Acuerdo sobre Brexit abre capítulo a juego político que May deberá ganar
Si a pesar de los malos augurios que pesan sobre el acuerdo logrado, el Parlamento británico lo aprobase, le tocaría el turno al Parlamento Europeo.
El tiempo apremia. La fecha de salida de Reino Unido de la Unión Europea (UE), después de 46 años de membresía, es el 30 de marzo de 2019. Por otro lado la cita con las urnas para las elecciones europeas, el próximo mayo de 2019, atiza la hoguera.
“Le toca ahora a los diputados de ambos lados del Canal hacer su trabajo y hacer escrutinio del acuerdo y de la declaración para crear el marco de nuestra relación futura», declaró Guy Verhoeftadt, líder del grupo parlamentario del monitoreo del Brexit.
«Estamos dispuestos al monitoreo de los derechos de los ciudadanos en la implementación del acuerdo”, afirmó Verhoeftadt.
Al contrario de lo que sucede con la votación británica, para la elección en la Eurocámara no se ven muchos obstáculos. El acuerdo logrado incluye las condiciones que había acordado el pleno legislativo.
Lo que sucederá si no pasa este acuerdo, la prueba del fuego en Westminster está en terreno de la elucubración. ¿Existe un Plan B?
“Al respecto, de mí no esperen un comentario”, respondió durante la cumbre del domingo, la canciller federal alemana, Angela Merkel.
Desde una destitución de May y elecciones adelantadas, la llamada a un segundo referéndum, una postergación de la salida de Reino Unido hasta lograr un mejor acuerdo: muchas cosas son posibles.
Lo que está claro es que, en Londres, el acuerdo camina por una cuerda floja y que en Bruselas, en realidad, nadie lo quiere.
Hasta que el panorama político se aclare se podría optar por un estatus como el de Noruega, que dejaría a Reino Unido dentro del mercado único común (con todas sus reglas) y en la unión aduanera.
Al respecto –en el supuesto de que el acuerdo fuese aprobado- sí habría diferencias: “tendríamos una relación estrecha, pero los controles aduaneros y los controles en general no se excluirían”, anunció Merkel.
Aunque, de cara a Reino Unido, el tono que sigue utilizando Theresa May es de victoria –en el sentido de que la familia británica recuperaría la soberanía sobre su dinero, su agricultura, sus aguas-, el mensaje enviado en Bruselas fue diferente: es el mejor acuerdo posible.
Un Brexit duro a partir de finales de marzo 2019 -fronteras, controles, aduanas, pasaportes, desplazamientos de empresas, división de cajas sociales, exclusión de Reino Unido de todos los acuerdos comerciales de la UE- a la larga resultaría muchísimo más costoso, en muchos sentidos.
Notimex