Desestima Gobierno estimular el crecimiento como prioridad ante debilidad de la economía.- CEESP
de 2022.- A pesar de la debilidad de la economía, la prioridad del gobierno no parece ser estimular el crecimiento, consideró hoy el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, CEESP, en su Análisis Económico Ejecutivo, Mayo 2022.
Las medidas para reducir costos, elevar la oferta y mejorar el funcionamiento de los mercados que contempla el PACIC deberían estar en la agenda permanente del gobierno, entre muchas otras
El gobierno debe mejorar su actitud ante la inversión privada nacional y extranjera y realizar proyectos con rentabilidad económica y social.
Mantener en el tiempo la salud de las finanzas públicas requiere el fortalecimiento de las fuentes de recursos públicos recurrentes.
Desde marzo el gobierno subsidia los precios de los combustibles, primero como promesa de campaña y ahora como una estrategia del PACIC. No está claro que ese sea su mejor uso.
REACTIVACIÓN ECONÓMICA Y SOSTENIBILIDAD FISCAL
¿OBJETIVOS DEL GOBIERNO?
Como ya se ha señalado, aun cuando hay algunas mejoras en los indicadores de la economía, en la mayoría de los casos no son suficientes para recuperar lo perdido en 2019 y 2020 y las expectativas continúan deteriorándose .
En este contexto es razonable preguntar: ¿Qué está haciendo el gobierno para facilitar la reactivación de la economía?
Hasta ahora el indicador global de la actividad económica (IGAE) está prácticamente estancado: en febrero se mantuvo sin cambio. La inversión, el principal motor del crecimiento, sigue a la baja: en febrero cayó 3.0% respecto al mes previo, lo que si bien permitió un incremento anual de 1.5%, se sitúa 15% por debajo de su nivel de julio del 2018.
Relacionado con ello, preocupa la evolución de la inversión pública. En el primer trimestre del año se canalizaron 152.5 mmp a inversión física, monto que resultó 8.0% menor al del mismo periodo del año pasado y 33% inferior a lo programado. Evidentemente, esto contrasta con el aumento de 17.7% que se planeó en el Presupuesto de Egresos para la Federación (PEF) para todo 2022.
Por su parte, algunas de las medidas que contempla el Paquete Contra la Inflación y la Carestía (PACIC) para mitigar las presiones inflacionarias pueden funcionar mediante la reducción de los costos de la actividad económica y el estímulo de la oferta. Desde luego, ello significaría un funcionamiento más ágil de los mercados.
No obstante, dichas medidas podrían: 1) ser más amplias y considerar un esfuerzo significativo de alivio y mejora regulatoria, así como apoyos temporales a algunos segmentos ; y 2) más importante aún, las medidas para reducir costos, elevar la oferta y mejorar el funcionamiento de los mercados deberían estar en la agenda permanente del gobierno, ante la necesidad de reactivación de la economía.
Aquí es preciso reiterar, como se ha hecho en este espacio en múltiples ocasiones, la necesidad de que el gobierno adopte una actitud más amigable ante la inversión privada nacional y extranjera en todos los sectores, y particularmente en energía, y aquellos complementarios con la industria en EUA. Esto último para acelerar el aprovechamiento de las ventajas de la relocalización de actividades globales y las de ese país.
Desde luego, también se debería reactivar la inversión pública en programas con rentabilidad económica y social y de infraestructura pública que permitan bajar los costos de la actividad económica.
Por su parte, la situación financiera del sector público no muestra desequilibrios importantes por ahora. Pero conviene preguntarse ¿Qué se está haciendo para fortalecer las fuentes recurrentes de recursos públicos y hacer sostenible la salud fiscal?
En cuanto a los ingresos públicos, la debilidad de las fuentes de recursos recurrentes es clara, aunque también es cierto que el Sistema de Administración Tributaria (SAT) ha podido compensarla mediante una mayor eficiencia recaudatoria.
En el futuro se requerirá fortalecer los ingresos recurrentes del Gobierno Federal, que son los más importantes. Para ello será necesario instrumentar medidas que hagan su recaudación cada vez más eficiente y se eviten prácticas que inhiban el incumplimiento de las obligaciones de los contribuyentes.
Desde 2020 el SAT implementa la estrategia “ABC” , que consta de “acciones que permiten identificar oportunamente omisiones o inconsistencias en el cumplimiento de obligaciones, así como llevar a cabo acciones de cobranza coactiva”. Así, en el primer trimestre del año se obtuvieron 46.3 mil millones de pesos (mmp) adicionales por concepto de eficiencia recaudatoria, 63.8% real más que en el mismo lapso del año pasado.
