Interrupciones por huracanes pueden costar más que los daños físicos a las empresas
Más del 80% de las pérdidas por desastres naturales y grandes riesgos en México no están aseguradas; la falta de electricidad, los inventarios dañados y los días sin operar amplifican el impacto económico.
Los daños que deja un huracán en instalaciones y equipos no siempre representan la mayor pérdida económica para una empresa. Las interrupciones eléctricas, los problemas logísticos, la pérdida de inventarios y los días sin actividad pueden elevar los costos incluso cuando los edificios permanecen en pie.
El riesgo cobra relevancia ante las perspectivas climáticas para el otoño e invierno de 2026-2027. El Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) estima una probabilidad superior al 83% de que el fenómeno de El Niño alcance una intensidad muy fuerte durante ese periodo. Además, el Servicio Meteorológico Nacional había anticipado una actividad ciclónica por encima del promedio en el Pacífico mexicano.
De acuerdo con la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS), las aseguradoras del país pagaron 79 mil 800 millones de pesos por daños relacionados con riesgos hidrometeorológicos durante la última década. De ese monto, 72.9% correspondió a ciclones y huracanes.
El huracán Otis, que impactó Guerrero en 2023, generó 44 mil 653 siniestros y daños asegurados por 39 mil 343 millones de pesos.
“Ante una catástrofe natural, el daño físico es solo una parte de la pérdida. En muchas ocasiones, el impacto consecuencial puede ser mucho mayor: la empresa deja de producir, vender, recibir suministros o atender a sus clientes, pero continúa pagando salarios, rentas y otros gastos fijos”, explicó Ricardo de la Garza, presidente y director general de Globaim para México y Centroamérica.
Días sin operar elevan las pérdidas
Las consecuencias varían según la actividad económica. Un supermercado puede sufrir daños estructurales limitados, pero perder buena parte de sus inventarios si permanece varios días sin electricidad. Un hotel puede conservar sus instalaciones y, aun así, registrar pérdidas por cancelaciones y falta de ocupación mientras espera completar las reparaciones.
Por ello, las empresas necesitan identificar qué procesos deben restablecer primero, qué recursos requieren para recuperar su capacidad operativa y cuánto les cuesta cada día de interrupción.
A este impacto se suma la brecha de aseguramiento. Según cifras citadas de Swiss Re Institute y la AMIS, más del 80% de las pérdidas por desastres naturales y grandes riesgos en México carece de cobertura de seguro. En el caso de Otis, menos del 15% de las pérdidas ocasionadas por el huracán contaba con protección aseguradora, de acuerdo con la información proporcionada por Globaim.
La vulnerabilidad también puede presentarse en empresas que sí cuentan con una póliza, pero tienen activos asegurados por debajo de su valor real, límites insuficientes o coberturas que no contemplan determinadas pérdidas consecuenciales.
“Uno de los errores más grandes es pensar que tener una póliza significa automáticamente estar bien asegurado. Lo importante es saber qué riesgo tiene la empresa, cuánto vale realmente lo que está protegiendo, qué coberturas contrató y durante cuánto tiempo podría sostener una interrupción de sus operaciones”, señaló De la Garza.
Documentar los daños es clave para recuperar la operación
Una cobertura insuficiente puede reducir la indemnización disponible para reparar instalaciones y reponer equipos. Además, las pérdidas pueden incluir reducción de beneficios, gastos extraordinarios, salarios, rentas y costos adicionales para restablecer las operaciones.
La gestión de la reclamación también influye en los tiempos de recuperación. Notificar tarde el siniestro, retirar bienes sin documentar los daños, iniciar reparaciones sin conservar evidencia o no contar con información financiera actualizada puede complicar la acreditación de las pérdidas ante la aseguradora.
Por ello, la preparación debe comenzar antes de que ocurra una emergencia. Entre las medidas relevantes están mantener respaldos de la información financiera, conocer los límites y exclusiones de las pólizas, documentar los activos y establecer un plan de respuesta que permita evaluar los daños y gestionar los recursos necesarios para reabrir cuanto antes.
“Un huracán permite anticiparse algunos días, pero la preparación debe existir desde mucho antes. La empresa necesita respaldos de su información financiera, conocer sus coberturas y tener una ruta de acción para que, si ocurre un siniestro, pueda documentar la pérdida rápidamente, solicitar anticipos y utilizar esos recursos para regresar a operar lo antes posible”, agregó el directivo.
Consultoría de siniestros busca reducir tiempos de recuperación
En este contexto, Globaim, firma internacional de consultoría de siniestros y reclamaciones que inició recientemente operaciones en México, trabaja del lado de los asegurados para apoyar la valoración y documentación de daños, así como la preparación de reclamaciones complejas.
El objetivo es ayudar a las compañías a sustentar sus pérdidas y desarrollar estrategias para reducir el impacto financiero de las interrupciones prolongadas.
Para las empresas expuestas a fenómenos hidrometeorológicos, la gestión del riesgo implica evaluar no solo cuánto costaría reconstruir una instalación dañada, sino también cuánto representan los inventarios perdidos, los gastos fijos y los ingresos que dejan de generarse mientras la operación permanece detenida.