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Se frena en México dinamismo industrial

6 de marzo de 2013.- El desempeño mostrado por la producción fabril apunta hacia una nueva fase de moderación en su crecimiento. A partir de la segunda mitad de 2012 el avance del sector industrial comenzó a debilitarse y en diciembre pasado su oferta registró un retroceso de 1.1 por ciento respecto al mismo mes del año anterior, rompiendo una racha de 35 meses consecutivos de avance.

En dicho lapso sus principales componentes, las industrias de la construcción y manufacturera, reportaron caídas de 5 y 0.9 por ciento respectivamente, en sus niveles de actividad.

Las exportaciones manufactureras, uno de los motores del crecimiento general de la economía, cerraron el mes de enero con un avance de tan sólo 1 por ciento, confirmando la desaceleración iniciada meses atrás y dando muestras de una evidente polarización en el comportamiento de sus componentes, pues mientras las ventas del sector automotriz aumentaron 8.3 por ciento, el resto de las exportaciones manufactureras disminuyeron 1.7 por ciento respecto al mismo mes del año previo.

Con producción y exportaciones a la baja, el sector industrial inició 2013 con más dudas que certezas a propósito del comportamiento esperado en lo que resta del año.

Desde luego existen motivos para confiar en el repunte del sector, tan pronto se disipen los nubarrones que dominan el panorama económico internacional, particularmente en Estados Unidos.

Nueva política industrial

Asumiendo que estamos frente a una situación coyuntural, no ante el inicio de una recaída de la economía mundial que afecte el desempeño de la actividad económica de nuestro país, es importante valorar en su justa dimensión el aporte del sector fabril mexicano para comprender por qué es importante, necesario e insustituible, diseñar una política industrial de largo plazo que nos permita afrontar los problemas actuales y responder con eficacia a los desafíos del mañana.

En materia comercial y con base en cifras de 2012, la industria mexiana vendió productos al exterior por más 301 mil millones de dólares, cifra equivalente al 81 por ciento del total de los ingresos por exportación.

Constituye el principal destino de la inversión extranjera directa con alrededor de siete mil millones de dólares, equivalentes al 55.7 por ciento del capital foráneo que ingresó a nuestro país el año pasado y ofreció empleo a 5 millones 672 mil 596  trabajadores en el sector formal de la economía, de acuerdo a cifras del IMSS correspondientes a 2012.

Sin embargo, su contribución al progreso enfrenta serios desafíos, pues:

Es el sector económico con el menor ritmo de avance en los últimos años.

Ha descendido su participación en la producción nacional.

No ha logrado recuperar los niveles de empleo registrados hace unos cuantos años.

Y no hemos logrado la rearticulación de las cadenas productivas para elevar el contenido nacional en la oferta exportable y sustituir competitivamente una proporción mayor de importaciones.

En consecuencia, el sector fabril mexicano requiere unidad de propósitos, esfuerzo colectivo, consistencia en las acciones de apoyo y una decidida colaboración de las autoridades gubernamentales en los tres niveles de gobierno para diseñar la nueva política industrial. En opinión de la Confederación de Cámaras Industriales de la República Mexicana, CONCAMIN, la orientación de la estrategia que habrá de definir el rumbo de la industrialización en los años por venir, debe articularse a partir de los siguientes principios:

Primero: Sincronización de todos los instrumentos de política económica, a fin de crear y mantener condiciones de elevada rentabilidad que consoliden a la actividad exportadora como uno de los motores de nuestro crecimiento.

Segundo: Promover la incorporación de mayor valor agregado nacional a la oferta exportable.

Tercero: Impulsar la diversificación de los mercados a los que se dirigen las exportaciones no petroleras, a partir del aprovechamiento pleno de los acuerdos comerciales.

Cuarto: Fomentar el desarrollo del mercado interno, a partir del fortalecimiento de las empresas micro, pequeñas y medianas, considerando su capacidad generadora de empleos, su contribución al desarrollo regional y a la creación de una sólida base industrial que permita la rearticulación de cadenas productivas.

Quinto: Impulsar la sustitución eficiente y competitiva de importaciones

Sexto: Promover la incorporación de los adelantos tecnológicos en los procesos de operación de las empresas que integran el sector fabril, particularmente entre las micro, pequeñas y medianas, a través de estímulos fiscales y financieros que impulsen el arraigo de los adelantos tecnológicos en su operación.

Séptimo: Inducir el desarrollo de agrupamientos industriales de alta competitividad internacional, lo mismo regionales que sectoriales, con una creciente integración de empresas micro, pequeñas y medianas

Octavo: Promover un crecimiento económico sostenido más acelerado y generar los empleos formales que permitan a todos los mexicanos, especialmente a aquellos que viven en pobreza, tener un ingreso digno y mejorar su calidad de vida.

Noveno: Contribuir activamente a la integración de una economía competitiva, que ofrezca bienes y servicios de calidad a precios accesibles; que promueva el aumento de la productividad, la competencia leal, la inversión en infraestructura, el fortalecimiento del mercado interno y la creación de condiciones favorables para el desarrollo del talento empresarial existente en el país..

Para conseguir estos propósitos es indispensable partir de una estrategia de promoción que eleve nuestra capacidad para  incorporar a un creciente número de empresas a los estándares internacionales de calidad, tecnología, diseño, actualización de procesos productivos, gestión empresarial, financiamiento y comercialización interna y externa, que sólo son posibles con la participación de todos los actores involucrados.

Es importante recordar que la historia económica reciente indica que algunas de las más exitosas experiencias de fortalecimiento industrial y aprovechamiento de la globalización (Corea, la Unión Europea, Taiwán e Irlanda, entre otras) se construyeron a partir de la producción y comercialización de productos con alto valor agregado industrial.

Lo anterior les permitió impulsar el incremento sostenido de sus exportaciones y disponer de capacidad para hacer de la innovación y permanente renovación tecnológica, el mejor instrumento para mantenerse a la vanguardia del comercio internacional y de los avances tecnológicos.

Pero es preciso reiterar que la sustitución eficiente de importaciones no significa regresar a un “modelo cerrado”, proteccionista, altos aranceles o medidas restrictivas al comercio, como en el pasado, sino de aprovechar el ambiente actual y las condiciones vigentes en la actividad fabril (capacidad ociosa, experiencia industrial, conocimientos técnicos, mano de obra capacitada y productiva, así como talento empresarial)

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