INTERNACIONALES

Líbano, una crisis multidimensional

31 oct 2019.- Las dos semanas de protestas que ha vivido Líbano y llevaron a la caída de su gobierno regresaron al primer plano mediático a este país, asolado por la guerra civil iniciada hace más de 40 años y presionado por la afluencia de refugiados sirios y palestinos.

También con deficiencias en su administración, Líbano se encuentra rodeado de conflictos y su única salida en calma es el Mediterráneo, al occidente. Hacia el sureste colinda con Israel y al sur con Jordania, pero la mayor parte de su frontera desde el sureste hasta el norte es con Siria, que el pasado marzo cumplió ocho años de guerra civil, agravada por la presencia del Estado Islámico (EI).

De esa vecindad surgió el primer contingente de refugiados provenientes de Palestina, unos 127 mil según cifras de Naciones Unidas en 1950. A través de los años la cifra se ha triplicado, hasta representar el 10 por ciento de la población libanesa, pero nunca se han resuelto los fuertes problemas de asimilación que enfrentan los palestinos.

Sin embargo, el principal contingente de refugiados hoy es de sirios, que, de acuerdo con el plan de respuesta a esa situación por parte de Naciones Unidas, sumaba 1.5 millones de personas en 2017, el triple de los palestinos.

La situación de esta población ha presionado con fuerza todas las esferas de la vida libanesa. Las necesidades de los desplazados y las comunidades que los han recibido han sobrepasado al gobierno libanés, señala el referido documento de Naciones Unidas.

Pese a ello, la problemática situación que vive el país en las últimas jornadas no es responsabilidad de los refugiados. Su presencia se suma a las secuelas de la guerra civil iniciada en abril de 1975, la cual dividió al país entre los maronitas en el norte y grupos drusos, musulmanes y palestinos en el sur.

En esa época se registró la intervención de diversas fuerzas regionales. Israel atacó el sur del país, en manos drusas, musulmanas y palestinas, y finalmente protagonizó una invasión en 1982, que se extendió por tres años.

Los efectos de esta guerra fueron particularmente desastrosos para Líbano. Beirut y la infraestructura del país quedaron virtualmente destruidas, recuerda La Guía del Mundo, texto de referencia sobre la situación internacional.

Fue en marzo de 1989 cuando comenzó la reestructuración institucional política de Líbano, con el acuerdo constitucional, entre otros, de que hubiera paridad en el Parlamento entre cristianos y musulmanes; una paridad que se conserva a la fecha.

Asimismo, de acuerdo con la carta magna libanesa, la presidencia debe ser ocupada por un cristiano, el cargo de primer ministro por un musulmán sunita y la presidencia del parlamento por un chiíta.

Las secuelas de la guerra civil más la atención a los refugiados -renglón donde ha apoyado la comunidad internacional- crearon una prueba para los gobernantes libaneses que, en opinión de 1.5 millones de personas que se estima salieron a las calles en las protestas, simplemente reprobaron.

A todo esto, se deben agregar los efectos indirectos de la actuación del Estado Islámico (EI) o ISIS, que agudizaron la guerra en Siria y pusieron a toda la región en alerta, ante el temor de contagio de los islamistas fundamentalistas que buscaban crear su propio Estado o Califato.

Un análisis de la región de Medio Oriente hecho por los analistas del Banco Mundial (BM) en 2014, señala que en Irak, Líbano, Siria, Jordania y Egipto los efectos de la guerra en Siria y contra ISIS pueden estimarse en 35 mil millones de dólares.

«En otras palabras, el tamaño económico acumulado de estas economías, medido por su producto interno bruto (PIB), podría haber sido unos 35 mil millones más grande de no haberse producido la guerra”, señalan Elena Ianchovichina y Maros Ivanic, del BM. «¡Estos costos totales de la guerra son iguales al tamaño del PIB de Siria en 2007!”, precisan en un blog del organismo internacional.

Sobre los ingresos en el caso específico de Líbano, el promedio del PIB per cápita ha caído 11 por ciento, lo cual significa que los ingresos totales han aumentado menos que el tamaño de la población, hecho de repercusiones negativas en las condiciones de vida.

La guerra en Siria y contra el Estado Islámico (EI) ha hecho que los trabajadores libaneses, al igual que los turcos, salgan perjudicados porque los refugiados han aumentado la demanda de productos y aumentado los precios, además de que la oferta de mano de obra también creció.

Esos mismos enfrentamientos han repercutido en la disminución del comercio interregional y pausado la integración comercial del área, agregan las especialistas del BM, que llaman a considerar también en cualquier análisis los costos fiscales de atender a los refugiados.

Cifras más actualizadas confirman la crisis económica en Líbano. De acuerdo con la Oficina de Información Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores de España, Líbano sigue en el ciclo económico bajo que inició en 2010.

Con datos de la consultora Mckinsey, publicados en enero de 2019, el crecimiento del Producto Interno Bruto, que fue en promedio de 9.2 por ciento entre 2006 a 2010, para 2017-2018 alcanzó sólo 1.3 por ciento. A su vez, la deuda pública llegó al 149 por ciento en 2018, lo que mantiene al país como uno de los más endeudados del mundo.

En todo caso, el análisis es difícil. Hay rubros que no pueden contemplarse «dada la ausencia de estadísticas oficiales públicas», como es el caso del desempleo, precisa la oficina diplomática española.

Las cifras apuntan a la necesidad de reformas estructurales que sanen las cuentas públicas y pongan en marcha cambios profundos en agricultura, industria, tecnología y turismo, señala el reporte.

El documento agrega que un factor perturbador es que, si bien Líbano sigue la «política de disociación» en el conflicto sirio, en los hechos el movimiento islámico Hezbolá se ha ido acercando cada vez más al actual gobierno sirio.

Las alzas de impuestos anunciadas por el ex primer ministro Saad Hariri, identificadas como detonantes de las protestas, constituyeron la típica «gota que derramó el vaso». La decisión de imponer impuestos a llamadas vía internet, en un país con deficiente infraestructura, fue un hecho que alimentó sobremanera esa gota.

La renuncia de Hariri, una de las demandas centrales de los manifestantes, no garantiza por sí misma que las situaciones descritas vayan a solucionarse. Más bien, puede que tribute a que se mantenga el cuesta arriba libanés.

(Notimex)

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