Colaborador Invitado

Análisis sobre el impacto de los aranceles a la importación de acero y aluminio de Estados Unidos

 

Por Gabriela Siller

Durante la semana previa, los riesgos al comercio internacional incrementaron debido a la decisión de Donald Trump de imponer aranceles a las importaciones de acero y aluminio del 25% y 10% respectivamente. Cabe destacar que la creciente postura proteccionista de la administración estadounidense podría culminar en daños desastrosos no sólo para la economía de Estados Unidos, sino también para la economía mundial.

Si bien la decisión de Trump podría significar riesgos importantes ante una escalada en las represalias del resto del mundo, el mercado cambiario, en especial el peso mexicano, no se vio fuertemente afectado. Desde que el mercado comenzó a especular que Trump anunciaría restricciones a las importaciones del acero y aluminio, el 27 de febrero, el peso mexicano se ha mantenido cotizando en un canal entre 18.50 y 18.97 pesos por dólar, manteniéndose estable en estos niveles debido a que para el país es más importante continuar con la renegociación del TLCAN. Sin embargo, durante el anuncio oficial de la aplicación de los aranceles a la importación, la Casa Blanca dejó en claro que la exención de dichos impuestos a México y Canadá será “al menos en este momento”, en tanto continúe el proceso de renegociación del TLCAN entre los tres países.

No obstante, el dólar canadiense, divisa que está más relacionada con el precio de los commodities, si se vio afectada con la imposición de aranceles. Es importante recordar que la divisa alcanzó un nuevo máximo anual de 1.3001 dólares canadienses por dólar, luego de que el asesor económico de Donald Trump, Gary Cohn, quien era visto como un contrapeso a las ideas proteccionistas de Trump y del secretario de comercio Wilbur Ross, renunciara el pasado martes 6 de marzo.

Cabe destacar que es el mercado de commodities el que está articularmente expuesto a una escalada en las tensiones comerciales entre las principales economías del mundo y serán las materias primas las que, en mayor medida, se verán negativamente afectadas. Las especulaciones sobre la aplicación de aranceles a la importación de acero y aluminio comenzaron el día 27 de febrero, lo que provocó que las materias primas, en especial los metales industriales, mostraran sus mayores pérdidas. No obstante, la cautela en los mercados de commodities ante las posibles restricciones arancelarias inició el 16 de febrero luego de que el Departamento del Comercio de Estados Unidos publicara su investigación de aluminio y acero bajo la sección 232 de seguridad nacional.

Entre el 27 de febrero y el 8 de marzo, cuando la incertidumbre en torno a la aplicación de los aranceles a la importación de acero y aluminio de Estados Unidos fue mayor, los precios de metales como el níquel y el zinc mostraron una disminución de 4.15% y 7.37% respectivamente, mientras que el plomo acumuló una reducción de 9.28% en ese mismo periodo. Aunque para el caso del níquel, momentánea al hecho de que los inventarios de ese metal se encuentran en niveles muy bajos, lo que podría indicar un déficit en su oferta. Los inventarios del níquel seguidos por el London Metal Exchange (LME), el Shanghái Futures Exchange y COMEX, se encuentran cerca de su mínimo en registro de 380,386 toneladas métricas. Por su parte, los inventarios de zinc seguidos por el LME se encuentran también cerca de mínimos no vistos desde junio del 2008 en 197,500 toneladas métricas. Si bien, el precio del zinc ha recortado las pérdidas registradas en dicho periodo, no ha logrado recuperarse del todo.

Por su parte, durante ese mismo periodo (entre el 27 de febrero y el 8 de marzo), el precio del acero laminado en caliente de Estados Unidos aumentó 9.92%. Es importante mencionar que a diferencia del acero, el precio del aluminio continuó con su tendencia a la baja al disminuir 3.96% en el mismo periodo debido al nerviosismo de que los aranceles estadounidenses provocarán que los inventarios del metal a nivel global sigan incrementando, al mismo tiempo que su demanda continúa disminuyendo.

