Colaborador Invitado

Algunas reflexiones sobre la Reforma Fiscal y su impacto sobre la gente

Por Edgar Rivera*

Las reformas estructurales planteadas por la administración del Presidente Peña Nieto se están llevando los encabezados de la mayoría de las páginas financieras y de negocios de este y casi todos los diarios en el país que buscan informar sobre el tema a sus lectores.

Así oímos sobre la reforma educativa, que está haciendo que nuestros hijos que asisten a primaria se ausenten un viernes de cada mes, en la mayoría de los planteles educativos de México, según nos dicen para cumplir con las nuevas reglas de evaluación para los maestros. Pero en simultáneo nuestros co-nacionales del Distrito Federal son víctimas de marchas de muchos maestros que no están de acuerdo con esta reforma, que ya está aprobada por nuestros legisladores.

Por otra parte, lo que escuchamos sobre la reforma energética, son expectativas de generación de nuevos empleos, que van desde los 500 mil hasta 2.5 millones de plazas, según lo prometió a los industriales de Nuevo León, el director de Petróleos Mexicanos, Emilio Lozoya, en reciente visita a la entidad, pero lo mejor de aquí, son los límites y cuidados a la gestión de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), buscando que el servicio eléctrico nos cueste más barato a todos los mexicanos.

Pero ¿qué pasa con la reforma fiscal? ¿Tiene usted alguna idea por qué está generando un costo político muy alto a la administración del Presidente Peña Nieto? Bien aquí vale la pena reflexionar un poco e ir más allá de cómo nos podría impactar al promedio de los mexicanos, a la clase media, baja o alta, en donde generalmente se apalancan este tipo de reformas fiscales.

Bajo la visión de mucha gente, la respuesta más obvia será que el que pague los platos rotos al final sea el consumidor final, ya sea el de productos como los refrescos, o del que renta una casa; o del que decide ir a un espectáculo, como el fútbol o los toros, o de quien planea comprar un auto nuevo o de adquirir una joya que tenga un metal precioso como el oro o la plata. Y esa historia amigo ya nos la sabemos, seremos usted y yo, que como consumidores finales pagaremos un mayor precio, si algunas de las propuestas en esta reforma son autorizadas por nuestro poder legislativo, entiéndase, diputados y senadores, que es dónde se encuentra ahora la resolución final a esta reforma fiscal.

Pero para dimensionar y entender el impacto de la reforma fiscal en nuestro bolsillo, pongamos un simple ejemplo, y precisamente con un producto tan básico, como es el refresco., que los consumen millones de mexicanos.

Hoy por hoy, con el argumento de que este producto tiene que ser gravado porque es una bebida calórica, que en teoría fomenta la obesidad, ya que está endulzada con azúcar, y por ello, justifican nuestras autoridades de la Secretaría de Hacienda, tiene que recibir un impuesto al consumo de 1 peso por cada litro de refresco.

Pero, ¿Sabe usted, si acaso es consumidor de refresco, cuánto le repercutirá en su bolsillo este impuesto? Pues bien para el caso de una presentación de tres litros, que cuesta en promedio como 20 pesos, el impacto será de 0.35 pesos por cada litro, según nos explica la Asociación Nacional de Productores de Refrescos y Aguas Carbonatadas (ANPRAC), que dirige Emilio Herrera Arce.

Esto significa que si hoy se aprueba este impuesto, los consumidores de refrescos pagarían por cada botella de tres litros la cantidad de 21.05 pesos, y esto amigos tal y como lo ha señalado la ANPRAC a todas luces es inequitativo y hasta trivial, porque se va por el camino fácil.  Pero lo más interesante de esto es que la “solución” que hasta ahora se está logrando, según nos dice la ANPRAC, es que el impuesto no se vaya por únicamente con el litro de refresco, sino también por el uso de kilogramos de azúcar, y en palabras de voceros de la propia ANPRAC. el tema ya no pareciera ser tan grave, para las refresqueras, porque ahora el cargo será compartido por otras industrias, como las panificadoras, sólo por mencionar algunas, que utilizan a el azúcar como insumo, y con ello el cargo de 1.05 pesos por el impuesto del refresco, ahora sería compartido con un impuesto también al pan que utilice azúcar, y de nuevo quién pagará?, si, ya atinó, pues usted o yo, o todo aquel consumidor que en su canasta de consumo tenga el pan de dulce.

