Enfrenta industria siderúrgica de Argentina situación de crisis ganando eficiencia
22 de enero de 2026.- Carmelo César Laise, gerente de operaciones logísticas en una empresa siderúrgica dijo, al referirse a los desafíos de su sector, que “transportar paquetes de varias toneladas a zonas urbanas densas implica restricciones de acceso, maniobras complejas y riesgos operativos”.
En esta entrevista, comparte su mirada sobre la transformación del modelo logístico, el rol del acero en la vida cotidiana, las particularidades operativas y la importancia de una cultura orientada al cliente.
¿Cómo cambió el vínculo entre producción, stock y demanda?
Hace algunos años, el cliente tenía altos niveles de stock. Hoy eso cambió. El modelo pasó a ser mucho más reactivo y ajustado a la demanda. Se compra lo que se necesita cuando se necesita.
En la industria siderúrgica esto implica un desafío enorme. Hay productos básicos que no pueden faltar, pero también pedidos especiales que requieren adaptar procesos productivos y logísticos.
La industria necesita una reconversión urgente, porque el mercado cambió, aparecieron nuevos competidores y el servicio pasó a ser el principal diferencial.
¿Qué lugar ocupa la industria siderúrgica en la vida diaria de las personas?
El acero es un driver fundamental del desarrollo. Sin acero, el mundo no se construye. Es un material noble, reciclable y central en la infraestructura, la construcción y la industria.
El modelo siderúrgico es, en esencia, un modelo de reciclaje. La chatarra se transforma nuevamente en acero y vuelve al circuito productivo. Edificios, estructuras, vehículos y productos cotidianos tienen al acero como base. Más allá de que existan materiales alternativos, el acero sigue siendo clave por su ductilidad, resistencia y versatilidad.
¿Cuáles son las principales complejidades logísticas del sector?
La complejidad logística no está solo en el producto, sino también en la cultura organizacional. Históricamente, la industria siderúrgica no estuvo plenamente orientada al cliente como sí ocurre en sectores de consumo masivo. Eso está cambiando, pero todavía hay camino por recorrer.
Desde lo operativo, se trata de un área pesada, riesgosa y voluminosa. El manejo del producto implica cargas suspendidas, grandes pesos y un foco absoluto en la seguridad. El objetivo siempre debe ser cero accidentes.
Además, la eficiencia es crítica: un camión detenido es pérdida de dinero. Por eso, cargar de forma segura, eficiente y rápida es central en la gestión logística.
¿Cómo impacta la última milla en este tipo de operaciones?
La última milla es uno de los mayores desafíos. Transportar paquetes de varias toneladas a zonas urbanas densas, como el centro de una ciudad, implica restricciones de acceso, maniobras complejas y riesgos operativos.
Muchas veces, el problema no está en la preparación del pedido, sino en el punto final de entrega. Por eso aparecen soluciones como centros de distribución intermedios y procesos de corte y doblado, que permiten entregar el material adaptado a la obra y reducir tiempos y riesgos en destino.
Es un servicio más caro, pero es un servicio a demanda, personalizado, que agrega valor al cliente.
¿Qué rol juega la logística en este nuevo escenario?
La logística es el gran habilitador del cambio. Permite acercarse al cliente, reducir tiempos, optimizar costos y ofrecer soluciones más ajustadas a cada necesidad.
La proliferación de centros de distribución no es casual: responde a la necesidad de proximidad con el mercado. El beneficio aparece en ese delta entre tiempo, servicio y costo.
¿Qué filosofía personal aplicas en tu trabajo y en la gestión de equipos?
Mi filosofía es siempre dar un poco más que el resto. No desde la comparación con otros, sino desde la superación personal. Competir conmigo mismo.
Trabajo mucho en la construcción de equipos de alto rendimiento, estimulando a las personas a crecer. Busco rodearme de profesionales formados, con visión, que en algún momento puedan incluso ocupar mi lugar. Para mí, liderar es impulsar a otros a avanzar.
Reportacero