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Falso que todo lo anterior estaba mal y hay que cambiarlo de raíz.- CEESP

3 de mayo de 2021.- De acuerdo con el Análisis Económico Ejecutivo del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, CEESP, México tiene grandes oportunidades enfrente, pero se requiere un cambio de actitud hacia la inversión para aprovecharlas.

En las últimas décadas hubo avances importantes que hay que reconocer para aprovechar en la salida de la pandemia. Ciertamente, hubo desaciertos, errores y corrupción, pero eso hay que corregirlo en vez echar por la borda las ventajas logradas.

La planta productiva es más eficiente que hace dos décadas y la pobreza y la desigualdad social son menores.

La narrativa oficial que sostiene que todo lo anterior estaba mal y hay que cambiarlo de raíz es sesgada, incorrecta y a menudo basada en premisas falsas.

El riesgo es regresar a un sistema poco democrático de un partido de estado que resulte en manipulación y exclusión.

En febrero el indicador global de la actividad económica se contrajo 0.3%, una caída anual de 4.0%. Ello, junto con el resultado del indicador oportuno de la actividad económica para marzo (0.8% en el mes) se preveía que durante el primer trimestre del año la actividad económica del país se habría mantenido sin cambio respecto al trimestre previo y que en su comparación anual caería 3.5%. No obstante, la estimación oportuna del crecimiento del PIB que dio a conocer posteriormente el INEGI resultó más favorable. Se estima que en el primer trimestre el PIB creció 0.4% respecto al periodo previo, con una disminución anual de 2.9%.

Otro aspecto que sobresale entre los resultados recientes de las operaciones de intercambio comercial, que puede reflejar ya el efecto positivo del dinamismo de la economía de los Estados Unidos que d se estima que en el primer trimestre del año creció a una tasa anualizada de 6.4%. En este contexto, en marzo el valor total de las exportaciones mexicanas registró un repunte anual de 12.2%, impulsado principalmente por el incremento de 10.2% de las exportaciones no petroleras, con avance de 9.9% de las manufactureras.

Por su parte, el valor de las importaciones tuvo un sobresaliente repunte de 31.4% anual, avance que si bien refleja un rebote tras el débil comportamiento del mes previo -afectado por el problema climatológico que afecto la actividad productiva de los Estados Unidos-, responde ya a una mayor adquisición de insumos y maquinaria y equipo. El valor de la importación de bienes intermedios aumentó 33.8% anual y el de bienes de capital 31.1%.  La aparente reactivación de las importaciones es una buena señal que podría indicar la recuperación de la demanda agregado y de la inversión.

No obstante, aun cuando algunos indicadores muestran una mejora, aún es prematuro pensar en una recuperación sólida.  El estado de la economía mexicana es todavía frágil. Ello refleja en buena medida el impacto de la crisis sanitaria, pero es posible que esta hubiese sido menos agresiva si la economía no hubiese estado ya en un proceso de

desaceleración desde 2019, que terminó en la primera caída del PIB después de nueve años consecutivos con variaciones positivas.

Ya hemos señalado que, sin un compromiso real de las autoridades a fin de recobrar la confianza de la inversión, será difícil aprovechar las oportunidades que se presentan para el país en los próximos años -por la bonanza de la economía estadounidense, las tendencias de relocalización, “nearshoring”, y algunas fortalezas internas-. Sin ese cambio de actitud ante la inversión es poco probable una recuperación importante; podría ser hasta 2023-2024 cuando se recuperen los niveles del producto de 2018.

Mientras que los problemas económicos continúan acumulándose en una combinación perversa con la pandemia, las autoridades culpan de todo prácticamente al “periodo neoliberal” de las últimas décadas.

