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La economía continúa débil y las expectativas son menos favorables.- CEESP

2 de mayo de 2022.- El Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, CEESP, consideró hoy en su Análisis Económico Ejecutivo que la economía continúa débil, las expectativas son menos favorables y la problemática se ha complicado aún más con el repunte de la inflación.

la inflación viene primordialmente del exterior, pero amenaza con tomar fuerza propia interna por el lado de los salarios y por la formación de las expectativas de la misma.

El gobierno ha anunciado que se trabaja en un programa de combate a la inflación y a la carestía (PASIC), que no puede ser como el PSE del pasado y que, con lo que se conoce, tiene escasas posibilidades de éxito.

Pero podría enriquecerse con acuerdos entre instancias públicas y el sector privado (se presentan lineamientos).

Tiene que basarse en el mejor funcionamiento de los mercados y la reducción de costos de la economía.

Más allá de respetar la tarea del Banco de México, es recomendable evitar subsidios, revisiones salariales pronunciadas, precios tope y pretensiones de autosuficiencia.

ACTIVIDAD ECONÓMICA E INFLACIÓN, RETOS PARA 2022.

LINEAMIENTOS DE UN PLAN DE TRABAJO

Las cifras continúan mostrando debilidad de la economía y las expectativas son menos favorables. La estimación oportuna del INEGI anticipa que en el primer trimestre del año el PIB creció 0.6% trimestral y 1.6% anual, resultados que se ajustan cada vez más a los pronósticos de los especialistas privados que ya anticipan un avance de la economía de alrededor de 1.8% para 2022 (al cierre del 2021 la expectativa era 3.0%).

La debilidad de la inversión sigue siendo uno de los principales factores que inhiben el crecimiento. Si bien en febrero pasado la inversión ya superó ligeramente su nivel prepandemia, sigue estando 13% por debajo de su nivel de julio de 2018.

La problemática de la economía efectivamente se ha complicado aún más con el repunte de la inflación. Para la primera quincena de abril, la inflación anual -es decir el incremento porcentual del índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) respecto a igual quincena del 2021- alcanzó 7.72%, tasa no vista desde hace 20 años.

Obviamente ello revive múltiples preocupaciones relacionadas con lo vivido en las últimas décadas del siglo pasado, cuando a menudo la inflación parecía no tener remedio.

Cabe señalar que la tasa de inflación de hoy en el país es sustancialmente menor a la de entonces y que es un fenómeno global, agudo en países como EEUU y otras economías avanzadas, así como en muchas emergentes. Es causado por diversas razones relacionadas con la pandemia.

En efecto, sus orígenes son diversos: disrupciones en las cadenas de oferta globales, elevados costos de transporte y fletes internacionales, fuertes aumentos de la demanda agregada (especialmente en los EEUU a raíz de las transferencias excepcionalmente cuantiosas a los ingresos de los hogares durante la pandemia) y elevada liquidez monetaria producto de los programas de alivio financiero en las economías avanzadas, entre otros.

Hoy la inflación viene primordialmente del exterior, pero. amenaza con tomar fuerza propia interna por el lado de los salarios y por la formación de las expectativas de la misma.

Las presiones inflacionarias evidentemente afectan el poder adquisitivo de los hogares y comienzan a incidir en las revisiones salariales. Después del aumento del salario mínimo que alcanzó 22% en total, en marzo pasado los incrementos de los salarios contractuales ya rebasaron a la inflación al promediar 8.1%. El salario base de cotización del IMSS alcanzó creció 10.5% y ha estado por arriba de la inflación en los últimos tres años.

Dado su origen principalmente exógeno, hoy es más difícil que en otras épocas encontrar soluciones internas para lograr una reducción expedita al aumento de los índices de precios mientras las presiones del exterior se mantienen.

Al mismo tiempo, el gobierno está particularmente preocupado por el brote de la inflación, posiblemente debido al efecto que pueda tener en el poder de compra y el ánimo de su base electoral, entre otras razones.

