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Beneficios de la recuperación no alcanzarán a las familias.- CEESP

19 de julio de 2021.- De acuerdo con el Análisis Económico Ejecutivo del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, CEESP, la recuperación dependerá de las grandes empresas pero su beneficio no se trasladará a las familias.

¿Qué tipo de recuperación se espera?

“La recuperación económica dependerá de las grandes empresas lo que agudizará la desigualdad, pues, aunque habrá tasas de crecimiento no habrá mejoría en las condiciones de vida de muchas familias”

Después del tema de las elecciones, en las últimas semanas la discusión se ha centrado en torno a la recuperación económica de nuestro país. ¿Cuál será la tasa de crecimiento para este año? si será mucho o poco, cuando las expectativas anticipan un avance de entre 4.5% y hasta 7.0%. Asimismo, se discute sobre el origen de este ritmo de crecimiento, que si las remesas, que si el crecimiento en el consumo en Estados Unidos, que si el mercado interno se está recuperando, en fin, cuando se sabe que en principio solo refleja el rebote aritmético de una comparación con niveles atípicamente bajos. No obstante, vale la pena discutir sobre qué tipo de recuperación es la que tendremos y cuáles serán sus impactos en el tiempo.

Recientemente, el país ha recibido montos importantes de divisas por concepto de remesas. Esto se debe principalmente a los apoyos que el gobierno de Estados Unidos canalizó a los hogares, que en muchos casos fueron de mexicanos o sus familiares radicados en ese país que enviaron recursos a sus familias en México para compensar los efectos de la pandemia. Esto propició que el flujo de entrada de divisas aumentara significativamente, pero no se ha visto del todo reflejado en el consumo interno, ya que al parecer se ha utilizado con mucha más cautela, para compensar la pérdida de empleo y reducciones salariales ante la ausencia de programas de apoyo en el país durante la pandemia. Por cierto, una cautela en cierto sentido similar a la observada en los EEUU, donde las familias ahorraron parte importante de los apoyos.

Es sabido que durante este sexenio la inversión -tanto pública que no ha sido prioridad del gobierno, como privada que ha mostrado una gran debilidad, seguramente provocada por la incertidumbre que el gobierno ha generado en cuanto al cumplimiento del estado de derecho y por las bajas expectativas de crecimiento, derivadas de las políticas públicas impulsadas por la 4T- no ha sido un factor importante para el crecimiento. De hecho, la inversión total ya acumula diez trimestres consecutivos a la baja, lo que se estima que le ha restado aproximadamente 1.8 puntos al crecimiento del PIB en lo que va de esta administración.

Imaginar (porque hasta ahora solo eso es posible) un crecimiento propiciado mucho por el consumo -que se mantiene débil ante un entorno de menor empleo, su precarización y la disminución de los salarios reales -, y muy poco por la inversión que se ha deteriorado de manera importante, nos hace pensar en una recuperación en el corto plazo sin posibilidades de ser sostenida en el tiempo, seguida de altas tasas de inflación, misma que las expectativas la ubican en cerca de 6.0% al cierre del año.

Recuperar la confianza en el futuro del país, en el cumplimiento del estado de derecho, en el respeto a los acuerdos y contratos y en la estabilidad macroeconómica y fiscal, entre otros, se vuelve fundamental para que las inversiones regresen a nuestro país y podamos entonces sí tener un panorama alentador hacia el futuro. Sin embargo, la percepción internacional sobre el estado de derecho en México se ha deteriorado consistentemente desde hace ya varios años. De acuerdo con información de World Justice Project, en el ámbito internacional en el año 2020 México ocupó la posición 104 en materia de estado de derecho, 12 lugares por debajo de su posición en 2018.

En la recuperación económica son muy importantes por supuesto las tasas, pero más importante aún es cómo se recupera la economía, por sectores, por segmentos y por regiones. Posiblemente la principal preocupación se relaciona con los sectores y segmentos.