México sin duda ha tenido que enfrentar dificultades en los últimos 25 años que han llevado a crisis económicas. Algunas provenientes de desaciertos de las políticas internas y otras provenientes de choques del exterior. Pero también es cierto que después de las crisis la recuperación fue expedita y hasta sólida. Cabe señalar que en la última campaña presidencial se prometió erradicar los desaciertos y los problemas estructurales que habían aquejado a la economía, pero hasta el momento no se ha tenido éxito. Incluso, al parecer algunos de esos problemas se han agudizado en los últimos dos años. Se ha generado incertidumbre e inseguridad ante cambios no anticipados de reglas, cancelación de contratos, restricciones regulatorias, reducción de licitaciones públicas en favor de asignaciones directas y no se ha abatido la inseguridad pública, entre otros. Todos esos retrocesos se han reflejado seriamente en el descenso de la inversión privada nacional y extranjera.

La narrativa oficial acerca de cómo la acumulación de males en lo económico, lo político y lo social dejó al país dañado profundamente ha permeado en parte importante de la sociedad, a pesar de ser una visión extremadamente sesgada y en muchas ocasiones simplemente incorrecta y basada en falsedades.

La verdad es que en las últimas tres décadas se hicieron esfuerzos importantes para modernizar la economía y hacerla más eficiente y combatir la pobreza

A lo largo de ese tiempo ha habido avances significativos que se reflejan en los resultados del sistema de Censos publicado por el INEGI. En general se observa un crecimiento moderado pero sostenido de la creación de riqueza en la economía (medida a partir del valor agregado) en las dos décadas más recientes (comparando los censos de 2003 y 2018). Aunque la tendencia de crecimiento de largo plazo es positiva, la crisis financiera global de 2008 junto con la caída del precio del petróleo y la epidemia de influenza en 2009 causaron un decremento del promedio anual del valor agregado entre 2008 y 2013. Pero hacia el 2018 se observa una tendencia de crecimiento sostenido de la generación de valor agregado de las empresas, a pesar de las bajas tasas de crecimiento del PIB en años recientes, con una economía orientada a la inserción en los mercados externos y con políticas para impulsar la liberalización económica, la mejora regulatoria y la competencia.

Buena parte del fortalecimiento de la actividad productiva respondió a las reformas estructurales y a la facilitación de la inversión. La mejoría de la productividad en la etapa más reciente se relaciona con el dinamismo del sector externo como motor del crecimiento, así como a las mejores prácticas de gestión y asimilación de mejoras tecnológicas en la planta productiva mexicana.

Efectivamente, en el más reciente Censo Económico (2013-2018) hay fuertes indicios del aumento en la productividad de las empresas. En ese lapso, el universo de establecimientos creció a una tasa promedio anual de 2.4%, mientras que el valor agregado mejoró en 5.9% y el personal ocupado aumentó 4.0%. Ello indica un mayor producto por trabajador en general y un crecimiento del tamaño de las empresas, lo que también contribuye a la productividad1/.

Cabe señalar que el sector privado ha participado activamente en materia de mejora regulatoria a través del CEESP. Desde 1998 el centro comenzó el análisis del marco regulatorio en las entidades federativas que se logró ampliar, recientemente, para 88 municipios. Esto contribuyó para que los 32 estados abrieran oficinas encargadas de la mejora de la regulación. Asimismo, en el 2010 el CEESP aportó información importante acerca del desempeño del gobierno federal para que las autoridades atendieran aspectos como la revisión y cumplimiento de objetivos de sus principales programas sectoriales.

Sin pretender ninguna perfección y reconociendo que su aplicación es muy perfectible, es justo señalar que las reformas estructurales funcionaron, propiciando la modernización de diversas instituciones que contribuyeron para un mayor dinamismo económico. Esto se reflejó en mayor competencia; cambio hacia una procuración de justicia mediante tribunales modernos y especializados; un marco regulatorio amigable y más atractivo para la inversión; garantía de acceso a la información, transparencia y rendición de cuentas; modernización educativa y apertura del sector energético a la participación privada, entre otros temas. Todo contribuyó para que, además de impulsar la actividad productiva, mejorara el entorno social.

