Desindustrialización: los efectos de China en la economía latinoamericana
*Por Francisco Leal
Hemos sabido, ahora más que nunca que el tema está aderezado por la guerra comercial entre Estados Unidos y China, que debido básicamente a una serie de subsidios que recibe la industria china se genera un problema para el comercio global, especialmente para la industria del acero.
La sobrecapacidad mundial exacerbada precisamente por los chinos generó una pérdida del empleo y del desarrollo industrial en otras partes del mundo donde la industria local no puede competir. Diversas naciones han buscado defenderse ante esta situación con medidas para mitigar los efectos del comercio injusto. Pero, América Latina está retrasada en este proceso.
Con el pretexto de seguridad nacional y para proteger su industria local contra el acelerado crecimiento mundial de la producción y exportación de acero, en 2018, Estados Unidos estableció una tarifa de 25% sobre sus importaciones que aplicó a varios países del mundo. Desde entonces, América Latina viene sufriendo con el transbordo de las importaciones chinas que se dirigían a Estados Unidos, lo que ha hecho más grave el problema de la desindustrialización de América Latina.
Para darse tener una idea, durante 2018 las exportaciones chinas de comercio indirecto de acero hacia América Latina tuvieron un fuerte crecimiento del 17%, llegando a la impresionante cifra de US$ 47.468 millones. El intercambio de laminados y derivados entre China y América Latina continúa creciendo, pero en proporciones diferentes. Mientras, el volumen de acero en productos que ingresó desde el gigante asiático se incrementó 12% frente al año anterior, cerca de 6.8 Mt. En 2016, la región tenía 7% de las exportaciones de China en el mundo, pero ahora llega a 11 por ciento.
América Latina asumió el 2° lugar de mayor destino de exportaciones chinas de laminados. Brasil y México son los principales consumidores de acero indirecto desde China y representan 56% del total consumido por la región. México, a pesar de la baja importación de acero laminado de China, fue el principal mercado de comercio indirecto con US$16,210 millones, un crecimiento del 25% frente a 2017. Brasil tuvo un crecimiento de 37.6% en gasto, llegando a US$10,590 millones.
Varias naciones están cuestionando la legalidad de las acciones de EUA en el Órgano de Solución de Controversias de la OMC, argumentando que su verdadero objetivo al invocar la Sección 232 es el proteccionismo y que sus exportaciones de acero a Estados Unidos no representan una amenaza a la seguridad nacional del país. EUA sostiene que es libre para definir lo que constituye su seguridad nacional y que, por lo tanto, las reglas de la OMC no prohíben sus acciones. Varios países respondieron con tarifas de represalia sobre exportaciones selectas de Estados Unidos, representando volúmenes similares de acero, aluminio y otros productos no relacionados.
Los casos antidumping vigentes demuestran que existe una reacción de América Latina hacia el Comercio Desleal de China, aunque el mecanismo parece no ser suficiente ni eficaz, ya que China como también otras economías que triangulan su acero a América Latina, han logrado encontrar caminos para posicionar su acero en la región.
En la actualidad existen 65 casos antidumping en acero vigentes en América Latina, de los cuales 65% son contra China (42 casos). México y Brasil son los países que más acusan a China: de los 43 casos vigentes, 17 son de México y 12 de Brasil, ambos representan el 68% de los casos totales de China en América Latina.
Las consecuencias de una guerra comercial generalizada impuesta por los Estados Unidos están entre las principales preocupaciones de América Latina hoy en día, una vez que viene experimentando sus consecuencias trágicas en el comercio del acero.
Sin embargo, esta cuestión no es la única que puede socavar el futuro de la industria en la región. Lo que nos debe preocupar es nuestra inhabilidad para poder mantener una cadena productiva que nos da productos que le generan valor agregado a nuestra industria. El enfoque ahora no debería ser proteger solo a la industria del acero a través de imponer tarifas que normalicen el campo de competencia entre los productores locales y los chinos, sino proteger los productos que tienen un valor agregado sustancial y que también llegan a condiciones desleales.
Esos productos al llegar tan baratos dan la falsa ilusión de una economía abierta al mercado a beneficio del consumidor final, pero lleva consigo pérdida del empleo porque las plantas de manufactura y de la cadena metalmecánica tienen que cerrar, ya que no pueden competir contra eso. Es una propuesta de ganar popularidad controlando indirectamente la inflación a costa de hipotecar el futuro. Las economías no tienen forma de sostener una balanza comercial positiva si no hay exportación, y si esta se apuntala solo en commodities y materias primas, estaremos condenando a la economía a desempeñarse con los vaivenes de fuerzas de mercado externas, y no al trabajo honesto de cada país.
*Francisco Leal es Director General de Alacero.