Europa, ¿sin defensa ante Rusia?
Recientemente, las tensiones entre Ucrania y Rusia han tomado giros inesperados. El endeble acuerdo de cese al fuego en la región este del país pudiera disiparse luego de que se reactivaran los ataques cerca de Mauripol por parte de los rebeldes pro rusos. Ante el conflicto más agresivo entre Rusia y Occidente desde la guerra fría, cabe preguntarse, ¿de qué manera podría perjudicar a la economía europea?
La Unión Europea y Estados Unidos han entablado sanciones contra Rusia por sus acciones en Ucrania. Los primeros, como bloque, prohibieron que los ciudadanos o empresas europeas puedan transactar nueva deuda de bancos rusos, detuvieron las importaciones y exportaciones nuevas de material bélico, limitaron la transferencia de tecnología al sector petrolero ruso, entre otras medidas; ello en su intento por persuadir a la Federación Rusa de detener el apoyo a los rebeldes. Mientras tanto, Estados Unidos ha establecido tanto la prohibición de visados como la imposibilidad de que diversas entidades puedan financiarse en el mercado de dicho país (entre otras medidas). Las medidas no fueron bien recibidas en el Kremlin, el cual contrarrestó con limitaciones a las importaciones de productos de Europa, Canadá, Noruega, Australia y Estados Unidos.
Algunas de las importaciones que fueron prohibidas son las de los alimentos y lácteos, lo cual se prevé tendrá un impacto significativo en algunos países como Finlandia, donde buena parte de su producción alimenticia de exportación tiene como destino a Rusia y su comercio bilateral general con el país supera el 14% del comercio internacional que maneja. España pidió abiertamente a la Comisión Europea que retirara la producción de alimentos sancionados por el veto ruso, con el fin de evitar trastornos en los mercados como fuertes movimientos en precios, especialmente en los alimentos perecederos que ya tenían como destino Rusia.
Sin embargo, el verdadero problema que se agrava es la situación de la producción gasífera y petrolera rusa. A pesar de que la Federación no ha tomado medidas directas para limitar sus exportaciones energéticas (puesto que sus exportaciones totales y, por tanto, entrada de divisas dependen fuertemente de ellas), sí ha entablado maniobras que le permitirían evitar la continua dependencia de sus finanzas del consumo europeo.
Recientemente, Rusia firmó un acuerdo con China para la creación de un gasoducto con vías a alimentar el creciente mercado local chino, aunque también se tiene en la mira que, en caso de que Europa decida limitar sus importaciones energéticas, Rusia no se vea fuertemente afectada. De dicha forma, dejan la puerta abierta para que ese país siga intentando fortalecer a los pro rusos en Ucrania con el objetivo de que la propia Ucrania se transforme en una federación y, así, no pueda lograr un consenso en sus decisiones, evitando su entrada a la OTAN. No obstante, el escenario europeo dista mucho de poder librarse de su dependencia de Rusia, puesto que el 30% de las importaciones de gas de Europa son rusas y las industrias de países tan importantes del continente como Alemania (motor del continente) dependen significativamente de los energéticos rusos, al tiempo que en el corto plazo permanecen inviables las posibilidades de diversificar la proveeduría energética.
Se espera que tanto la UE como Estados Unidos endurezcan sus sanciones frente a Rusia luego de que la OTAN enseñara evidencia de la presencia de fuerzas armadas rusas en Ucrania, mismas que se sospecha pudieran tener como objetivo no sólo apoyar a los rebeldes sino también crear un corredor terrestre entre Rusia y Crimea, pasando precisamente por Mauripol.
Es muy probable que Rusia intensifique de igual manera sus sanciones contra Europa y sus aliados, algo que, si se lo sumamos a que la Eurozona no registró crecimiento alguno en el segundo trimestre del año, el desempleo en el continente permanece en niveles inconteniblemente altos, el consumo sigue débil y el gasto público prácticamente paralizado por las políticas de austeridad, probablemente perjudicaría directamente a las exportaciones europeas o a la industria continental, causando más daño a Europa y, por lo tanto, al crecimiento y desempeño de la economía mundial.
Juan Amaro Alaffa
Gabriela Siller Pagaza
Análisis Económico de Banco BASE