Colaborador Invitado

De aquí nadie sale vivo

La locura en la que vivimos.

REFLEJO INTERIOR 

Hiram Peón Lara

Jim Morrison falleció en Paris, el 3 de julio de 1971, a la edad de 27 años.

Jerry Hopkins y Daniel Sugerman, son los autores de la biografía del poeta y cantante de la banda de rock The Doors, el título del libro biográfico es impactante “de aquí nadie sale vivo”.

El título se refiere a la vida y muerte de Morrison, pero también envía un mensaje esotérico. Como si el propio Morrison hubiera explorado la posibilidad de salir vivo y en su camino hubiera encontrado una respuesta.

Sugerman y Hopkins publicaron el libro en 1980, nueve años después del fallecimiento de Morrison, haciendo entrevistas a personas que lo conocieron. De hecho, Sugerman fue el segundo “Manager” de la legendaria banda.

En uno de sus poemas Morrison se auto denomina “The Lizard King” de ahí que se le conociera también como el Rey Lagarto. La muerte de Morrison está rodeada de un profundo misterio.

A partir de sus escritos, y de la vida turbulenta que llevó, se puede interpretar que en algunos momentos vivió cambios profundos en su estado mental y que buscaba experimentar un “despertar”. Buscaba una manera de trascender a la muerte. De ahí el titulo que le dieron a su libro biográfico.

La mayoría de las personas no queremos morir, aunque sabemos que tarde o temprano llegaremos al final de nuestra vida. Luchamos contra las enfermedades persiguiendo la idea loca de que los demás morirán, pero yo no, y por ello existe una muy lucrativa industria farmacéutica que pretende prolongarnos la vida y muchas carreras profesionales dedicadas al cuidado del cuerpo humano.

Morrison, en sus arranques de locura, exploró muchas puertas en su interior y no encontró la salida.

Será porque la muerte no es una salida, sino un paso en el continuo que es la vida. La muerte, vista así es parte de la vida.

La muerte parece ser la continuación de la vida. No es fácil pensar de esta manera, entre otras cosas requiere dejar de lado las creencias locas con que nos alimenta continuamente el ego, para empezar a considerar que somos algo mas que las ideas mezquinas que tenemos de nosotros mismos. Creer que somos importantes por lo que sabemos o por lo que hacemos.

Como por ejemplo la creencia de que las demás personas nos deben mostrar respeto por lo que creemos que somos y por lo que creemos que valemos en esta sociedad.

También creemos que la única manera de responder, ante el mundo que nos rodea, es imponiendo nuestro poder e influencia.

En un mundo que se antoja, creado por locos y regulado por locos, creemos que somos únicos y especiales por lo que sea, por el carro que manejamos o, por ejemplo, el trabajo que desempeñamos.

El poder corrompe y a veces un poquito de poder nos catapulta a niveles de agresión no vistas.

Nos comportamos como un animal en el Serengueti, que satisface su hambre, después de derribar una gacela. Pero la leona o el chacal lo hacen por instinto. La gacela sabe que, si quiere sobrevivir hoy, debe correr más que el león, y el león sabe que si quiere sobrevivir tiene que ser más rápido que la gacela.

En nuestro caso es la bestia que llevamos dentro la que satisface sus necesidades de soberbia y poder, derribando a un sujeto y abusando de él, solo porque podemos.

Observar esos momentos a veces nos llevan a darnos cuenta que no importa lo que hagan los demás, solo importa lo que yo hago a partir de lo que siento y lo que veo.

Y cuando me dejo llevar por la ira, el enojo, la soberbia y el miedo, nos comportamos como el pequeño dictadorcito tabasqueño que se marea en la altura de su investidura.

Y como el, también se marea toda la clase política, sin excepción.

Pero no solo ellos, el poder que da el dinero es todavía peor. Creemos que podemos comprar la dignidad de los demás, o la conciencia de los demás. Porque, si este no se puede comprar, siempre hay una larga fila de personas necesitadas, que como Esau, venden su ser por un plato de lentejas.

Pero no es el necesitado el que pierde, sino el que cree que puede y que su dinero le da el derecho para hacerlo. Como el rey lagarto, vive en la orilla de la locura.

Mantengamos la esperanza. Hasta la próxima.

El autor es experto en comunicación corporativa y situaciones de crisis. Cuenta con un MBA del ITESM

Contacto:

Mail: hirampeon@gmail.com

Twitter: @Hirampeon

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