Colaborador Invitado

El sentido común, no lo es

Por Jesús Anacarsis López

En la historia del hombre han existido civilizaciones que han florecido sin la rueda, pero no han existido civilizaciones sin la división del trabajo, sin la especialización. El concepto de especialización a través de las ventajas comparativas está en el corazón de la teoría de comercio internacional como explicación de porqué los países, como las personas, intercambian bienes y servicios.

Estados Unidos, desde su triunfo en la Segunda Guerra Mundial se ha dedicado a promover la integración global a través del comercio, en pro de la eficiencia de recursos, humanos y de capital, a través de la creación de uniones comerciales que incluyen al TLCAN en 1994.

Como en cualquier acuerdo comercial, existen ganadores y perdedores. Los perdedores son aquellos quienes al no estar en el lado de la ventaja comparativa perdieron una oportunidad. Son aquellos que al quedarse como mano de obra no calificada vieron desaparecer trabajos que se movieron a otros países, trabajos que también fueron perdidos ante métodos más eficientes como procesos automatizados, lo cual se vio reflejado principalmente en la manufactura estadounidense.

El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, enfocó sus esfuerzos en vender a su electorado que él traerá de regreso los trabajos a su país a través de medidas regresivas desde el punto de vista del comercio internacional, vía una menor integración comercial, con un discurso que parece más adecuado de la izquierda mexicana de los años 90. El presidente electo de Estados Unidos logró vender esta idea, alejándose de las propuestas lógicas de educación de calidad para quienes quedaron rezagados. El futuro de Estados Unidos ya no yace en la manufactura.

El día de hoy ha ganado un Estados Unidos, aún mayoría blanca y conservadora, con quien Trump se ha conectado a través de una venta en la que no fue necesario publicar sus impuestos, controlar sus insultos, exponer argumentos coherentes y en donde se tomó la libertad de ignorar lo políticamente correcto, también conocido como respeto.

El triunfo de Trump con la mayoría de los votos electorales, abre la puerta a un periodo de incertidumbre para la economía estadounidense. Es ahora incierto si la Fed subirá su tasa de referencia en diciembre y las previsiones de crecimiento de Estados Unidos y sus principales socios comerciales podrían verse afectados a través del canal de expectativas. El mundo, incluído México, estará atento al lenguaje del nuevo presidente electo, para conocer si respetará sus absurdas promesas de campaña.

Las actitudes también importan. En los días posteriores a la votación pro Brexit, se observó un incremento en los abusos cometidos en contra de europeos y minorías en Reino Unido, esto podría convertirse en una realidad en Estados Unidos pues para ignorar que la última contienda electoral ha estado cargada de un sentimiento étnico y racial se necesita argumentar un caso crítico de miopía. Las consecuencias que enfrentarán las minorías están por verse.

Hoy ha ganado una derecha estadounidense con discurso, pero sin argumento; en donde el respaldo del establishment político hacia Trump fue reservado hasta el día de hoy.

A pesar de esto, en México es bien claro que el desempeño económico es y seguirá siendo responsabilidad de los mexicanos y sobre todo de las autoridades locales, a través de políticas fiscales y monetarias ortodoxas, pero también a través de un ejercicio de relaciones exteriores hábiles que no se han visto en décadas. Asimismo, la corrupción y la inseguridad, que van de la mano, son un tema a corregir en el que no se puede perder el tiempo si se avecina una tormenta desde afuera.

El más reciente proceso electoral de Estados Unidos nos ha dejado una enseñanza, que como el béisbol, el juego no se acaba hasta que se acaba. Esto abrirá amplias dudas sobre las encuestas electorales que hasta el día de las elecciones apuntaban una mayor probabilidad de triunfo a la candidata demócrata, Hillary Clinton.

El triunfo de Trump y de sus argumentos vacíos, de la incertidumbre que será castigada por el mercado y del voto visceral, también ha dejado otra enseñanza, ahora desde el corazón de la mayor economía del mundo, que el sentido común, no lo es.

 

Jesús Anacarsis López, Gerente de Análisis Económico. Grupo Financiero BASE.

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