En ese contexto, el gobierno ha anunciado que se trabaja en un programa de combate a la inflación y a la carestía (PASIC) que presentará el próximo 4 de mayo. Por lo pronto se ha citado a un grupo de empresas distribuidoras de alimentos y a otro de productores. La idea es una especie de pacto negociado que buscará efectos durante 6 meses para reducir o contener la presión sobre los precios de 24 productos. En las primeras reuniones las autoridades de Economía y Hacienda aseguraron que no se busca un control de precios con topes.

Cuando se cuestionó al presidente sobre si esto implica un control de precios, respondió “Sí. No control de precio, vamos a garantizar Precios de Garantía, vamos a garantizar precios justos, para no hablar con redundancia, en los básicos. Precio de Garantía, que es otro instrumento importante, en maíz, en frijol, en arroz, en leche, es parte del plan” . Habría que ver que significa exactamente todo eso.

En las reuniones se consideraron varios temas que pueden aligerar la presión sobre los precios, como evitar incrementos del costo de los combustibles, medidas para impulsar la producción de granos, seguridad en las carreteras, exención de la carta porte, control de las tarifas de peaje, eliminaciones de cupos de importación y reducciones de aranceles, entre otros. El PASIC se concentra explícitamente en 24 productos. 14 de ellos pertenecen a rubros genéricos de canasta básica en el INPC y la mayoría son alimentos (22).

Aunque falta ver como se concreta con detalle, para muchos, el PASIC es un instrumento similar al Pacto de Solidaridad Económica (PSE) que se usó a fines de los años 80 y principios de los 90 para combatir la inflación en México, de manera más o menos parecida a otros programas “heterodoxos” de la época como los planes Real y Austral de Brasil y Argentina, respectivamente.

Pero el PASIC tendrá que diferir mucho del PSE de los 80s y 90s. El PSE utilizaba “anclas” macroeconómicas para enfriar la inercia inflacionaria. Era tripartita y cada parte aportaba algo concreto y poderoso: el gobierno se comprometía a un ajuste fiscal sustancial y a mantener una cierta trayectoria del tipo de cambio a futuro ; los sindicatos moderaban sus aspiraciones salariales basándose en la inflación “esperada” o programada hacia adelante en vez de la pasada ; y el gobierno negociaba ampliamente con el sector privado organizado una contención de precios.

En esto último las negociaciones eran largas y detalladas. A menudo a nivel de ramas y hasta productos muy específicos (como el bolillo, por ejemplo). Se lograron acuerdos que hoy se ven difíciles de alcanzar mediante simplemente citar a algunas empresas a grupos de trabajo, como ya se ha señalado en diversas instancias.

Más importante aún, a diferencia de los tiempos del Pacto, hoy los acuerdos de precios están en principio prohibidos por la ley de competencia económica.

Tal como se ve ahora, el PASIC tiene pocas posibilidades de ser exitoso en reducir sensiblemente la inflación. Los 24 productos en los que se centra la solicitud del gobierno son en su mayoría solamente parte de los genéricos correspondientes del INPC , mismos que en su totalidad apenas explican una cuarta parte de la inflación anual.

Aún si se lograra una contención significativa de esos 24 precios su alcance dentro del índice sería limitado y tardaría mucho en reflejarse en la inflación observada anual. Por ejemplo, si todos los bienes de los genéricos a los que pertenecen esos 24 productos se mantuvieran sin cambio en sus precios de abril el resto del año, la reducción de la inflación al final de 2022 por esa razón sería de sólo alrededor de un punto porcentual.

En días posteriores a las primeras reuniones con las empresas, el presidente señaló que lo que se hará es asegurar un precio único, “parejo”, presumiblemente fijo o estable, en todo el país para “la canasta básica” -o quizá más bien para un subconjunto de ella-.

Sin embargo, es posible que el interés del presidente sea simplemente afirmar en el futuro, en unos seis meses, que la canasta a la que se refiere no aumenta de precios. No sería la primera vez en la que en su discurso descalificara la validez de indicadores generales y robustos como es el INPC.

Quizá simplemente sería suficiente que su retórica subrayara que el PASIC asegura la estabilidad de la canasta “del pueblo” y que el resto del aumento del INPC afecta a otros.

Con la información disponible de las intenciones del gobierno, intentar la prevalencia de un solo precio para el conjunto de mercancías anunciado sería posible sólo mediante un control de precios.

