Colaborador Invitado

Una Reforma Energética ambiciosa y una opinión pública débil

Por Gabriela Rubio

 

La energía es fundamental para las sociedades porque es crucial en la economía y en el desarrollo de un país. Según el Foro Económico Mundial, el crecimiento de México se ha frenado, y en algunas circunstancias, ha sido por la estructura regulatoria de sectores clave, como el de la energía. México es la 15ª economía más grande del mundo y la segunda en América Latina. Además, es uno de los diez mayores productores de petróleo del mundo y el tercero más grande de América, después de los Estados Unidos y Canadá. El petróleo es fundamental para la economía mexicana porque sus ganancias representan aproximadamente el 30% de los ingresos del gobierno. Cualquier aumento o disminución en la producción de petróleo tiene un impacto directo en la economía del país.

La ambiciosa reforma energética aprobada en 2013 transformó el sector y se vio como una solución a una serie de males que empresas del Estado habían causado en el país, la disminución de producción de petróleo y gas y a la incapacidad de Pemex de atender este problema.

El sector energético de México fue de estar dominado por monopolios estatales a un mercado abierto. Durante estos últimos años, múltiples agencias de gobierno han hecho cambios, ajustes y han emitido regulación para que empresas privadas puedan operar y ofrecer servicios en el sector. Con esta reforma, México logró transformar el sector en tiempo récord, de manera transparente y además logró su membresía a la Agencia Internacional de Energía, siendo el primer país de América Latina en obtenerla.

En marzo de 2018, el Centro de Estudios de Estados Unidos – México de la Universidad de California San Diego, junto con Brookings Institution, IHS Markit y el diario El Financiero, realizaron la primera encuesta acerca de la opinión pública sobre la reforma energética. Los resultados muestran una contradicción entre la opinión pública y la dirección en la que se mueve el país.

Los principales hallazgos fueron: 1. Los mexicanos afirman que la reforma energética no fue necesaria, 2. Los mexicanos piensan que la dependencia con los Estados Unidos es un gran riesgo y 3. Los mexicanos están preocupados porque se permita inversión privada para exploración y producción de petróleo y piensan que esto dañará al país.

En general, los resultados de dicha encuesta reflejan que la mayoría de los mexicanos no entienden el sector energético y sus complejidades. Existe un malentendido sobre cómo funcionan las políticas y lo que se ha propuesto lograr con dicha reforma. Esta encuesta es importante porque se presenta en un momento clave en la historia de México. El presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, tiene una visión diferente y podría descarrilar todos los esfuerzos de los últimos cinco años.

El 47% versus el 41% de los mexicanos están convencidos de que la reforma energética no era necesaria para el país. En la última década, anterior a la reforma, el contexto energético de México había cambiado y enfrentaba desafíos y barreras debido a la estructura regulatoria. La reforma fue muy necesaria debido a las siguientes razones:

1. La estructura regulatoria del sector energético impulsada por monopolios.

2. El contexto energético en donde la tendencia de producción marcaba la disminución de las reservas de petróleo y gas.

El segundo hallazgo indicó que 65% versus 25% de los mexicanos están convencidos de que la dependencia con los Estados Unidos es un gran riesgo. Uno de los mercados de energía más importantes del mundo se encuentra en América del Norte. Discuto que no es una dependencia, sino una interdependencia que funciona bien con respecto a los servicios de energía, esto se puede ver en específico en el mercado de gas natural en México, Estados Unidos y Canadá. El comercio de energía en esta región ha tenido una larga historia y pareciera que los mexicanos no están al tanto.

El tercer hallazgo indica que 51% versus 34% de los mexicanos creen que permitir la inversión privada en el sector energético dañará a la economía del país. Durante muchos años (1930-2012), los mexicanos creían que Pemex siempre estaría allí para satisfacer las necesidades energéticas del país. La «maldición» de creer que las vastas reservas de petróleo resolverían las cargas económicas del país es un mito. La continuación de una estructura regulatoria que se centró en un mercado de energía impulsado por el monopolio estaba paralizando la competitividad de la industria. A lo largo de los años, los subsidios gubernamentales aumentaron para suministrar electricidad a bajo costo. Esta medida creó un aumento en la pérdida de eficiencia económica que se produce cuando no se alcanza el equilibrio para un bien o servicio.

La estructura regulatoria, la disminución de la producción de petróleo y gas y la falta de capacidades (experiencia financiera y técnica) para desarrollar nuevos campos obligaron al gobierno a abrir el sector energético a la inversión privada. Estos desafíos resultaron en un aumento de los costos de energía que afectaron a toda la economía.

El objetivo de la reforma es modernizar la economía a través del sector energético. Según el gobierno mexicano, los principios clave de la reforma son: 1. Reafirmar el principio constitucional de propiedad estatal sobre los recursos, 2. Libre competencia entre los actores económicos del sector, 3. Fortalecimiento de las agencias reguladoras, 4. Enfoque en la transparencia y rendición de cuentas en los nuevos contratos y 5. Protección del medio ambiente y avance de la energía limpia. Estos principios lo hemos visto reflejados en las subastas públicas que se realizaron, los contratos otorgados y regulación emitida en los últimos años.

Sin la reforma energética, México no estaría en posibilidad de crecer y de cumplir sus metas de generación de energía limpia. La lección aprendida con esta encuesta es que el gobierno tiene una responsabilidad en transmitir claramente sus políticas y acciones para generar apoyo a reformas importantes.

Gabriela Rubio es experta en temas de medio ambiente, cuenta con maestría en políticas públicas por parte de la Universidad de California, San Diego y en Gestión Ambiental por la IE Business School de Madrid España.

correo: gabrielarub@gmail.com

 

 

 

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