El sentimiento negativo entorno a una guerra comercial ha disminuido debido a que el jueves 8 de marzo, Trump firmó una versión más moderada de su plan de impuestos a la importación de acero y aluminio, en donde dejó exentos a México y Canadá. No obstante, la amenaza de una guerra comercial sigue latente, ya que Trump no dio a conocer si la Unión Europea, Japón o Corea del Sur, quienes son considerados aliados de Estados Unidos, también estarán exentos de la aplicación de estos aranceles.

Cabe destacar que en su investigación, la cual le dio poder a Trump para decidir la imposición de aranceles sin requerir del apoyo del Congreso estadounidense, el Departamento de Comercio de Estados Unidos en conformidad con la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962, concluyó que la seguridad nacional se ha visto afectada.

La investigación no sólo incluyó los rubros típicos, tales como la producción nacional necesaria para cumplir con los requisitos de defensa nacional proyectados, la capacidad de las industrias nacionales para cumplir con estos requisitos, la disponibilidad y recursos humanos, materias primas y otros suministros; sino que también incluyó la relación del bienestar económico de los Estados Unidos con su seguridad nacional, el impacto en la competencia extranjera en el bienestar económico de las industrias y cualquier desempleo sustancial, la disminución de los ingresos del gobierno, entre otros elementos que usualmente no son utilizados. Bajo este concepto, se concluyó que las cantidades actuales y las circunstancias de las importaciones de acero y aluminio debilitan la economía del país y por ende, amenazan con dañar la seguridad nacional.

Ante esto, el Secretario de Comercio determinó que el único medio eficaz para eliminar la amenaza de deterioro en la seguridad nacional es reducir las importaciones de ambos metales industriales, ignorando que el aumento en la productividad también es un medio eficaz para impulsar el desarrollo económico del país y reducir las amenazas a la seguridad nacional.

Es importante notar que esta no es la primera ocasión que Estados Unidos decide implementar impuestos a las importaciones de acero, pues la aplicación más reciente se realizó durante la administración de George W. Bush y fue efectiva entre el 5 de marzo de 2002 y el 4 de diciembre de 2003. En aquel entonces, las medidas proteccionistas se implementaron con el objetivo de fortalecer la industria siderúrgica, aplicando aranceles de un rango entre 8% y 30% sobre la importación de productos planos de acero y de barras de acero laminadas en caliente y frío.

Si bien se esperaba que la medida tuviera una vigencia de tres años, la OMC declaró ilegales los aranceles a las importaciones pocos días antes de que se cumpliera el plazo definido para que los países afectados por dichas medidas impusieran de forma legal sanciones comerciales a la importación de diversos productos estadounidenses. Ante el inminente inicio de una guerra comercial con sus principales socios comerciales y considerando el factor político que esto tendría un año antes de que compitiera por la reelección presidencial, el entonces presidente George W. Bush terminó por derogar los aranceles. Sin embargo, contrario a los beneficios económicos que se esperaba obtener, la medida proteccionista costó al país más de 386.3 millones de dólares de acuerdo a la Comisión de Comercio Internacional de Estados Unidos.

Impacto de los aranceles a la importación de acero y aluminio sobre la inflación y el crecimiento económico de Estados Unidos

De acuerdo con información del Departamento de Comercio de Estados Unidos, en 2017 sólo el 1.2% del total de importaciones que Estados Unidos realizó desde otros países correspondió a acero, las cuales provinieron principalmente de Canadá (17.9%), Corea del Sur (9.6%), México (8.6%) y Brasil (8.4%). En términos de volumen (millones de toneladas métricas), durante 2017 Estados Unidos importó acero principalmente de Canadá (16.5%), Brasil (13.5%), Corea del Sur (9.9%) y México (9.2%). Las diferencias entre las estadísticas de importación se derivan de los diversos precios y volúmenes que se consideran entre los materiales y objetos de acero que Estados Unidos importó desde otros países durante el año pasado.

Asimismo, el total de importaciones de aluminio en 2017 representó apenas el 1% del total de importaciones estadounidenses. Las importaciones que Estados Unidos hizo de este metal, en términos monetarios de acuerdo a los datos del Departamento de Comercio, provinieron principalmente de Canadá (37.12%), China (14.78%), Rusia (6.96%) y México (4.4%).