En resumen, las posibilidades de lograr algo significativo mediante el PASIC, como se conoce al día de hoy, son escasas. Pero el plan podría enriquecerse si se complementa con acuerdos entre diversas instancias públicas y el sector privado, aunque ello implicaría trabajos y negociaciones mucho más amplios que los que hasta ahora se han presentado, tanto en el número de empresas y comercios involucrados, como en la intensidad de las negociaciones.

En esa línea, desde una perspectiva más general y con mayor profundidad, se podría poner en marcha un plan de trabajo para abordar el problema de la inflación con un enfoque más integral, buscando corregir diversas distorsiones de la economía. A continuación, se presentan lineamientos de un posible plan de trabajo.

Hay que empezar por reconocer que lo que puede mitigar de la presión inflacionaria es, por un lado, factores macroeconómicos: que las expectativas de inflación de los agentes económicos no se salgan de control, que no “se desanclen”, o incluso disminuyan, así como la moderación de la demanda agregada. Por otro lado, factores microeconómicos que faciliten una mayor producción y oferta en los mercados.

En lo macroeconómico, para el control de las expectativas de inflación y la consecuente posibilidad de evitar la inercia de la misma, el apego del Banco de México a su mandato de proteger el valor de la moneda de manera autónoma es crucial.

Para ello cuenta con la tasa de interés de política como instrumento fundamental. Ello debe continuar. Y a medida que la junta de gobierno del Banco decida aumentos subsecuentes se contribuirá a la moderación de la demanda agregada.

Otro elemento de control de la demanda agregada es la disciplina de las finanzas públicas que debe fortalecerse por el lado del gasto público. El gasto programable del sector público ha crecido en los últimos tres años significativamente en contraste a la contracción de la economía (+11.4% vs -3.9%, respectivamente) lo que no ayuda al control de la inflación por lo que idealmente debería contenerse .

Hay que evitar subsidios. Las tasas elevadas de inflación pueden generar incentivos importantes para subsidiar ciertas actividades o productos a fin de proteger a grupos vulnerables. Pero hay que resistir esta tentación ya que los subsidios crean distorsiones a la asignación de recursos y generan presiones insostenibles de las finanzas públicas que a la larga desembocan en más inflación.

Si acaso, pudiera pensarse en reasignaciones presupuestarias para poner en marcha algunos subsidios dirigidos, selectivos y transitorios para grupos en pobreza y preferiblemente no en efectivo sino en cupones para adquirir alimentos que hayan subido mucho de precio.

Adicionalmente, sería deseable evitar incrementos salariales cuantiosos. Estos pueden alimentar la inflación por dos vías: por el lado de la inercia y las expectativas -al exigirse revisiones salariales que pretendan recuperar lo perdido en términos reales, retroalimentando la espiral inflacionaria- y por el lado de los costos de la producción.

Ello no ha sido un factor de inflación en los últimos años, pero hay que advertir que últimamente las revisiones de los salarios en los contratos colectivos y del salario base de cotización del IMSS han repuntado y ya en marzo los incrementos de los contractuales se fijaron por arriba de la inflación . En estas circunstancias un nuevo incremento del salario mínimo de las dimensiones que se ha dado en los últimos 5 años sería desaconsejable.

Asimismo, es pertinente evitar correcciones bruscas de precios de servicios públicos -en favor de ajustes graduales y discretos- que puedan exacerbar las expectativas de inflación, además de sus impactos políticos.

Desde la perspectiva microeconómica, se puede pensar en un plan de trabajo con múltiples aspectos que facilitarían la reactivación de la inversión y la actividad económica de forma que la oferta de bienes se recupere y crezca.

En esto, lo más importante es sin duda evitar controles tipo precios tope, subsidios a ciertas actividades o grupos vulnerables, e intervenciones artificiales para generar oferta a precios bajos por parte del gobierno.

Dichos esquemas han probado ser contraproducentes en todo el mundo, México incluido, al bloquear los incentivos del mercado a la producción y productividad. Sobran los ejemplos en los que esas políticas han terminado en escasez, colas, mercados negros, múltiples artificios de simulación y empresas públicas que acaban destruyendo la oferta.