Hay una corriente de economistas que consideran que el no haber endeudado al país durante la pandemia para apoyar a las empresas y a las personas tendrá el beneficio de que se mantienen finanzas públicas “sanas”.

Aunque dicha salud es relativamente verdadera a nivel macroeconómico, la deuda del sector público sí aumentó: del 2018 a mayo del 2021 el saldo histórico de los requerimientos financieros del sector público (SHRFSP), la definición más amplia de la deuda pública, lo hizo en 1.8 billones de pesos, que equivale a 7.2 puntos del PIB del primer trimestre del 2021.

Más aún, desde la perspectiva microeconómica se puede discrepar de esa afirmación que indica que se ha mantenido la salud de las finanzas públicas, ya que ésta no radica solamente en el tamaño del déficit o del superávit, sino en la calidad de la recaudación y del gasto y en estos casos se perciben serios problemas.

El gasto ha sido tremendamente improductivo, no ha propiciado capacidades de crecimiento adicionales y la recaudación se ha basado en acciones, en muchos casos intimidatorias, del SAT y muchas de ellas irrepetibles. El gasto público se ha financiado utilizando ahorros destinados a otras cosas, de tal forma que el día en que se presenten no habrá recursos para enfrentarlas. El saldo del Fondo de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios (FEIP), que ha sido una importante fuente de recursos para el gobierno en sus primeros dos años, al cierre del primer trimestre del 2021 solo cuenta con 15.8 miles de millones de pesos (mmp). Hay que recordar que de este fondo en 2019 se utilizaron 156.5 mmp y 214.4 mmd en 2020. Se utilizaron los recursos del Fondo de Destares Naturales (FONDEN), mismo que se extinguió y con ello se terminó con un mecanismo de probada eficiencia para mitigar los efectos de los desastres a nivel local. Estos recursos previsorios y otros “guardados” ya prácticamente se acabaron y la transferencia de “utilidades” del Banco de México a la SHCP se terminó, al menos durante este 2021.

No haber apoyado a las empresas pequeñas y medianas durante la pandemia, so pretexto de no endeudar al país, permitió una destrucción de capacidades de producción muy importante, se perdieron patrimonios familiares que sostenían a estas empresas que eran además la fuente de empleo y sustento de muchas personas. El Estudio sobre la Demografía de los Negocios elaborado por el INEGI, señala que durante 2020 cerraron definitivamente 1 millón de establecimientos, aunque nacieron 619 mil.

Con esa decisión del gobierno federal queda claro que cuando venga la recuperación muchas de esas empresas ya no estarán ahí y tampoco contarán con el capital para rehacer sus negocios, por lo que los ex empresarios tendrán que buscar empleo en una economía que no genera el suficiente, ni en número ni en calidad. Entonces la recuperación beneficiará a quienes tuvieron los ahorros necesarios para mantener sus empresas en pie.

Si bien ha habido generación de empleos formales desde el punto más crítico de la pandemia, ésta es limitada. Ello se aprecia en las cifras del IMSS que indican que del 1.1 millones de registros de trabajadores que se perdieron, hasta junio del presente año solo se han recuperado 679 mil. Asimismo, la precarización del mercado laboral se agudiza cada vez más: el porcentaje de la población ocupada en condiciones críticas alcanzó 25.3% en mayo pasado, dentro de una tendencia particularmente creciente que mantiene desde 2019.

Tomando en cuenta toda la fuerza laboral, formal e informal, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) al inicio del confinamiento sanitario se perdieron de inmediato 12 millones de empleos que hasta ahora no se han podido recuperar del todo. Con el mayor desempleo y la menor participación laboral, desde entonces en mayo pasado había aún 2.5 millones de personas sin trabajar que si lo hacían en marzo de 2020. La misma encuesta indica que durante el primer trimestre del año el 61.3% del total de personas ocupadas percibe hasta dos salarios mínimos, mientras que en el primer trimestre del 2018 fue el 45.2% y en el mismo trimestre del año pasado el 58.4%.