La recaudación tributaria depende en gran medida del crecimiento de la economía. No obstante, en vista del bajo dinamismo y la fragilidad de las expectativas de crecimiento, preocupa que no alcance los niveles previstos en la perspectiva oficial para los próximos años.
Ingresos recurrentes como los de IVA siguen cayendo (9%) y no está claro que la eficiencia recaudatoria mantenga las tasas de crecimiento del ISR hacia adelante.
Ante la escasez de más reservas de recursos no recurrentes como fondos de contingencia y fideicomisos, aumenta el riesgo de un menor gasto o de un mayor déficit. Esto hace necesario considerar planes para reforzar los ingresos fiscales recurrentes.
Paradójicamente, mientras que el fisco agota las reservas y recursos no recurrentes para contingencias, se han presentado ingresos públicos excedentes de importancia como resultado de los elevados precios del crudo.
El gobierno desde el mes de marzo decidió gastar dichos excedentes para subsidiar los precios de los combustibles y cumplir así con una promesa de campaña. Posteriormente, lo puso en la mesa como contribución en el marco del PACIC para aliviar la inflación.
Pero, cabe cuestionar, ¿es ese el mejor uso de dichos recursos en un entorno de fuertes necesidades en temas como seguridad pública, educación o salud? Incluso podría pensarse en un programa temporal de subsidios en especie (como vales) para quienes sufren más los estragos de la inflación. Ello en contraste a subsidiar los combustibles, que es una medida regresiva que ayuda más a la población de ingresos más elevados.
En este entorno ayudaría, sin duda alguna, un cambio de actitud del gobierno y la realineación de sus objetivos a facilitar la inversión y el crecimiento y, así, permitir una mejora sostenible del bienestar de los hogares.
México
Durante abril los precios al consumidor registraron un incremento de 0.54%, que fue el más alto para el mismo mes desde 2002, respondiendo principalmente al alza de 0.78% en los precios del indicador subyacente, dentro del que destacó el aumento de 1.03% en el rubro de alimentos, bebidas y tabaco. El indicador de precios no subyacente, por el contrario, disminuyó 0.14%, en buena medida como consecuencia de la baja de 1.53% en los precios de energéticos, en especial debido a la disminución de 12.3% en las tarifas eléctricas por el inicio del programa de tarifas de temporada cálida. Sin embargo, a pesar de que la gasolina de bajo octanaje tuvo un alza de 1.3%, fue el segundo genérico con mayor incidencia en el indicador general de precios. Con estos resultados, la inflación anual se elevó a 7.68%, y la subyacente a 7.22%, que en ambos casos fueron las tasas más altas desde enero del 2001. La inflación no subyacente fue de 9.07%.
Después de que la Junta de Gobierno evaluó la dimensión y heterogeneidad de los factores que afectan la inflación, y el riesgo de que afecten las expectativas, consideró conveniente incrementar en 50 puntos base el objetivo de tasa de interés interbancaria a un día y ubicarla en 7.0%.
Durante marzo, el indicador de la producción industrial registró un avance de 0.4%, porcentaje que además de ser notoriamente inferior a la estimación que publicó el INEGI a través de su indicador oportuno de la actividad económica (IOAE), refleja el estancamiento de la actividad productiva del país. El mejor desempeño durante el mes lo tuvo la industria de la construcción que repuntó 3.7%, seguido del aumento de 2.3% en la generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas por ductos al consumidor final. Por el contrario, la minería se contrajo 0.6% y la industria manufacturera lo hizo en 0.2%. Respecto al año pasado, la producción industrial creció 2.4%, sin embargo, se mantuvo 1.4% por debajo de su nivel prepandemia.
Estados Unidos
El Departamento del Trabajo informó que durante abril los precios al consumidor aumentaron 0.3%, porcentaje visiblemente inferior al del mes previo (1.2%), pero ligeramente por arriba de la estimación del mercado que anticipaba un alza de 0.2%.
El índice de alimentos se elevó 0.9%, después de que un mes antes lo hiciera en 1.0%. Por su parte, el índice de precios de energía disminuyó un 2.7%, después de que el mes previo tuviese un alza de 11.7%. La principal razón de este comportamiento fue la disminución de 6.1% en los precios de las gasolinas, después de que en marzo aumentaran 18.3%.
Al excluir alimentos y energía, el indicador subyacente de precios aumentó 0.6%, el doble del alza en el mes previo y superior al pronóstico del mercado que preveía un aumento de 0.4%.
Respecto al año pasado, la inflación general fue de 8.3%, la segunda más alta después del alza del mes previo, desde inicios de 1982. La inflación subyacente fue de 6.2%.
Reportacero