Podríamos poner más ejemplos, con mayores impactos que el de los refrescos, como los que me comparte mi colega economista, el Dr. Abel Hibert, presidente del Colegio de Economistas de Nuevo León.

“El impacto de la reforma fiscal para el contribuyente que ingresa de 20 a 25 mil pesos en promedio, principalmente se dará a través del IVA, que antes no se tenía en servicios de educación como el pago de colegiaturas (de entre 11 y 16%) o de la renta de inmuebles o hipotecas (de 16%), y sería equivalente a un mes de su sueldo en el año, esto es hasta 25 mil pesos, por el pago de estos nuevos impuestos. Es decir, se tendría que trabajar un mes más para el fisco en el año.

“Y en el caso del contribuyente que ingresa alrededor de 38 mil pesos mensuales, o sea 456 mil pesos anuales, Hacienda les está limitando las deducciones, al 10% de su salario o dos veces el salario mínimo, y más allá de esto, si se tiene la “suerte” de ganar más de 500 mil pesos, además del límite de deducciones, el premio que se tiene es que se pasa de una tasa de Impuesto Sobre la Renta (ISR) de 30 a 32%”, explica Hibert.

¿Seguimos con más ejemplos?, creemos que no, con esto es suficiente. Para darnos cuenta que esta reforma parece ser una broma de mal gusto para el contribuyente cautivo y formal, otra vez, gente como usted.

Amigo, lector lo más grave de la reforma, que para muchos expertos en economía es miscelánea fiscal, porque es netamente recaudatoria para financiar un gasto de gobierno que no sabemos en qué se va hacer o que si nos enteramos nos da más coraje que se gaste en dispendios innecesarios, a costa suya y mía.

No lo grave, no es que se nos pida pagar más impuestos, si no que la carga sea sobre los mismos, la gente común y corriente, como usted y como un servidor, a la que siempre nos cargan la mano, y de nueva cuenta la queja de muchos es “que no se amplió la base gravable y si se aprueba se corre el gran riesgo de pérdidas de empleo, desempleo y recesión”, le parece nuevo esto, ¿dónde lo hemos oído?

Pues bien, quiere saber ¿quién tiene la culpa de esta broma del gusto?, también en este caso usted o yo, que no hemos hecho lo suficiente para exigir a nuestros legisladores, que hagan bien su trabajo y que nos representen bien al momento de evaluar los impactos de esta miscelánea fiscal, usted tuvo la oportunidad cuándo votó en las pasadas elecciones por la actual administración del Presidente Peña Nieto, y ahora estará pagando la factura, reflexione en ello, pero hay quien diría, que ahí ganó un proceso democrático, y pudiera ser cierto, pero ahora toca la oportunidad del contrapeso al poder legislativo, en una democracia como la que se dice que vivimos en México, en dónde los legisladores que seleccionamos en las pasadas elecciones hagan bien su trabajo y analicen esta reforma con la conciencia y compromiso que les deben a los ciudadanos que votamos por ellos, y no sirvan a sus intereses partidistas, que los hacen vivir a costa del pago de nuestros impuestos.

En otras palabras, el balón está en su cancha y ya sabremos después del 20 de octubre si hicieron bien su trabajo como legisladores. Insisto, en su gestión de contrapeso contra el poder ejecutivo, los legisladores deben ser transparentes y rendirnos cuentas a usted y a mí, sino su conducta será cínico.Y si no cumplen, por favor no deje pasar la oportunidad de las próximas elecciones, dentro de dos años, en donde el poder de su voto será su principal arma.ESTAREMOS AL PENDIENTE.

 

*El autor es economista de la UANL y tiene el grado Maestro de Análisis Político y Medios de Información por la Escuela de Graduados de Administración Pública (EGAP) del Tecnológico de Monterrey.

 

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