Menos empleos y con menores remuneraciones es lo que nos espera, menos PyMEs y menos Microempresas o mecanismos de autoempleo, ¿cuántos dueños de Uber no pudieron pagar el crédito que tenían? ¿cuántas empresas familiares tuvieron que vender sus activos para sobrevivir? Basta observar la enorme cantidad de locales comerciales vacíos, la enorme cantidad de personas en la calle pidiendo ayuda para comer, departamentos y casas en venta que muestran la necesidad de recursos de las familias ante la pérdida de ingresos.

Para hacer frente a los efectos de la pandemia, muchos hogares tuvieron que hacer uso de sus recursos en el SAR. Durante 2020 los retiros parciales por desempleo aumentaron en 65% respecto al año previo. En los primeros seis meses del presente año el incremento es de 23.0% anual.

Con esta reflexión entonces, la recuperación estará apalancada en las capacidades de las grandes empresas, de aquellos que tuvieron los ahorros suficientes para sobrevivir y para mantener sus activos, con ello se agudizará la desigualdad, crecerá aún más la pobreza, será muy complicado conseguir un empleo y seguramente la remuneración, en su caso, será menor. Entonces habrá tasas de crecimiento, pero no mejoría en las condiciones de vida de muchas familias, es decir, las decisiones del gobierno federal provocarán fundamentalmente un crecimiento en la desigualdad y en la pobreza, además de limitar a futuro un crecimiento económico sostenible.

El aumento en los niveles de pobreza es ya preocupante. Las cifras del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) señalan que el porcentaje de la población en situación de pobreza laboral pasó de 35.6% en el primer trimestre del 2020 a 39.4% en el mismo periodo de este año. El mayor impacto se observó en el entorno rural, donde el porcentaje aumentó de 31.7% a 36.4%, mientras que en el urbano pasó de 48.0% a 48.9%.

La inversión en la demanda agregada está compuesta por las inversiones de los grandes grupos y capitales de México y del mundo, que no está creciendo, pero sobre todo se compone de las pequeñas inversiones que muchos, muchos mexicanos hacen en pequeños proyectos de emprendimiento que es donde se genera la mayor cantidad de empleos en la economía, y esos emprendedores hoy son muchos menos y volver a tenerlos será un esfuerzo de décadas. Y hay que recordar que el 67.9% del personal ocupado se concentra en las Mipymes.

La estrategia económica seguida por el gobierno actual ante la pandemia es contraria a los intereses de disminuir la desigualdad y la pobreza y no sólo no la disminuirá, sino que la aumentará en el tiempo. Según el CONEVAL, “además de las afectaciones en el acceso a los derechos de la población, los impactos derivados de la reducción de las actividades económicas podrían generar un aumento de entre 8.9 y 9.8 millones de personas con ingreso inferior a la Línea de Pobreza por Ingresos, y de entre 6.1 y 10.7 millones de personas con ingreso inferior a la Línea de Pobreza Extrema por Ingresos”.

Proteger a las pequeñas empresas, a los pequeños patrimonios invertidos en ellas, proteger la posibilidad de mantener esos empleos, evitar la destrucción de capacidades de producción y de generación de empleos, debió haber sido el propósito del gobierno durante la pandemia. No apoyarlos, ya sea mediante reasignaciones de gasto para enfrentar el evento superviniente que significa la misma, o aun implicando la contratación de deuda, tendrá un gravísimo impacto en la calidad de vida de las personas y por supuesto aumentará de manera importante la desigualdad y la pobreza, como ya lo muestran los resultados. Un cálculo más reciente del Instituto de Investigación para el Desarrollo con Equidad (EQUIDE), reporta que a marzo del presente año 54% de la población estaba en situación de pobreza, 12 puntos porcentuales por arriba de su nivel en 2018. Ello significa que 14.6 millones de personas más mostraron algún tipo de pobreza.

