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Muestra IGAE menor capacidad para producir riqueza: Ahorro Bruto se contrajo $711,000 millones de pesos en 2020.- IDIC

25 de marzo de 2021.- De acuerdo con José Luis de la Cruz Gallegos, Director General del Instituto para el desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico, la economía mexicana muestra los primeros indicios de la afectación estructural que sufrió a raíz de la recesión que comenzó durante el 2019 y la cual fue exacerbada por la aparición del Covid-19.

El mensaje es claro: a la luz de la nueva realidad generada por el Covid-19 que, de acuerdo con el INEGI, implicó la pérdida neta de 400 mil unidades productivas y la deserción de 5.2 millones de jóvenes del ciclo escolar, se debe aplicar una estrategia que permita generar la reconstrucción de la economía mexicana, de otra forma sus nuevos parámetros serán poco favorables para alcanzar mayores niveles de bienestar social.

La información de enero refrendó la caída de la capacidad potencial del Indicador Global de Actividad Económica y hace patente la nueva restricción a superar: una menor capacidad para producir riqueza, un factor que incidirá para moderar la tendencia de recuperación coyuntural del IGAE.

Para revertir lo anterior se requiere mayor inversión productiva. Sin embargo, el antecedente para lograrlo es retador por la contracción del Ahorro Bruto durante el 2020: (-) $711,000 millones de pesos.

El 95% de la caída del ahorro fue por la disminución del denominado como “Resto del Mundo”, es decir, de la fuente de financiamiento externo de la economía mexicana.

La contracción del ahorro bruto permite entender, no sólo, la merma de la inversión productiva registrada durante el 2020, también constituye un indicador de lo que ocurrirá con la misma durante el 2021, una inercia que es posible evitar si se generan expectativas positivas y un entorno que sea promotor del crecimiento en México:

Se requiere para iniciar un proceso de recuperación que trascienda más allá del rebote contable que se observará a partir de abril. De otra forma, la caída de la capacidad potencial del IGAE anticipa lo que puede ocurrir.

Bajo esa perspectiva, la información del IGAE correspondiente al mes de enero presenta la magnitud del desafío que enfrenta el sector productivo y el mercado interno nacional, un reto que va más allá de la coyuntura:

El retroceso de (-) 4.2% contabilizado durante enero fue causado por la contracción de los dos componentes principales del IGAE:

El sector servicios presentó una disminución de (-) 4.6% en tanto que el sector industrial reportó una minusvalía de (-) 3.7%.

Por su parte, el sector primario exhibió un crecimiento de 3.1% que no alcanzó a revertir la tendencia negativa de la economía.

Con ello se acumulan 19 meses de caídas consecutivas y 21 en los últimos 23 meses.

El resultado es una tendencia negativa en la capacidad potencial del IGAE  que permite resaltar dos aspectos relevantes:

En el corto plazo, entre abril y octubre del 2021, las tasas de variación anual del IGAE serán positivas, en algunos casos de doble dígito porque su referencia será la caída que el IGAE presentó en 2020 (por ejemplo: en abril (-)19.7% y en mayo (-) 21.4%).

No obstante, para el segundo trimestre del 2022 el IGAE convergerá a la menor capacidad potencial: en promedio, los resultados oscilarán en torno a un crecimiento promedio menor al 2% y durante los meses de abril y mayo del 2022 podrían ser negativos.

En consecuencia, el IGAE de enero muestra que la inercia negativa del 2020 se extendió al primer trimestre del 2021. Como era de esperarse, la magnitud de la caída no respetó el calendario y afectó en mayor medida al mercado interno:

La evolución del sistema productivo se encuentra interrelacionada con lo que ocurrió con el consumo privado y la inversión en 2020. Las cifras del INEGI son claras: el primero disminuyó (-) 10.4% y la segunda (-) 18.2%.

¿Cuál es su relevancia? Las variables citadas sumaron el 82.5% del PIB, por lo que su tendencia muestra el grado de afectación que sufrió la columna vertebral de la economía, así como el desafío que enfrenta para recuperar lo perdido.

Sin inversión no hay crecimiento y las estadísticas del INEGI muestran una caída histórica en el ahorro bruto, la fuente primaria de inversión.

En función de lo anterior se puede entender la razón del por qué las estadísticas correspondientes a las empresas comerciales reportaron nuevas caídas tanto en sus ingresos como en el personal ocupado.

De manera particular se debe mencionar que las empresas Comerciales al por Menor reportaron la mayor merma.

Lo descrito es producto de que a nivel estatal se siguen presentando señales de debilidad:

21 entidades reportaron variaciones negativas en su comercio al por mayor en tanto que 25 lo hicieron en comercio al por menor.

En conjunto, el resultado del consumo, la inversión y el ahorro bruto permiten entender que la afectación sufrida por la economía nacional durante el 2020 no fue algo coyuntural: ni los flujos históricos de remesas ni el aumento de 2.3% del gasto público lograron compensar la caída de la inversión y el consumo privados.

El mensaje del 2020 se reafirmó durante el primer bimestre del año y no sólo llegó a través de la tasa negativa del crecimiento: el mercado laboral también mostró la debilidad de la recuperación.

El nuevo empleo contabilizado por el IMSS en enero y febrero pasados fue 51% temporal y el acumulado, 163 mil plazas laborales, es una de las menores cifras en la última década.

Si bien se tiene esperanza de que los programas de reactivación y fomento implementados en Estados Unidos tengan un efecto positivo sobre México, también es necesario establecer que la experiencia muestra que ello podría tener un alcance acotado.

El clúster exportador de manufacturas en el país tiene bajo contenido nacional, por lo que la maquila exportadora registrará grandes flujos de bienes, pero una modesta contribución al crecimiento, salvo que se promueva lo Hecho en México.

Para lograr esto último se requiere una Revolución Industrial en el país: la implementación de una nueva estrategia de política económica que favorezca la fabricación de insumos intermedios y bienes de capital en México.

Básicamente se debe implementar una nueva política industrial que sea capaz de atraer inversiones, las indispensables para generar empleo formal: el que se perdió en 2020, el que se necesita para el millón de jóvenes que todos los años se incorpora al sistema productivo y el indispensable para combatir la informalidad.

 

Reportacero

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