INTERNACIONALES

Impulsaría proteccionismo brasileño al acero argentino

10 de octubre.- En septiembre pasado, Brasil presentó a la Comisión de Comercio un listado de 100 productos que pretende que se excluyan del Arancel Externo Común (AEC) y por tanto podrían tener un mayor arancel, lo que beneficiaría diversos productos fabricados por países del Mercosur, entre ellos el acero.

Dado que estos productos sufrirían un incremento en el AEC, y por tanto un encarecimiento de los precios de importación desde países fuera del bloque Mercosur, la medida ofrece una oportunidad para los proveedores brasileños, pero también para los argentinos, uruguayos, venezolanos y paraguayos.

Dada la preocupación que el gobierno brasilero manifiesta respecto del tratamiento al problema de la competitividad de su industria, no es extraño que el grueso del listado se concentre en productos industriales (alrededor del 98 por ciento), donde se destacan las manufacturas metálicas, productos químicos, manufacturas de plástico, bienes de capital y manufacturas de piedra.

Las posibilidades de la industria argentina para aprovecharla no es pareja para esos 100 productos. De hecho solo en 66 de ellos, la industria pampera tiene un relativamente alto potencial exportador y de estos solo en 24 la incersión en el mercado brasilero es inferior al 50 por ciento (lo que implica un relativamente alto potencial de crecimiento). 

Los productos que se destacan con mayor potencial para aprovechar esta nueva oportunidad que ofrece el Mercosur son los armarios, vitrinas y mostradores, las placas de polímeros y las válvulas esféricas.

A este grupo pueden sumarse los productos planos de hierro, los tubos y perfiles de hierro o acero, las bombas volumétricas y los alambres de acero. Este último grupo, sobre todo, porque es el que más aumento sufrió en el AEC. 

Claro que la oportunidad de incrementar las ventas a Brasil no es una mera cuestión de precios. Las empresas locales deberán satisfacer las necesidades del mercado brasileño, sobre todo en lo referente a calidad y cantidad, pero también deberán lidiar con el hecho de que muchas empresas no tienen completa libertad para elegir a sus proveedores, sino que dependen de la política comercial de sus casas matrices que, muchas veces, priorizan contratos globales por sobre el precio final. 

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