Colaborador Invitado

Cuando un amigo se va, es el momento de revisar tu propio caos

In memorian

Dice Alberto Cortez en una de sus canciones más sentidas – cuando un amigo se va, queda un espacio vacío que no lo puede llenar la llegada de otro amigo. Cuando un amigo se va, una estrella se ha perdido, la que ilumina el lugar donde hay un niño dormido –

Y dice la verdad. Los amigos son los hermanos que elegimos y cuando se van, duele el vacío que dejan. Los amigos son contados, son pocos y por eso duele tanto perderlos.

Dijo un chileno, experto en esa ciencia, la del horóscopo, que no quieren reconocer los científicos, aunque tampoco han podido demostrar que no es ciencia. 

Pero bueno, dijo este amigo chileno, Pablo Flores, enero traería cambios muy fuertes. Dijo que, aunque nos resistiéramos, sería arrancado de nosotros aquello muy querido, aquello que tiene raíces muy profundas en nosotros, para soltar patrones familiares, para romper con el linaje.

Es difícil de explicar. Pero si observas tu entorno. Si observas tu interior, probablemente encontrarás cambios que no pediste, que no buscaste y que están ocurriendo.

Puedes hacer una de las dos cosas. Resistir el cambio o abrazar el cambio. 

Probablemente, te darás cuenta de que abrazarlo cuesta algo de dolor. Pero todos los cambios, aunque sean creados por ti, cuestan algo. Duelen porque está en nuestra naturaleza mantenernos en un lugar cómodo. 

El cambio siempre nos saca de ese lugar cómodo para llevarnos hacia algún lugar desconocido. Y lo desconocido siempre está lleno de sorpresas y las sorpresas no nos gustan.

Pero, si aceptamos lo que la vida nos da, podemos luego concluir que eso que está pasando es lo mejor que podría haber pasado.

Participar la partida de un familiar primero y de un amigo después, te mueve de lugar. Te obliga a reflexionar y pensar. Y creo que nos está pasando a muchas personas. 

Es como si de pronto hubiéramos entrado en un recodo del río, en un punto del río de la vida, donde las aguas son turbulentas. 

Pero los navegantes no se enseñaron en aguas calmas, en un plácido lago nadie aprende a navegar. 

Así que estos cambios, estos conflictos que nos arrancan creencias, que nos arrancan afectos, seguridad y calma, son solo el principio de un camino de aprendizaje, de un camino en medio del caos. Nos daremos cuenta de que tendremos que tomar decisiones que solo se pueden tomar, cuando aceptas que el cambio es una bendición.

Mi hermano, mi amigo, mi espejo, mi maestro. 

Observa a los que te rodean, encuentra en ellos al hermano que deseaste tener como apoyo incondicional. Al amigo que siempre está ahí. A ese ser que refleja tus peores defectos para que los veas y aprendas a reconocerte en él. A ese que mostrándote lo que tú sufres, actúa como tu maestro para que te comprendas y te aceptes y decidas que cambiar es tu tarea.

Por eso, cuando un amigo se va, se lleva a todos. Al hermano, al amigo, al espejo y al maestro. Y por eso es tan grande el vacío.

A la memoria de Diana I. Peón Lara y Jesús Galindo Ramón. Descansen en paz.

No perdamos la esperanza, ni la fe, hasta la próxima.

El autor es experto en comunicación corporativa y situaciones de crisis. Cuenta con un MBA del ITESM

Contacto:

Mail: hirampeon@gmail.com

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