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Considera CCE artificial repunte de indicadores económicos porque se debe a bases de comparación bajas

26 de abril de 2021.- De acuerdo con el Consejo Coordinador Empresarial, CCE, el repunte en términos anuales que experimentarán los indicadores de actividad económica en los próximos meses, será resultado de efectos aritméticos, o “efectos base”.

Añade que es importante considerar la importancia de los efectos base a fin de no confundirlos con una recuperación económica o crecimiento real.

Probablemente el aparente dinamismo del segundo trimestre, a pesar de su magnitud, sea insuficiente para alcanzar el nivel de actividad de 2018.

La inversión productiva genera mayor capacidad de oferta (y de empleo y bienestar) a lo largo del tiempo.

La economía mexicana saldrá de la crisis de la pandemia muy perjudicada, aunque el país tiene grandes oportunidades frente a sí.

A fin de aprovecharlas, se requiere un entorno favorable para la inversión.

Las expectativas de crecimiento económico para este año continúan mejorando, corrigiéndose al alza.

La mejora mensual paulatina de la economía se muestra recientemente en la previsión de Focus Economics, organismo que produce análisis y pronósticos para 131 países, quien elevó su estimación de crecimiento para México durante 2021 de 4.3% a 4.8%, así como BBVA, que subió su pronóstico de 3.2% a 4.7%. Al parecer, detrás de esa mejoría está la confianza de que los indicadores económicos mejorarán significativamente su desempeño en los próximos meses, además del impulso que se prevé de la bonanza por la que atraviesa la economía de los Estados Unidos.

No obstante el desempeño actual de los indicadores, la velocidad del proceso de vacunación y las condiciones internas generales de la economía no parecen apuntar hacia una recuperación franca y sólida y menos a una que lleve a un crecimiento potencial satisfactorio en los próximos años.

Más bien, la reciente mejora de los diversos indicadores económicos y especialmente el significativo repunte en términos anuales que experimentarán en los próximos meses, será resultado de un efecto aritmético debido al cambio en la base de comparación, o “efecto base”, por los bajos niveles en los que se ubicaron en el segundo trimestre de 2020 con el impacto del confinamiento de entonces.

Es importante tener presente el efecto base al analizar la fuerte variabilidad que los indicadores económicos experimentarán en los próximos meses, toda vez que ello puede generar escenarios confusos y opiniones equivocadas respecto a la situación real de la actividad económica.

Hace unos días el INEGI dio a conocer sus indicadores, estimado y oportuno, de la actividad económica, en el que estima que en febrero la economía se contrajo a una tasa anual de 3.9%, y a una mensual de (-) 0.7, mientras que anticipa que en marzo su caída anual pudo ser de 2.1%, lo que implicaría un ascenso mensual de 0.7%.

Sin embargo, no cabe duda de que a partir de abril se observarán fuertes incrementos anuales en virtud de la drástica disminución que se presentó durante el confinamiento que comenzó en ese mes en el 2020.

Esto es, el efecto base antes señalado. A fin de apreciar este efecto, cabe señalar que si el IGAE se mantiene sin cambio en su nivel observado en enero -es decir, sin crecimiento alguno a partir de ese mes- su incremento anual sería 18% para abril y de 21% para mayo. Pero ese nivel del IGAE estaría aún por debajo (2%) del previo a la pandemia.

Resalta también que si el PIB real se mantiene durante todo el año en su nivel del último trimestre de 2020 (cero incremento en 2021), el crecimiento anual del segundo trimestre sería poco mayor al 16% y en el año en su conjunto alcanzaría 3.5%, la mayor tasa desde 2011.

Mediante cálculos similares se puede observar que los indicadores de la actividad económica mostrarán incrementos sustanciales en el año, respecto al anterior, aún si se mantuvieran constantes a lo largo del mismo en su último nivel reportado. Así, al cierre de 2021, el incremento del IGAE alcanzaría 3.8% respecto a diciembre de 2020, la inversión fija bruta 6.4% y el consumo privado 5%.

