Destaca México por acero de bajas emisiones: CRU
Por César Sánchez
La industria siderúrgica de México se ha convertido en una de las más eficientes del mundo en términos de emisiones de carbono, con una intensidad de apenas 0.79 toneladas de CO₂ por tonelada de acero crudo, significativamente por debajo del promedio global de 1.34 toneladas, de acuerdo con un estudio elaborado por la consultora internacional CRU Group para la Cámara Nacional de la Industria del Hierro y del Acero.
El análisis, presentado este 12 de marzo, en la 78 Asamblea de la CANACERO, muestra que la siderurgia mexicana emite alrededor de 40 por ciento menos CO₂ que el promedio de las principales regiones productoras y 127 por ciento menos que China, el mayor productor mundial de acero.
El desempeño ambiental de México se explica principalmente por su estructura tecnológica basada en hornos de arco eléctrico (EAF) que utilizan chatarra como insumo principal, explicó Juan Brihet consultor de CRU.
Brihet destacó que más del 90 por ciento del acero producido en el país proviene de esta ruta tecnológica, considerada una de las más limpias en la industria, con una intensidad aproximada de 0.44 toneladas de CO₂ por tonelada de acero, muy inferior a la de procesos tradicionales basados en altos hornos.
El estudio también señala que México tiene un volumen total de emisiones relativamente bajo dentro del sector global. En comparación, China emite cerca de 225 veces más CO₂ que México en la producción siderúrgica debido a su enorme escala de producción y mayor dependencia de tecnologías intensivas en carbono.
En América del Norte, el desempeño mexicano también destaca. Según el reporte, Estados Unidos emite alrededor de 13 por ciento más CO₂ por tonelada de acero, mientras que Canadá supera a México en cerca de 41 por ciento en intensidad de emisiones.
En otras regiones, la diferencia es mayor: Europa emite 94 por ciento más, Brasil alrededor de 100 por ciento más, y China 127 por ciento más por tonelada producida.
Además del uso intensivo de chatarra, México cuenta con otra ventaja estructural: la producción doméstica de hierro de reducción directa (DRI), que también reduce la intensidad de carbono frente a procesos tradicionales.
No obstante, el estudio identifica oportunidades para mejorar aún más el desempeño ambiental. Una de ellas es la transición hacia una matriz eléctrica más limpia, ya que parte de las emisiones de alcance 2 —relacionadas con el consumo de electricidad— dependen de la generación energética del país.
Si México amplía la participación de energías renovables en la red eléctrica, podría reducir aún más la huella de carbono de su acero, reforzando su ventaja competitiva frente a otras regiones.
Los analistas de CRU consideran que este posicionamiento coloca a México en una posición estratégica ante los nuevos esquemas globales de regulación climática y comercio de carbono, particularmente en Europa y Norteamérica.
Con políticas adecuadas para impulsar energías limpias y asegurar el suministro de chatarra, el país podría consolidarse como un hub de producción de acero de bajo carbono para América del Norte, especialmente para abastecer al mercado de Estados Unidos.