Exportaciones chinas de acero elevan presión sobre la industria latinoamericana
La creciente capacidad industrial de China y el aumento de sus exportaciones de acero están elevando la presión sobre la industria latinoamericana, con posibles efectos sobre la producción, el empleo y las cadenas de proveedores que sostienen la actividad manufacturera en la región.
Jorge Guajardo, exembajador de México en China y especialista en geopolítica y comercio, atribuye parte de esta expansión a la transformación urbana e industrial que experimentó el país asiático durante las últimas décadas.
El desarrollo de ciudades e infraestructura generó una fuerte demanda de acero, cemento, vidrio y otros insumos, lo que llevó a China a ampliar considerablemente su capacidad productiva. Sin embargo, la desaceleración de esa demanda interna ha dejado una capacidad instalada que busca nuevos mercados para colocar sus productos.
China concentró alrededor de 52% de la producción mundial de acero crudo en 2025, con 960.8 millones de toneladas. En ese mismo año, su producción superó en 131.4 millones de toneladas la demanda interna, un excedente cercano al consumo anual combinado de Estados Unidos, México y Canadá.
Esta situación también se refleja en el comercio internacional. Entre 2010 y 2024, las exportaciones chinas de acero crecieron 181% a nivel global, mientras que los envíos hacia América Latina aumentaron 233%, incrementando la competencia para los productores regionales.
De acuerdo con el análisis de Guajardo, la competencia también está marcada por el respaldo estatal a la industria china, mediante apoyos que inciden en factores como los costos energéticos y el financiamiento. El especialista cita estimaciones del Fondo Monetario Internacional que ubican estos apoyos industriales en alrededor de 4.4% del PIB chino.
El endurecimiento de las medidas comerciales en Estados Unidos, Europa y otros mercados puede incentivar que parte de esos flujos busquen destinos alternativos, lo que incrementaría la exposición de América Latina a las importaciones provenientes de China.
La presión externa se suma a una pérdida de peso de la manufactura en las economías latinoamericanas. Según datos del Banco Mundial y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la participación del PIB manufacturero regional disminuyó cuatro puntos porcentuales al comparar el periodo 2010-2023 con 1990-1999.
Guajardo advierte que el riesgo de la desindustrialización no se limita al cierre de plantas. La salida de una empresa puede afectar a proveedores, servicios especializados y trabajadores, además de provocar la pérdida de conocimientos y capacidades productivas que pueden resultar difíciles de recuperar.
Ante este escenario, el análisis plantea la necesidad de fortalecer el monitoreo de las importaciones, anticipar posibles desvíos de comercio y utilizar con mayor rapidez y coordinación las herramientas de defensa comercial.
Ezequiel Tavernelli, director ejecutivo de Alacero, señaló que mantener condiciones de competencia equitativas resulta relevante para preservar el empleo, la inversión y el desarrollo industrial de América Latina, debido a que el cierre de una fábrica puede extender sus efectos al conjunto de la cadena de valor y a las comunidades vinculadas con ella.
El diagnóstico forma parte del análisis “Desindustrialización en América Latina: ¿por qué todo apunta a China?”, elaborado junto con Jorge Guajardo, en el que se examina el origen de la expansión industrial china, sus efectos sobre la región y las alternativas de respuesta para proteger las capacidades productivas latinoamericanas.