Es importante tener en cuenta la importancia de estos efectos base a fin de no caer en confusiones. En el segundo trimestre las tasas de crecimiento de diversos indicadores respecto a un año antes seguramente serán elevadas, pero ello no implicará directamente que el país esté creciendo.

Es posible que estos resultados den pie a expectativas oficiales favorables y que se presenten como prueba de éxito de las políticas económicas actuales. La realidad es que es probable que el aparente dinamismo del segundo trimestre, a pesar de su magnitud, sea insuficiente para alcanzar el nivel de actividad de 2018, y que en realidad la economía continuará debilitada, con pocas señales de una recuperación sólida pronta y lejos de alcanzar un crecimiento potencial mayor a 2.5% como se ha visto en los últimos años.

Más bien, en principio el potencial de la economía será probablemente menor como consecuencia inmediata de la pandemia y la ausencia de políticas de apoyo a hogares y empresas en el país. No obstante, como se señaló recientemente en este espacio, la economía mexicana tiene frente a sí oportunidades importantes debido a la bonanza de los EEUU, la cercanía con ese país y sus tensiones comerciales con China.

En las economías de mercado -aun cuando prevalezcan diversos grados y formas de intervención del Estado-, las principales fuentes de dinamismo de la demanda agregada son el consumo y la inversión privados1/. A su vez, la inversión productiva genera mayor capacidad de oferta (y de empleo y bienestar) a lo largo del tiempo. Claramente, para aprovechar dichas oportunidades es necesario un cambio radical de actitud oficial frente a la inversión privada, nacional y extranjera. México no es una excepción.

La importancia del sector privado en la economía es evidente. Tanto por parte de las pequeñas y medianas empresas como por parte de las de mayor tamaño. Éstas que tienen mayor capacidad de invertir, y consecuentemente de impulsar la productividad y su expansión resulta en la creación de más puestos de trabajo. En congruencia con ello, el Sistema de Cuentas Nacionales muestra que el sector privado en su conjunto genera el 85% del PIB.

De manera más específica, el Censo Económico 2019 indica que los grandes establecimientos representan solo el 0.2% del total, pero generan el 32% del empleo y 55% del valor agregado. De acuerdo con el SAT, durante 2020 el número de grandes contribuyentes representó el 0.02% del total, pero generó el 52% de los ingresos tributarios.

Claramente, la actividad privada es clave para la recuperación que tanto se necesitará para resarcir las cicatrices que la crisis sin duda dejará en la economía. Por ello, es de vital importancia facilitar la actividad e inversión del sector privado y evitar iniciativas que la limiten a fin de fortalecer el control del estado de actividades relevantes sobre bases exclusivamente ideológicas.

Por su parte, y en ocasiones dentro de un ambiente de fricción y hasta de hostilidad, el sector privado ha insistido en las propuestas en lugar de la confrontación. Con el gobierno, se han acordado ya dos paquetes de inversión principalmente en infraestructura por 525 mil millones de pesos. Es importante que se faciliten al máximo los requisitos y acciones a fin de que se concreten dichas inversiones a la brevedad posible.

Asimismo, a través de un acuerdo que se presentó en abril del año pasado, y que se mantiene hasta el momento, el Consejo Mexicano de Negocios (CMN) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) aprobaron un programa con un potencial de proveer hasta 12,000 millones de dólares para apoyar a las Mipymes a enfrentar los efectos de la pandemia, con mecanismos de crédito sencillos y competitivos. Cabe señalar que sólo el 23% de esas empresas tiene acceso al financiamiento de la banca comercial. Hasta ahora más de 1,200 empresas se han visto beneficiadas por este programa.