El funcionamiento de los mercados en el país está sujeto a costos excesivos de producción y distribución, entre otros, que entorpecen el flujo de bienes y servicios hacia los consumidores. Es importante tomar medidas para reducir dichos costos e imprescindible evitar su incremento.

El mejor antídoto para la inflación que se puede generar internamente es un mejor funcionamiento de los mercados y se puede trabajar en medidas y mecanismos cooperativos de coordinación que lo permitan.

En este sentido, pretender la autosuficiencia es erróneo como estrategia para reducir la inflación. Al pretender producir todo internamente para que el consumo se proteja de la volatilidad de los precios internacionales, se pierde el incentivo a la producción que generan precisamente los precios elevados. Al no importar se encarece el consumo nacional y se deteriora la posición comercial del país (sus términos de intercambio), lo que actúa en detrimento de la oferta nacional.

Acciones de tipo microeconómico a incluir en un plan de trabajo enfocado a reducir las presiones inflacionarias.

Apertura comercial.

Es necesaria la entrada en vigor del tratado de libre comercio con Europa (TLCUEM) que generará mayor acceso a lácteos y cárnicos y nuevas oportunidades para productos en los que México tiene ventajas comparativas.

Es pertinente revisar las cuotas de importación que el país impone de manera unilateral, como es el caso de carne fresca o congelada de bovino, pollo y cerdo. Su eliminación reduciría las presiones internas en los precios de productos relacionados.

Acelerar las devoluciones de IVA a sectores con tasa cero, a fin de reducir el costo financiero.

Sector primario agroalimentario.

Facilitar acuerdos entre empresas semilleras y de insumos para lograr mejores precios e incentivar tecnologías que elevan la productividad.

Fortalecer a la Comisión de competencia (COFECE), la procuraduría del consumidor (PROFECO), la Guardia Nacional, y a los gobiernos estatales a fin de combatir prácticas de especulación, fijación de precios, y cobros de piso.

Identificar las zonas productoras que regulan la oferta para incrementar los precios en el mayoreo y medio mayoreo.

Examinar las posibilidades de eliminar aranceles de importación de bienes de diversos países.

Banca de desarrollo.

Financiamiento a tasas más favorables.

Apoyo al seguro agrícola especialmente para pequeños y medianos productores.

Fortalecer AGROASEMEX para ampliar la cultura de cobertura de riesgos de productores a fin de proteger su patrimonio.

Analizar la posibilidad de rescatar el programa de Apoyos a la Comercialización mediante coberturas para mayores beneficios de la agricultura por contrato y emparejar el piso de los productores nacionales respecto a competidores del exterior.

Costos de logística.

Poner en marcha operativos reforzados para combatir los robos y cobros de piso en el transporte.

Evitar o contener aumentos en el peaje de autopistas. Revisión de las cláusulas de las concesiones para identificar oportunidades en este sentido.

Exención de la carta porte.

Regulación/normatividad.

Evaluación de los pesos y medidas en el autotransporte, que puede estar impactando significativamente los costos de los fletes.

Permitir la utilización del glifosato en los cultivos.

Permitir la importación de maíz amarillo genéticamente modificado.

 

México

El INEGI informó que durante febrero el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) se mantuvo sin cambio respecto al mes previo, lo que permitió que en comparación con el mismo mes del año pasado tuviese un incremento de 2.7%, esto después de que en su estimación oportuna se anticipaba un aumento mensual de 0.2% y uno anual de 2.8%. El mayor dinamismo se observó en las actividades terciarias, que mostraron un avance mensual de 0.6% y uno anual de 2.8%, mientras que las actividades secundarias reportaron una caída mensual de 1.0%, aunque en términos anuales tuvieron un avance de 2.5%. Por su parte, las actividades primarias cayeron a una tasa mensual de 3.8% y a una anual de 2.4%. El IGAE de febrero aún se mantiene por debajo de su nivel prepandemia.

