La industria siderúrgica no tiene incentivos para traer sus fábricas de vuelta a Europa.- Carola Hermoso
19 de mayo de 2025.- Carola Hermoso, directora general del ‘lobby’ del acero UNESID en España consideró que la industria no tiene incentivos para traer sus fábricas de vuelta a Europa.
La portavoz de Unesid defiende que la verdadera amenaza de la guerra comercial iniciada por Trump es la «invasión» de producto extranjero ‘low cost’. Su segunda gran inquietud es el coste de la electricidad
Carola Hermoso no ha dejado de apagar fuegos desde que en enero se puso al frente de Unesid, la patronal del acero español. Ese mismo mes, el Congreso tumbó el decreto ómnibus que incluía descuentos en la factura energética de muchas de sus asociadas, abriendo un roto al sector de 40 millones de euros al año que el Gobierno todavía no ha cerrado. A los días, Donald Trump anunció aranceles del 25% al acero y el aluminio extranjero. Segundo golpe y otro agujero de casi 400 millones para el sector. El movimiento de tierras de la guerra comercial [que no los aranceles] y la electricidad son sus dos grandes caballos de batalla.
A continuación se reproduce la entrevista publicada en El Mundo con Carola Hermoso:
El Mundo.- Washington excluyó de su moratoria de 90 días los aranceles al acero y al aluminio, ¿teme el sector a Donald Trump?
Carola Hermos.- Exportamos a Estados Unidos 400 millones de euros en valor, pero hay algunos productos en particular que suponen líneas de negocio cruciales para algunas de nuestras empresas. Va a haber un impacto directo, pero lo que de verdad nos preocupa es el golpe indirecto. Que la guerra comercial agrave algo que lleva sucediendo las últimas décadas. Ha habido una inversión masiva en terceros países, en fábricas en Asia o África, que tienen unos costes muy por debajo de los que tenemos en la Unión Europea. Los tenemos por tres motivos. Subvencionan a sus empresas y les garantizan una energía muchísimo más barata, mientras que en Europa el sistema que fija los precios de la electricidad no favorece a la industria. Segundo, tienen mano de obra barata en condiciones laborales muy diferentes a las de la UE. Y, tercero, soportamos requisitos y costes ambientales mucho más altos.
EM.- Pero esa deslocalización la han ejecutado las propias empresas europeas, ¿están dispuestas a revertirla en favor de esa autonomía estratégica?
CH.- Pues la verdad es que no hay muchos incentivos para que las empresas europeas y españolas vuelven a traer las fábricas a Europa. El mayor factor limitante son los costes energéticos, que es el mayor factor de competitividad ahora mismo. Y luego, está claro que las empresas tienen que cumplir unos estándares de calidad y seguridad, pero aunque la Unión Europea ha traído muchas cosas buenas, también ha generado mucha burocracia. Ese es el segundo desafío.
EM.- En España la primera parte pasa por recuperar el descuento a los peajes eléctricos para la industria, que decayeron en enero al fracasar el decreto ómnibus, ¿qué les transmite el Gobierno?
CH.- Eso es algo que ha sido un despropósito. La medida estaba en ese decreto y por razones ajenas se cayó. La industria no puede estar al albur de pulsos políticos, necesita predictibilidad. Las empresas contaban con esos descuentos y ahora hay mucha incertidumbre. La ministra Sara Aagesen me confirmó que tienen la firme voluntad de recuperarlos cuanto antes y con carácter retroactivo. Pero la realidad es que aún no ha llegado al Consejo de Ministros, que sepamos.
EM.- ¿Qué lo está frenando?
CH.- Lo lógico sería que se aprobara un real decreto específico sobre ese tema, que no lo juntaran con otros temas. El Gobierno se queja mucho de que es muy difícil llegar a acuerdos con la actual arquitectura parlamentaria. Pero aquí habría consenso si la medida no se empañase con otros temas. Casi todos los grupos políticos entienden que es urgente mejorar la competitividad de la industria para que España levante el vuelo.
EM.- Para cerrar el capítulo energético, ¿cómo vivió el sector el gran apagón y qué consecuencias cree que se derivarán del incidente?
CH.- Lo que más nos preocupa en este momento es que se esclarezcan las causas y se tomen medidas para que no vuelva a ocurrir. Desde luego ha habido pérdidas que se están estimando, aunque aún no tenemos cifras concretas.
EM.- De vuelta a Estados Unidos, ¿ve alivio en la suspensión temporal de aranceles?
CH.- En el fondo no beneficia, porque alarga la incertidumbre y esto está paralizando las inversiones. Las empresas ralentizan inversiones cuando no saben cuánto les va a costar.
EM.- En el caso del acero y el aluminio, Donald Trump sí ha mantenido las tasas, pero Europa no, ¿cómo valora la posición de la UE?
CH.- Hace poco preguntamos al Ministerio de Industria si veían margen de maniobra en las negociaciones con Washington y nos vinieron a decir que no lo veían del todo claro. El de Europa era más un plan disuasorio que tampoco estaba dirigido a productos de acero.
EM.- En 2018 Trump ya impuso aranceles al sector, ¿algo ha cambiado?
CH.-Entonces hubo negociación y se acordaron exenciones y contingentes. Ahora no parece que Washington tenga voluntad en flexibilizar su ofensiva.
EM.- ¿Qué herramientas tienen las empresas españolas para afrontarlo?
CH.- El Gobierno nos ha pedido opinión y, al final, cualquier medida que mejore la competitividad o alivie la presión regulatoria es positiva. Para las más expuestas a EEUU hacen falta ayudas directas y quirúrgicas. Luego, desde Economía trabajan en abrir nuevos mercados para que esas empresas puedan sustituir lo que aportaba EEUU. Y ahí le hemos pedido que prudencia al Gobierno.
EM.- ¿Por qué?
CH.- Hemos pedido que se cuente con nosotros porque si, por ejemplo, abres la frontera para los productos siderúrgicos en India, luego ellos pueden invadir el mercado europeo. El fomento de la internacionalización debe hacerse con prudencia. Si abres la frontera para que nuestros productos entren, también los de ellos entrarán masivamente en nuestro mercado.
EM.- ¿Cree Trump le ha servido a Europa para despertar?
CH.-En la nueva estrategia de la Unión Europea ya había un plan para elevar la competitividad del sector del metal. Los aranceles solo lo han acelerado. Estamos en el ojo del huracán desde mucho antes de Trump. Europa se ha dado cuenta de que necesita al acero para su autonomía estratégica, yo diría que hoy estamos en el centro de las políticas industriales. