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Impactos y desafíos de los acuerdos globales sobre el desarrollo de América Latina

Por Francisco Leal*

El desarrollo económico está vinculado al desempeño de sectores fundamentales para el buen funcionamiento de diferentes mercados, como la construcción civil, la infraestructura y el segmento energético.

En un contexto de emergencia sanitaria global, las economías emergentes como América Latina sufren efectos y estímulos desiguales, y esto se puede ver a la luz de un escenario que involucra acuerdos y tratados comerciales globales entre regiones y países.

Estos importantes acuerdos, algunos firmados más recientemente, pueden representar grandes oportunidades, pero también grandes desafíos, para países clave en la economía de la región.

Los tratados de libre comercio son pactos entre naciones para reducir las barreras a las importaciones y exportaciones.

Bajo una política de libre comercio, los bienes y servicios pueden comprarse y venderse a través de fronteras internacionales con pocos o ningún arancel, cuotas, subsidios o prohibiciones gubernamentales para inhibir su intercambio.

Un ejemplo regional reciente es el acuerdo RCEP (siglas en inglés de Regional Comprehensive Economic Partnership, Alianza Integradora Económica Regional), considerado por muchos como el más grande del mundo, une a los diez miembros de la Asociación de Países del Sudeste Asiático (ASEAN) e incluye China, Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda.

Los miembros del mega tratado suman casi un tercio de la población y el 29% del PIB mundial.

Algunos ven el RCEP como en gran parte simbólico, otros, sin embargo, lo ven como un “componente importante en un nuevo orden mundial, en el que China manda en toda Asia”, según The Economist. Para México, uno de los motores económicos de América Latina, puede ser más una oportunidad que una amenaza porque, al formar parte del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, en la sigla en inglés), donde no está EE.UU., lo convierte en el jugador más fuerte para incursionar en esta nueva región comercial, además de ser puerta de entrada para Norteamérica.

Para la Unión Europea hacer frente a la presencia cada vez mayor de China en América Latina, existe un gran acuerdo comercial alcanzado en Latinoamérica que fue aquel que la UE cerró con el Mercosur en 2019, tras veinte años de negociaciones, pero cuya ratificación se ha atascado ante las reticencias del Parlamento Europeo y países como Francia, Países Bajos, Austria o Bélgica.

Además, el nuevo acuerdo UE-México completado en abril de 2020, determina que prácticamente todo el comercio de mercancías entre la UE y México estará libre de impuestos, y los procedimientos aduaneros más simples ayudarán aún más a impulsar las exportaciones.

El comercio de mercancías entre la UE y México, el primer país de América Latina en firmar un Acuerdo Global con la UE en 1997, se ha más que triplicado desde la entrada en vigor del acuerdo original en 2001.

Otro acuerdo que deberá influir en el desarrollo de Latinoamérica involucra a México, Estados Unidos y Canadá, el T-MEC (o USMCA, en siglas en español e inglés, respectivamente).

El tratado que reemplaza al TLCAN entró en vigor en 2020 y está lejos de eliminar todas las fricciones entre los tres países, cuyas economías suman una parte significativa del PIB mundial y de los flujos comerciales.

Los beneficios del pacto no compensarán la contracción de la inversión y el choque del COVID-19 en los próximos dos años, según el FMI.

Aunque los tres ganan con una mayor integración, el que mayores beneficios puede obtener, pero también el que mayor esfuerzo debe dedicar, es México, creen los expertos.

La adhesión de Brasil al Acuerdo de Contratación Pública (GPA) de la Organización Mundial del Comercio avanzó en la primera reunión después de la presentación de la oferta inicial brasileña.

Si es aceptado, el país accederá en condiciones favorables a un mercado de contratación pública estimado actualmente en US$ 1,7 billones por año. Un acuerdo de libre comercio con el Reino Unido también es de interés para la industria brasileña, que considera al Brexit como una oportunidad histórica.

Según la Confederación Nacional de la Industria (CNI), al salir de la UE, el Reino Unido está reiniciando su política industrial desde cero.

Con esto, es posible negociar una serie de acuerdos con dicho país, como el libre comercio, las inversiones, la seguridad social y el fin de la doble imposición fiscal en el comercio y las inversiones.

Además, el Tratado de Libre Comercio entre Brasil y Chile, firmado en 2018 y aún pendiente por el Congreso, promete facilitar la negociación de productos e inversiones entre países, tanto en los sectores de bienes como de servicios. El acuerdo bilateral entre Argentina y Brasil en materia de transporte marítimo en la región, previsto en el acuerdo entre el Mercosur y la UE, parece tener los días contados, después que Brasil anticipó el fin del acuerdo.

Sabiendo que el avance o estancamiento de las alianzas comerciales entre economías de diferentes partes del mundo puede influir en el desarrollo efectivo, especialmente en las regiones emergentes como Latinoamérica, es posible tomar medidas para garantizar condiciones justas de competencia para las industrias locales.

Sin embargo, corresponde a los gobiernos regionales utilizar las medidas e instrumentos legales disponibles que ofrezcan las garantías necesarias para el buen funcionamiento del mercado.

Francisco Leal es Director General de Alacero  

 

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