En 2020, según información de los Censos de Población, el porcentaje de analfabetismo se redujo de 9.5% en 2000 a 4.7% en 2020. La asistencia escolar de niños de entre 3 y 5 años alcanzó 63.3% en 2020, más de 10 puntos porcentuales que 10 años antes; y para aquellos estudiantes de entre 15 y 24 años aumentó de 33% en 2000 a 45% en 2020. La tasa de participación laboral del país se ubicó en 62.0%, una mejoría de casi 13 puntos respecto a su nivel de 2000; ello sucede principalmente por la mayor participación femenina en el mercado laboral, que se elevó de 29.9% a 40% en el mismo lapso. Por su parte, la incorporación a servicios públicos de salud alcanzó 73.5% en 2020 casi 9 puntos más que en 2010. La información censal muestra fuertes avances en las dos primeras décadas del siglo también en materia de vivienda y su equipamiento, incluyendo computadoras2/.

Los programas sociales que se pusieron en marcha en México para disminuir la pobreza a fines del siglo pasado, particularmente los de transferencias condicionadas, sin características clientelares políticamente y con padrones transparentes, y que empezó con el PROGRESA y luego cambió de nombre hasta terminar con PROSPERA en la administración anterior, fueron adoptados por muchos otros países y fueron recomendados una y otra vez por el Banco Mundial a países con importante incidencia de ese fenómeno. Además, hubo otros como el de guarderías que tenían objetivos más particulares, en ese caso, la inclusión de género y la participación laboral de la mujer. En esta administración la mayoría de esos programas han sido sustituidos por otros de transferencias no condicionadas3/. Y la narrativa es que no servían a su propósito y había corrupción en ellos.

Pero la verdad es que sí hubo avances sociales en los años previos a 2018 y que hasta ahora los nuevos programas han mostrado opacidad, sí, pero aún no resultados. De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares (ENIGH) del INEGI, la concentración del ingreso, medida por el índice de Gini, sí se redujo entre 2006 y 2014, así como entre 2016 y 2018. Conviene aclarar que hay un problema de comparabilidad entre esos dos periodos por cambio metodológicos. En todo caso, el índice Gini en el 2000 fue 0.48 y 0.426 en 2018, lo que significa menores niveles de desigualdad.

Por su parte, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) reporta que el porcentaje de la población en pobreza extrema cayó entre 2008 y 2018 de 11% a 7.4% y que todos los indicadores de carencias sociales también declinaron en ese periodo, destacando el de acceso a la salud4/, lo que se refleja en la disminución de 22.2 puntos porcentuales en la carencia por acceso a los servicios de salud en el lapso 2008 a 2018, fundamentalmente por la expansión en la cobertura del Seguro Popular, que desapareció a partir de 2019 y fue sustituido por el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi), que anunció ofrecer atención médica y medicamentos de manera gratuita y sin restricciones para todos sus beneficiarios, lo que ya hacía eficientemente el Seguro Popular. Asimismo, la disminución de 7.7 puntos en la carencia por acceso a seguridad social refleja mejores condiciones laborales, aunque aún es la carencia de mayor magnitud.

El esfuerzo conjunto de todos los sectores fue arduo durante muchos años para establecer un entorno de mayor certidumbre, transparencia y credibilidad en sus procesos, a fin de facilitar el crecimiento económico. También se adoptaron políticas sociales, principalmente con los objetivos de reducir la pobreza y lograr mayor equidad.

Desde luego dichos esfuerzos no estuvieron exentos de tropiezos, desaciertos y corrupción, entre otros problemas. Quizá la principal falla fue la exclusión de diversos grupos sociales y regiones del proceso de modernización del país, que ahondó diferencias relativas. Pero lo correcto es trabajar en corregir esos puntos, no en echar por la borda los avances para volver a políticas del pasado previo a la época de la liberalización comercial, reforma económica y regulatoria y políticas sociales no clientelares. Esas políticas propias de una democracia incompleta, llena de adjetivos pero siempre privilegiando a un partido de estado, previas a los años que ahora se denominan de manera arbitraria y desinformada como “el periodo neoliberal”, fueron precisamente las que sembraron la semilla de la manipulación y la exclusión que prevaleció por décadas.

