Colaborador Invitado

México ante el reto del desarrollo incluyente

Por: Juan Manuel De Nigris Dávila

El pasado 9 y 10 de enero, tuve la oportunidad de ser uno de los más de mil asistentes al Foro México 2013 organizado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID),  el Banco Mundial (BM) y la Comisión Económica para la Cooperación Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

Entre los expositores de dicho Foro cabe mencionar al Presidente Enrique Peña  Nieto, cinco de sus Secretarios de Estado, dos subsecretarios, un subgobernador del Banco de México, tres gobernadores del País y el jefe del gobierno del DF, los propios directores de los organismos internacionales organizadores del evento, expertos de los temas ahí abordados, así como el Premio Nobel de Química, Mario Molina y representantes de organizaciones civiles como el Consejo Mexicano para Asuntos Internacionales, la Universidad Empresarial Colombiana, el Consejo Empresarial para América Latina y el Consejo Mexicano de Comercio Exterior.

Desde mi punto de vista, creo que el punto central en el que coincidimos expositores y asistentes, tanto en las sesiones de trabajo como en las pláticas en los recesos y comidas, es que el reto fundamental de México es el de liberar su verdadero potencial económico, para poder así, alcanzar tasas de crecimiento económico altas y sostenidas que permitan crear un mínimo de un millón de empleos al año.

Empleos que deben ser bien remunerados para permitir una mayor inclusión social, la disminución de la desigualdad y la pobreza y atacar con esto las causas de fondo de la violencia y la inseguridad.

Si queremos lograr un desarrollo más integral, incluyente y sostenible, creo que tenemos que atacar el problema de fondo de la economía mexicana que es su bajísima productividad.

Para cuantificar lo anteriormente aseverado, me permito citar unas cuantas cifras de la propia OECD: “En la última década, la economía mexicana creció menos del 2 por ciento, por debajo del promedio de la región latinoamericana (4 por ciento). Su ingreso per cápita se mantenido cerca del 30 por ciento del nivel de Estados Unidos. En contraste, el ingreso per cápita del este de Asia, se triplico en las últimas tres décadas y a la fecha se encuentra en cerca del 60 por ciento del nivel de Estados Unidos”.

El lento crecimiento económico de México, tiene como su causa fundamental el bajísimo o más bien nulo crecimiento de la productividad de su fuerza laboral, medida esta como la producción promedio por trabajador. En el periodo 1982-2011, la economía mexicana creció a una tasa anual promedio del 2 por ciento, debido básicamente a que la productividad de su fuerza laboral se estancó, es decir, creció a una tasa promedio anual del 0 por ciento.

La gran contradicción es que México cuenta con mano de obra calificada y empresas que son reconocidas a nivel mundial por productividad y calidad como las automotrices y México es el país dentro de los países miembros de la OECD donde se trabajan más horas a la semana y hay menos vacaciones, y a pesar de esto, la productividad de México es de las más bajas de los países de la OECD y creciendo al 0 por ciento en los últimos años.

A mi humilde entender, los bajos niveles de productividad de la fuerza laboral en México, no es causa de los trabajadores, sino de las políticas públicas y falta de competencia en los mercados que en lugar de promover, obstaculizan la productividad del trabajador. Políticas Públicas como un sistema educativo en el que se privilegian las prebendas sindicales y se descuida la cobertura y sobre todo la calidad de la educación que recibe el alumno dan resultados que mucha gente desconoce.

En la reciente prueba PISA donde se evalúa la calidad de la educación que reciben los alumnos, la calificación mínima es 1 y la máxima es de 5. México obtuvo menos de 1 y países como China, Corea, Cánada y Finlandia, 4 ó 5.

Si todos afirmamos que el capital humano es el capital más importante con el que contamos, pues hay que ser congruentes, actuar en consecuencia y que los hechos sigan a las palabras. El alumno debería ser la razón de ser de cualquier reforma educativa, por lo tanto, los alumnos y sus padres deben ser escuchados y consultados. La educación es algo tan importante como para dejarla en manos solamente de sindicatos y autoridades educativas públicas y privadas.

México tiene en el 2013 el gran reto y oportunidad de recuperar el tiempo perdido en luchas estériles que han antepuesto sus intereses partidarios o particulares al interés común y que nos han hecho rezagar frente a un mundo aceleradamente globalizado, interdependiente y competido.

México cuenta con fortalezas internas como su relativo bajo endeudamiento y su estabilidad financiera y macroeconómica y fortalezas externas como su amplia red de Tratados de Libre Comercio, su vecindad con Estados Unidos y su liderazgo en organismos internacionales, al tiempo que países como China y Brasil están perdiendo competitividad.

México tiene todo para recuperar su potencial económico internamente y su mejor posicionamiento e imagen a nivel mundial. México tiene todo para recuperar la senda del crecimiento alto y sostenido manteniendo su disciplina presupuestal. México tiene todo para que sus trabajadores sean más productivos, los empresarios mexicanos y extranjeros inviertan más en México y el sistema financiero ofrezca más créditos sobre todo a las pequeñas y medianas empresas.

Ciudadanos, consumidores, trabajadores, alumnos y padres de familia deberían ser la razón última del actuar del gobierno en todos sus niveles, de las empresas públicas y privadas y de los sindicatos. Los países que se han desarrollado plenamente se caracteríza porque sus gobiernos, empresas y sindicatos escuchan y responden eficazmente las demandas de quienes representan.

La nueva administración del Presidente Enrique Peña Nieto ha iniciado su mandato con acciones alentadoras como el Pacto por México, la Reforma Educativa, la ley de contabilidad gubernamental y la creación del Instituto Nacional del Emprendedor para promover el desarrollo nacional e internacional de las micro, pequeñas y medianas empresas. Tengamos la sabiduría de convertir esta luna de miel de los primeros 100 días,  en una alianza entre el gobierno y sus gobernados con una visión de largo plazo, una visión de Estado que nos permita alcanzar un desarrollo sostenible e incluyente y un mejor futuro para todos los mexicanos.

 

Juan Manuel DeNigris es economista de la Universidad de Nuevo León y de Boston University. Trabajó como economista en BANCOMEXT, BANXICO Y VITRO. Es Ex Secretario Técnico del Consejo Asesor Privado en las Negociaciones de los Tratados de Libre Comercio (COECE), y Ex Director del Consejo Mexicano de Comercio Exterior (COMCE). Actualmente es Consultor en Negociaciones y Negocios Internacionales.

Email: juanmanuel.denigris@gmail.com


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