Con el propósito de verificar el impacto que tendrán estos impuestos sobre el nivel de precios y el crecimiento económico de Estados Unidos, se calculó el incremento que tendrá el índice de precios de importación (IPI, por sus siglas en inglés. En primera instancia, se consideró la importancia relativa que los precios a la importación de acero y aluminio tienen al interior del IPI. Asimismo, tomando en cuenta los aranceles del 25% y 10%, y considerando la importancia relativa de 3.7% que tienen los precios de importación de ambos metales, se encontró que existiría un impuesto ponderado de 23.5% a las importaciones conjuntas de acero y aluminio, cifra que incluye las excepciones de las importaciones provenientes de México y Canadá. Ante esto, se encontró que el índice de precios de importación aumentaría 1.0% en términos mensuales únicamente por el incremento en los precios de importación de ambos metales, lo que generaría un shock de oferta negativo directamente sobre las industrias relacionadas significativamente con la producción o el uso de acero y aluminio.

Asimismo, considerando que durante los últimos 8 años, los precios a la importación han aumentado en promedio 0.7% de forma mensual, la inflación mensual a los precios de importación de abril, primer mes en el que se reflejarían los efectos de la aplicación de los aranceles, podría llegar a ubicarse en una tasa de 1.7% o en una tasa interanual de 6.2 por ciento.

De acuerdo con la información contenida en la matriz insumo-producto de Estados Unidos, las industrias que se verían más afectadas por los impuestos a la importación, además de las relacionadas con la producción de Metales Primarios y la Fabricación de productos metálicos, serían las actividades de comercio al por mayor y las industrias minera (excepto petróleo y gas), química, de fabricación de productos electrodomésticos, de fabricación de equipo eléctrico y de cómputo, así como la industria automotriz.

Bajo el supuesto de que la aplicación de aranceles a la importación se realice en aras de subsidiar a las compañías menos eficientes de la industria de producción de metales primarios y no por temas de seguridad nacional, la medida afectaría negativamente a las industrias que aportan el 21.9% del valor agregado total del PIB de Estados Unidos. Si bien podría argumentarse que con estos aranceles la actividad de las empresas estadounidenses productoras de acero y aluminio incrementará, es importante notar que en promedio durante los últimos 10 años, la industria siderúrgica de ese país ha agregado sólo el 1.2% del valor total del PIB. Por esta razón, es importante considerar que la aplicación de estos aranceles podría ocasionar un aumento en los precios del acero y aluminio estadounidenses, incrementando los costos de producción, lo cual haría que la industria manufacturera estadounidense sea menos competitiva, en relación con la del resto del mundo.

Efectos sobre la inflación

Con el propósito de revisar el impacto que tendrán estos aranceles sobre los precios al consumidor, se calculó un modelo econométrico. Aunque si bien el efecto de traspaso del incremento en los precios de los productores a los consumidores dependerá de la elasticidad de sustitución que tengan los bienes o productos producidos con acero y aluminio, se asume que serán los consumidores quienes estarán obligados a pagar el aumento en los precios del acero y aluminio importados.

A través de los resultados obtenidos por medio del modelo propuesto se encontró que, dadas las condiciones de poca holgura que existen en la economía estadounidense, el aumento de 1% en el IPI provocará un incremento mensual de 0.15% en la inflación, por lo que en abril se podría registrar un incremento en la inflación mensual de hasta 0.30%, o bien un aumento interanual de 2.4%. Por medio de una prueba de causalidad de Granger se encontró que el impacto sería inmediato, reflejándose en el primer mes siguiente a la aplicación de este impuesto y se mantendría como un riesgo al alza para la inflación por al menos 5 o 6 meses, esto sin tomar en cuenta la presión que podría generar el incremento en los precios de productos de otras industrias. Los riesgos al alza para la inflación estadounidense incrementan si se considera la expectativa de un mayor déficit fiscal debido a la reforma tributaria y el posible inicio de una guerra comercial entre Estados Unidos y sus principales socios comerciales. Ante esto, la Reserva Federal podría verse obligada a aumentar de manera más agresiva su tasa de interés de referencia, lo que eventualmente presionará a la baja el crecimiento económico de Estados Unidos.

Como nota técnica, a continuación se presenta el modelo econométrico utilizado para estimar el impacto del incremento en el índice de precios a la importación de Estados Unidos sobre el índice de precios al consumidor de ese país.

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