Durante febrero el indicador de ventas al menudo mantuvo su dinamismo al mostrar un incremento mensual de 0.8%, mismo avance durante el mes previo. Este comportamiento respondió al incremento de las ventas en seis de los nueve segmentos que integran el indicador general, resaltando los avances de 3.4% en las ventas de productos textiles, bisutería, accesorios de vestir y calzado, de 2.8% en las de vehículos de motor, refacciones, combustibles y lubricantes, y de 2.0%  en  las  de  enseres  domésticos, computadoras, artículos para la decoración de interiores y artículos usados. Respecto al mismo mes del año pasado las ventas minoristas crecieron 6.3%, con lo que ya supera en 2.4% su nivel prepandemia.

Por el lado de los servicios también se observaron mejores resultados. De acuerdo con las cifras del INEGI, durante febrero el indicador de los ingresos totales por suministro de bienes y servicios registró de un incremento mensual de 1.5%, después de que un mes antes reportara una caída de 1.8%. En su comparación con el mismo mes del año pasado reportó un avance de 5.0%. A pesar de este mejor desempeño, hasta ahora no ha sido posible recuperar lo perdido, puesto que se mantiene 7.4% por debajo de su nivel prepandemia.

En materia de empleo, los resultados del INEGI continúan mostrando una paulatina recuperación. Durante marzo la población ocupada se ubicó en 56.6 millones de personas, 3 millones más que un año antes. En el mismo lapso, la población desocupada disminuyó en 400 mil personas, mientras que la población disponible -personas que no trabajan y no buscan empleo pero que desearía trabajar- bajo en 200 mil personas. No obstante, la precariedad del empleo se agudiza. La población ocupada en condiciones críticas aumento en 4.2 millones de personas.

Por su parte la balanza comercial de México mantuvo buenos resultados. En marzo el valor total de las exportaciones creció 20.9% respecto al mismo mes del año pasado, impulsado por un incremento de 67.6% en las ventas petroleras y un alza de 18.4% en las no petroleras. Por su parte, el valor de las importaciones aumentó 12.7%, dentro de las cuales la adquisición de bienes de consumo se elevó 37.4%, la de bienes intermedios 9.4% y la de bienes de capital 13.3%. Con estos resultados, el saldo de la balanza comercial de marzo fue superavitaria en 198.7 millones de dólares. No obstante, en los primeros tres meses del año el saldo acumuló un déficit de 4,794.6 millones de dólares.

De acuerdo con la estimación oportuna del INEGI, durante el primer trimestre del año el PIB creció 0.6%, respecto al trimestre previo, respondiendo a un incremento de 1.1%, tanto en las actividades secundarias como terciarias. Las actividades primarias, por su parte, tuvieron una disminución de 1.9%. Con estos resultados, se prevé que en su comparación anual el PIB creció 1.6%, respondiendo principalmente al aumento de 2.8% en las actividades secundarias. Para las actividades terciarias se prevé un crecimiento anual de 0.6% y para las primarias 2.1%.

Estados Unidos

De acuerdo con la primera estimación del Departamento de Comercio, durante el primer trimestre del presente año el PIB se contrajo a una tasa anualizada de 1.4%, resultado que contrasta con la estimación del mercado que anticipaba un avance de 1.1%. El gasto en consumo personal creció 2.7%, con lo que aportó 1.83 puntos al crecimiento del PIB. La inversión privada aumentó 2.3%, de tal manera que aportó 0.43 puntos. Por el contrario, las exportaciones cayeron 5.9% y las importaciones crecieron 17.7%, de tal manera que el neto de las cuentas externas restó 3.21 puntos al crecimiento del PIB. Por su parte, el gasto de gobierno se redujo 2.7% y restó 0.48% puntos.

En marzo el ingreso personal aumentó 0.5%, porcentaje que si bien fue ligeramente inferior al avance de 0.7% del mes precio, superó el pronóstico del mercado que anticipaba un aumento de 0.4%. Por su parte el gasto personal se elevó 1.1%, con lo que superó tanto el aumento de 0.6% del mes anterior, como la estimación del mercado que preveía un incremento de 0.6%. De esta manera, la tasa de ahorro personal, como porcentaje del ingreso personal disponible se redujo de 6.8% en febrero a 6.2% en marzo.

 

 

Reportacero

 

 

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