Claramente, la actividad del sector privado es fundamental para la recuperación del crecimiento y del empleo vía la inversión productiva. También es cierto que, aunque la economía mexicana saldrá de la crisis de la pandemia muy afectada, con cicatrices profundas, el país tiene grandes oportunidades frente a sí. Pero, a fin de aprovecharlas, se requiere un entorno favorable para la inversión3/: seguridad en las reglas del juego, estado de derecho y un sistema legal predecible que respete leyes y reglamentos. Esto es imprescindible. La oportunidad se desperdiciará si las políticas públicas continúan siendo hostiles a la inversión. Si es así, se alargará el periodo de recuperación de la actividad productiva y del bienestar de la sociedad.

El INEGI dio a conocer su indicador oportuno de la actividad económica para marzo, en el que en principio, señala que durante febrero la economía se contrajo 3.9% respecto al mismo mes del año pasado, especialmente por la caída de 4.3% en las actividades terciarias. Las secundarias cayeron 3.1%. En cuanto a su estimación para marzo, el INEGI prevé que la economía habrá caído a una tasa anual de 2.1%, impulsada por la disminución de 3.1% en las actividades terciarias y por la baja de 0.9% en las secundarias.

De acuerdo con las cifras del INEGI, durante los primeros quince días del abril los precios al consumidor aumentaron 0.06%, que si bien es un porcentaje relativamente bajo, se debe decir que es la primera vez, para el mismo lapso, en el que se aprecia un incremento de los precios desde 2009. Este resultado reflejó, por una parte, el aumento de 0.18% en el subíndice de precios subyacente, dentro del que destaca el alza de 0.29% en el rubro de precios de mercancías. En el caso del subíndice no subyacente se observó una disminución de 0.28%, principalmente generada por la baja de 2.31% en los pecios de energéticos. De esta manera, la inflación anual de la primera quincena de abril se ubicó en 6.05%, la más alta desde el cierre del 2019.

Las actividades de comercio y servicios mantuvieron un comportamiento favorable durante febrero, reflejo de una paulatina normalización en los niveles de movilidad conforme se reduce el peligro de la pandemia. Las cifras indican que durante febrero las ventas al menudeo aumentaron 1.6% respecto al mes previo, mientras que el sector servicios lo hizo en 2.6%. Sin embargo, su comparación anual aún refleja debilidad, toda vez que mientras que las ventas al menudeo cayeron a una tasa anual de 3.8%, los servicios lo hicieron en 11.9%.

La National Association of Realtors de EUA informó que, con base en cifras ajustadas a tasa anual, durante marzo se vendieron 6.01 millones de viviendas usadas, cifra que fue menor tanto a la del mes previo cuando se vendieron 6.24 millones de unidades, como a la estimación del mercado que anticipaba la venta de 6.15 millones. En términos relativo eso significo una caída de 3.7% respecto al mes previo. Por área geográfica, el peor desempeño de la venta de vivienda se observó en el oeste, en donde se registró una caída mensual de 8.0%. Le siguió el sur con una disminución de 2.9%, el medio oeste con una baja de 2.3% y el noreste con una de 1.3%. De acuerdo con los especialistas, la oferta de vivienda usada está cerca de sus niveles históricamente más bajos, lo que está impulsado los precios al alza, que en promedio tuvieron un incremento anual de 12.4%. No obstante respecto al año pasado, las ventas de casas usadas crecieron 12.3%.

En el caso de la venta de vivienda nueva se aprecia una dinámica distinta. De acuerdo con el reporte del Departamento de Vivienda y Desarrollo urbano, con base en cifras ajustadas a tasa anual, durante marzo se vendieron 1.021 millones de viviendas, superando tanto la venta de 864 mil del mes previo, como de las 912 mil que estimaba el mercado. Por región sobresale el aumento mensual de 40.2% en el sur, seguido por el avance de 30.7% en el medio oeste y de 20% en el noreste. Por el contrario, en el oeste la venta de vivienda nueva en el mes disminuyó 30%. En su comparación anual la venta de casas nuevas creció 66.8%, lo que significó su mayor incremento anual desde agosto del 2006.

 

 

Reportacero

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