México

Durante mayo la actividad industrial reportó un avance mensual modesto, de 0.1%, después de que un mes antes descendiera 0.3%. Este avance provino, principalmente del aumento de 2.0% en la actividad de la construcción. Asimismo, la Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas por ductos al consumidor final aumentó 1.3% y la minería 1.0%. Sin embargo, la producción manufacturera disminuyó 0.7% en buena medida por el problema que generó la falta de insumos de la actividad automotriz a nivel internacional. Sin embargo, en su comparación anual todos los indicadores de la actividad industrial reportaron significativos incrementos, respondiendo al efecto aritmético al compararse con niveles atípicamente bajos por la pandemia. La producción industrial total creció 36.6%, resaltando la manufactura con un avance de 48.3% y la construcción con uno de 45.9%. La minería creció 9.2% y la generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas por ductos al consumidor final, lo hizo en 8.8%.

A pesar de que la paulatina apertura de la actividad económica ha ido favoreciendo la creación de empleos formales, hasta el momento no ha sido suficiente para recuperar los puestos de trabajo perdidos durante la pandemia. Cifras del IMSS muestran que en junio el número de trabajadores registrados aumentó en 65,936, con lo que superó en 3.5% la cifra reportada el mismo mes del año pasado, lo que significó su mayor avance desde noviembre del 2018. Con estas cifras, durante los primeros seis meses se han registrado 401,648 nuevos trabajadores lo que representa el 43% de los empleos generados durante el mismo lapso del año pasado. Asimismo, de los 1.1 millones de registros que se perdieron durante la pandemia, hasta junio solo se habían recuperado 679 mil.

Estados Unidos

Cifras del Departamento de Comercio indican durante junio los precios al consumidor aumentaron 0.9%, tres décimas por arriba del avance del mes previo, además de superar la expectativa del mercado que anticipaba un alza de 0.5%. De esta manera, la inflación anual se ubicó en 5.4%, que fue su mayor incremento desde agosto del 2008. Los pecios de alimentos aumentaron 0.9%, de tal manera que respecto a junio del año pasado su incremento fue de 2.4%. Por su parte, los precios del rubro de energía aumentaron 1.5% en el mes, con lo que en su comparación anual fue de 24.5%. Al excluir alimentos y energía, en junio la inflación mensual subyacente fue de 0.9%, mientras que su comparación anual se ubicó en 4.5%, su mayor alza desde noviembre de 1991.

La Reserva Federal informó que durante junio la producción industrial aumentó 0.4%, porcentaje inferior a la estimación del mercado que preveía un incremento de 0.7%. En junio la producción manufacturera disminuyó 0.1% después de aumentar 0.9% en mayo. No obstante, al excluir la producción de vehículos de motor, la manufactura creció 0.4%. El ensamble de vehículos automotores disminuyó 8.6% en el mes, lo que reflejó la escasez de semiconductores y el impacto que está teniendo en la producción general. Por su parte, la producción minera aumentó 1.4% después de aumentar un 0,8% en mayo, en tanto que la producción de servicios públicos se elevó 2.7%. En términos anuales, la producción industrial total aumentó 9.8%, pero aún se ubica 1.2% por debajo de su nivel prepandemia (febrero de 2020).

El Departamento de Comercio informó que en junio las ventas al menudeo aumentaron 0.6%, a pesar del negativo impacto que tuvo la caída de 2.0% en las ventas de distribuidores de vehículos de automotor y autopartes. De hecho, excluyendo la venta de autos las ventas minoristas aumentaron 1.3%. En este resultado contribuyó el aumento de 3.3% en las ventas en tiendas de electrónica y electrodomésticos, así como el alza de 2.6% en la venta de ropa y calzado. Respecto al año pasado, las ventas totales crecieron 18.0%.

 

 

Reportacero

 

 

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