Fue TLCAN prototipo ideal de integración comercial entre países
Además de haber servido como referente para futuros tratados de libre comercio e integración, el acuerdo dio certidumbre a las empresas para incursionar en los mercados de los demás países y estableció los lineamientos para un verdadero proceso de vinculación regional.
Hasta la fecha, el acuerdo ha permitido incrementar el flujo comercial entre los tres países en más del 600% e insertar a sus habitantes y compañías en las dinámicas de producción, consumo e interacción de Norteamérica.
No obstante, en los tres países es bien sabido que aún hay oportunidades para la consolidación de un modelo de producción y de negocios más integrado. En el caso de México, el comercio con EUA y Canadá ha provisto al norte y bajío del país de un dinamismo envidiable, integrado en su producción y con flujos que generan empleo y bienestar; pero el sur y sureste del país se han mantenido al margen debido a una falta de proyección del acuerdo para integrarlos y beneficiarlos.
Algo similar ha sucedido en EUA, en donde el acuerdo ha permitido aumentar las exportaciones y reducir los costos, pero donde estados enteros se han visto duramente afectados por la entrada de importaciones y una mayor competencia.
A la luz de veintidós años de tratado es evidente que estas cuestiones se habrían solucionado si cada país hubiera adoptado una política industrial orientada regionalmente.
En la actualidad la opción disponible para atenderlas es la renegociación del TLCAN. Un nuevo acuerdo comprometido con dar soluciones multilaterales podría incorporar todo lo que faltó durante la última negociación e impulsar una región más próspera. La realidad es que, contrario a lo ideal, el interés por un TLCAN 2.0 surge de un cuestionamiento a la integración misma de Norteamérica.
El deseo por renegociar el tratado parte de la percepción de un aparente daño a EUA y de la aparentemente decisiva necesidad de corregir un déficit comercial que por sí solo es incapaz de explicar el verdadero funcionamiento del comercio en la región.
Más aún, a este proceso lo acompaña la antítesis a la integración: el programa Buy America, enfocado en elevar la producción y consumo de productos hechos en los EUA a expensas de lo hecho en la región.
La principal característica de esta serie de medidas y posturas es que desconocen la dinámica de producción y consumo de la región.
El TLCAN dio pie al surgimiento, crecimiento y consolidación de verdaderas empresas transnacionales que gradualmente fueron consolidando vínculos de almacenamiento, manufactura, transporte y consumo transnacional: lo que se ha conocido como cadenas productivas de valor. Los actores que participan en el comercio TLCAN han aprovechado la cercanía y las ventajas que ofrecen cada país para aumentar y mejorar su consumo y producción, y con ello se han creado empleos, desarrollado conocimientos, reducido sus costos y aumentado la variedad y calidad de bienes y servicios disponibles en todos los lados de la frontera. Todo esto ha traído beneficios en general para los habitantes.
Darle la espalda a todo ello va en contra de la apertura comercial e ignora que la región ha generado crecimiento económico, diversificado los mercados y permitido incorporar nuevas tecnologías para la innovación en las empresas y productos de sus miembros. Ahora más que nunca, cerrarse a sus vecinos, importantes socios comerciales y aliados políticos, ocasionaría un alza en los costos de producción y en los precios de los bienes y servicios en EUA; desintegraría los canales logísticos que se conformaron gradualmente entre los tres países, y repercutiría en el potencial de crecimiento de toda la región.
Staff ReportAcero