Es inversión debilidad estructural del modelo económico.- IDIC
10 de febrero de 2020.- De acuerdo con José Luis de la Cruz Gallegos, Director General del Instituto para Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico, IDIC, la inversión en México es una debilidad estructural del modelo económico
Explica que en noviembre la inversión retrocedió 2.8%, su décima caída consecutiva y la doceava en trece meses, con lo que el promedio acumulado en 2019 fue de menos 5.1% y de menos 5.3% en lo que va del sexenio. El más bajo desde el sexenio de Vicente Fox.
En función se refrenda tanto la debilidad coyuntural como estructural de la inversión:
En el primer caso no se interrumpe la tendencia a la baja iniciada en
agosto del 2018.
En el segundo, el nivel actual de la inversión es similar al del 2008, lo cual representa una década pérdida en la materia con la consecuencia natural que ello tiene sobre el crecimiento económico de México y la desventaja que genera en materia de competitividad y productividad a nivel global.
El (-) 5.1% registrado en 2019 es inferior al modesto promedio de 1.7% contabilizado entre el 2001 y el 2018.
Durante noviembre la inversión en construcción cayó (-) 2.4% (el promedio del año fue de -3.8%). Por su parte la inversión en maquinaria y equipo se contrajo (-) 2.5% (el promedio del 2019 fue de – 6.8%).
Si bien la información preliminar que se tiene del informe de finanzas públicas de diciembre y de las importaciones de bienes de capital del mismo mes hacen previsible que la inversión del último mes del 2019 mismo mes hacen previsible que la inversión del último mes del 2019 alcance un mejor resultado, ello no modificara la situación de debilidad estructural que se observa en los últimos años.
En este sentido, se debe recordad que la inversión representa la puerta de entrada y el tipo de sendero que recorrerán los países hacia el futuro: el promedio de inversión de sólo 1.7% fue producto de seis años de tasas negativas y otros tres en donde el aumento apenas rondó el 1%.
Es la explicación del grado de precariedad que se vive y muestra la persistencia de la lógica del modelo económico vigente desde hace 40 años: el sacrificio de la inversión para mantener finanzas públicas “contablemente” sanas y la falta de un programa eficaz de aumento en la inversión privada.
Lo descrito es algo paradójico tanto por las necesidades de infraestructura, vivienda y desarrollo económico que tiene la nación como por el hecho de que la inversión es el único camino para poder aumentar la productividad y competitividad de la economía mexicana en un momento que se vive la conocida como “4ª Revolución Industrial.”
El proyecto de nación requiere una industrialización acelerada del país, inversión en infraestructura, en educación, innovación tecnológica, el fortalecimiento de las empresas nacionales estratégicas y en la gestación de nuevas unidades económicas innovadoras.
Dicho proceso es, por su naturaleza, de mediano y largo plazo, sin embargo, es el único camino para lograr que México se transforme de una gran plataforma exportadora de bajo valor agregado, en una potencia exportadora de productos de alta tecnología con mayor contenido nacional e innovación endógena.
No hay otra opción, el T-MEC, la competencia con China, la 4ª Revolución Industrial (que ya va a la mitad del camino) y las necesidades de crecimiento y desarrollo socioeconómico interno imponen la creación de un programa integral fundamentado en mayor inversión productiva. Ya se conocen los resultados de la ruta de baja inversión.
Reflexión final
Una de las variables estratégicas en cualquier estrategia de política económica aplicada durante los últimos 50 años a nivel global ha tenido a la inversión (con el desarrollo de infraestructura que ello implica, a la innovación tecnológica y a la educación tecnológica, ingenierías y servicios de alto valor agregado) como parte de la columna vertebral de un programa integral de desarrollo. Todo con una visión de mediano y largo plazo, en este aspecto no existen atajos en la historia.
En materia de inversión, el resultado de noviembre pasado vuelve a recordar la fragilidad del crecimiento económico en México: la ausencia de un programa estructural que permita garantizar que los flujos de inversión pública y privada se puedan mantener estables en el tiempo.
La décima caída de la inversión durante 2019 no sólo propició un promedio negativo de (-) 5.1% en los primeros once meses del año, el más bajo para un periodo similar desde la crisis del 2009, también implicó que la inversión se encuentre en niveles similares a los del 2014, una magnitud que tampoco era sobresaliente porque se logró gracias a la lenta recuperación después de la crisis del 2009.
En la práctica, los niveles de inversión actuales apenas son ligeramente superiores a los del 2009: en esencia México vive una década pérdida en materia de inversión.
Lo descrito es el resultado del sacrificio de la inversión por parte del sector público para lograr sus “equilibrios contables” en materia de finanzas públicas, y de no contar con programas de desarrollo industrial e infraestructura que garanticen el crecimiento robusto del país:
Entre el 2001 y el 2019 la variación de la inversión es de únicamente 1.7%, algo paradójico tanto por las necesidades de infraestructura, vivienda y desarrollo económico que tiene la nación como por el hecho de que la inversión es el único camino para poder aumentar la productividad y competitividad de la economía mexicana en un momento que se vive la conocida como 4ª Revolución Industrial.
Se han contabilizado seis años con tasas negativas en materia de inversión.
En otros el incremento ha rondado el 1%, es decir menos del crecimiento de la población.
Ante ello, México debe corregir el rumbo adoptado hace 40 años y refrendado en las primeras dos décadas del siglo XXI: el sacrificio de la inversión representa el mejor camino para exacerbar la precarización social.
El proyecto de nación requiere una industrialización acelerada del país, inversión en infraestructura, en educación, innovación tecnológica, el fortalecimiento de las empresas nacionales estratégicas y en la gestación de nuevas unidades económicas innovadoras.
Dicho proceso es, por su naturaleza, de mediano y largo plazo, sin embargo, es el único camino para lograr que México se transforme de una gran plataforma exportadora de bajo valor agregado, en una potencia exportadora de productos de alta tecnología con mayor contenido nacional e innovación endógena.
No hay otra opción, el T-MEC, la competencia con China, la 4ª Revolución Industrial (que ya va a la mitad del camino) y las necesidades de crecimiento y desarrollo socioeconómico interno imponen la creación de un programa integral fundamentado en mayor inversión productiva. Ya se conocen los resultados de la ruta de baja inversión.
Reportacero