Colaborador Invitado

El México asesinado y los ciudadanos cómplices

La elección presidencial es entre una una outsider y avalar el segundo paso del castrochavismo como lo hicieron los venezolanos en 2006, pero los partidos, medios de comunicación y encuestadoras viven en 2018 y a los ciudadanos les vale madre

ACCIONES Y RAZONES/Efraín Klériga/Mayo 10, 2024

Los mexicanos no entienden el País que viven, eso no es nuevo pero sí grave. Al igual que encuestadoras, medios de comunicación, especialmente los medios líder, no entienden que México vive una elección inédita pero no por la cantidad de elecciones.

La elección presidencial no es entre el oficialismo y oposición, los partidos hoy más que nunca son membretes, asociaciones delictuosas que detentan el monopolio electoral, y solamente funcionan para gastar dinero público y avalar, regalar o vender candidaturas.

La decisión ciudadana no es entre nutrir a la oposición o dejar al país en las garras de Andrés Manuel López Obrador, sino entre conservar una democracia muy imperfecta o dar el segundo paso hacia el castrochavismo, como lo dio Venezuela al reelegir a Hugo Chávez en 2006.

La elección presidencial es entre una candidata ciudadana que no milita ni ha militado en partido alguno, y la candidata que el presidente Andrés Manuel López Obrador eligió hace al menos dos años para cubrirle las espaldas y dejarlo ser la eminencia gris.

Morena no es un partido, es realmente la secta del presidente, actúa como la camorra del gran ductor quien señala lineamientos, escoge candidatos y decide cuándo se deben defender ideas de izquierda y cuándo acciones fascistas, y cuándo simplemente contar cuentos de hadas.

Xóchitl como presidenta no será la “primera panista del país”, ni la primera priista ni la primera perredista, es más, luce que será el azote de corruptos como Marko Cortés, Alito Moreno y otros a quienes el País les vale Wilson y sólo les importa es su propia circunstancia.

En 1970 Alvin Toffler publicó el “Shock del Futuro”, trauma definido como la confusión psicológica por «demasiado cambio en un período de tiempo demasiado corto», y ahora los cambios de la tecnología aumentan y aterrizan a lo político, la economía y lo social.

Y eso pasa, México vive cambios propiciados por la caótica administración del macuspano; también los cambios en el entorno internacional que amenaza con el holocausto; vive cambios de una tecnología que usa pero no entiende, vive el peligro de carteles que ya son paramilitares.

Eso le pasa a México: Ciudadanos, políticos, medios de comunicación, casas encuestadoras, incluso las agrupaciones de empresarios, quienes saben que es una outsider no la hija putativa de partidos políticos que la registraron y se van a empoderar con un voto ajeno.

Los principales medios de comunicación hablan de “la candidata de la oposición” y Xóchitl sólo representa a los ciudadanos sin partido, a quienes se unen algunos priistas y panistas que entran en manada, y los perredistas que sobreviven.

Los principales medios hablan de “la candidata de Morena”, pero Morena no existe y por eso cada candidato da su versión. Sin embargo medios y encuestas usan los lineamientos que aprendieron en el camino de un periodismo medio gánster y medio dogmático.

Los partidos “de oposición” son hoy por hoy los membretes que le dieron el registro a la candidata quien ganó el cargo con el apoyo de un millón de ciudadanos hartos de López, pero también hartos, en muchísimos casos, del PAN, PRI y PRD, pero más de AMLO

Las encuestas con su tecnología vigesimónica que mezcla en una sola tendencia a ciudadanos que no respondieron con los porcentajes de los que sí respondieron y que, utilizan técnicas ancestrales como preguntar con una papeleta el: “Si hoy fueran las elecciones…”

No estamos en 2018 cuando pese a su corrupción Enrique Peña Nieto confrontaba a una oposición auténtica que lo obligaba a respetar el marco legal y las encuestas medianamente funcionaban, estamos en una narcodictadura en ciernes donde el miedo es un sentimiento común.

Ante una encuesta muchos mienten porque no saben si le contestan a un “Cerdo de la Nación” quien creen les puede quitar el apoyo oficial, y más de la mitad ni siquiera responden a la encuesta. Aún así las encuestadoras dan números y los medios los usan como “información”.

Eso pasa porque el 90 por ciento de los medios son gacetilleros, noteros que muy rara vez realizan notas de investigación, que raramente justiprecian la información y que obligan a sus reporteros a cuotas de eventos reales y la mayor parte insustanciales, para llenar el espacio.

Los medios de comunicación en México nunca han sido buenos, son medios noteros, medios de frases hechas, medios acostumbrados a exagerar y acostumbrados a recolectar beneficios por debajo de la mesa. Y hoy, hoy, hoy, lo exhiben.

Parafraseando a Manuel Machado diría que hay una generación de mexicanos que a vivir empieza, entre un México colapsado y una sociedad que bosteza: Entre los dos han de helar el futuro a esas nuevas generaciones y juegan irresponsablemente con el bien del País.

Lamentablemente son esos jóvenes de quienes depende el futuro, precisamente de los jóvenes, al parecer ni lo ven ni lo oyen, pero si no luchamos todos por México, es seguro que México no va a luchar por nosotros.

Yo me preguntaría cuántos ciudadanos están consciente de que ya vivimos al borde del fin del mundo, con malos escenarios en política, local e internacional, economía complicadísima, un entorno físico o medioambiente al borde del colapso y un país empobrecido.

Al igual que en Venezuela la esperanza de vida de los mexicanos ha caído, la generación de energía se ha estancado; la nueva inversión foránea ya se retajo porque el gobierno ataca la propiedad privada, no brinda certeza jurídica ni tiene infraestructura ni energía suficiente.

Al igual que en Venezuela a los críticos del gobierno se les aplasta con todo el poder de la Presidencia y del narcotráfico, o con cadenas de bots y medios parásitos como La Jornada, los medios electrónicos oficiales o youtuberos.

Como en Venezuela Andrés Manuel Chávez ha mermado la capacidad institucional para que las elecciones se dificulten, metió corruptos al INE, le quitó magistrados al Tribunal Electoral, dejó cojo al Instituto de Transparencia y ataca con todo a la Suprema Corte de Justicia.

Al parecer sólo un reducido grupo de ciudadanos han entendido que las elecciones no son entre la candidata oficialista y la “candidata de la oposición” como absurdamente la llaman. Son entre seguir como república democrática o volvernos “bolivarianos”

Vamos repartiendo culpas: La responsabilidad de que las elecciones se celebren un medio contaminado por la violencia sin seguridad ciudadana, es del presidente enano y de la peor titular de Seguridad, una de esas 10% de capacidad.

La responsabilidad de si México pierde las elecciones, será del 30 por ciento de ciudadanos que nunca bota y quienes mientras tengan para la caguama y la carne asada, o al menos para el taquito de frijoles, lo demás les vale madre.

User007@mxpress.mx

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