vida, y sabiendo que entre Turquía y un puerto como Manzanillo existen 15.700 km, más el regreso como producto terminado, cada tonelada de acero turco que llega a México, que haya sido producido con chatarra latina, tendría por pura logística una contribución de 0,36 Ton CO 2 /Ton de Acero, esto es el 58% del total emitido por el proceso de producción de acero en un horno de arco eléctrico.

Este es uno de los temas que necesita atención inmediata, ya que puede contribuir a que se normalice más rápido no solamente a la economía de México, sino a todas las economías en toda América Latina.

*Francisco Leal es Director General de Alacero

 

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