En México el INEGI informó que durante febrero el indicador global de la actividad económica se contrajo 0.3%, lo que respondió a una caída de 0.3% tanto en las actividades terciarias como en las actividades primarias. Por el contrario, las actividades secundarias tuvieron una alza de 0.4%. Con estos resultados, en su comparación anual el IGAE reportó una disminución de 4.0%. Esto refleja principalmente la disminución anual de 5.0% en las actividades terciarias. Las secundarias registraron una caída de 3.1%, en tanto que las primarias crecieron 6.3%.

Posteriormente el INEGI dio a conocer su estimación oportuna que anticipa que durante el primer trimestre del año el PIB creció 0.4%, impulsado principalmente por el avance de 0.7% en las actividades terciarias, aunque es importante señalar que este contrasta con los incrementos de 9.0% y 3.2% en el III y IV trimestres del 2020. Por su parte, las actividades secundarias se mantuvieron sin cambio durante el trimestre, mientras que las primarias cayeron 1.3%. A pesar de su avance trimestral, su comparación anual indica que el PIB aún es 2.9% menor. En este contexto resalta que el mayor descenso anual lo reportaron las actividades terciarias que cayeron 3.6%, seguido de las secundarias que disminuyeron 2.3%. Por el contrario, las actividades primarias crecieron 2.8%.

Un aspecto que sobresale entre los resultados recientes es el comportamiento de las operaciones de intercambio comercial, que puede reflejar ya el efecto positivo proveniente del dinamismo de la economía de los Estados Unidos. Las cifras indican que en marzo el valor total de las exportaciones registró un repunte anual de 12.2%, impulsado principalmente por el incremento de 10.2% en el de las exportaciones no petroleras que respondió al avance de 9.9% en las ventas al exterior del sector manufacturero. Por su parte, el valor de las importaciones tuvo un sobresaliente repunte de 31.4% anual, que reflejó el incremento de 33.8% en la importación de bienes intermedios y al aza de 31.1% en la de bienes de capital 31.1%. La importación de bienes de consumo creció 16.%. De esta manera, el saldo de la balanza comercial en marzo fue deficitario en 3 mil millones de dólares.

En EUA la primera estimación del Departamento de Comercio indica que durante el primer trimestre del año el PIB creció a una tasa anualizada de 6.4%, una décima por debajo de la estimación del mercado. Este comportamiento respondió principalmente al incremento de 10.7% en el gasto en consumo personal y que aportó 7.02 puntos al crecimiento total del PIB. El gasto público creció 6.3% y aportó 1.12 puntos porcentuales a la variación del PIB. Por el contrario, la inversión interna privada bruta se redujo 5.0%, como consecuencia, casi en su totalidad, de la variación de los inventarios, de tal manera que le restó 0.87 puntos al crecimiento. Las exportaciones netas restaron igualmente 0.87 puntos. La rápida recuperación del PIB refleja el efecto del programa de estímulo instrumentado por el gobierno.

De igual forma, el Departamento de Comercio informó que durante marzo el ingreso personal aumentó 21.1%, respondiendo prácticamente en su totalidad al impulso proveniente de los apoyos instrumentados por el gobierno, que hicieron que los ingresos por transferencias crecieran 95.1%, mientras que los ingresos por sueldos y salarios solo crecieron 1.1%. Por su parte, el gasto personal aumentó 4.2% en el mes, que fue su mayor avance desde junio del año pasado. Estos resultados hicieron que la tasa de ahorro personal se eleva a 27.6%, prácticamente el doble que el mes previo (13.9%).

 

 

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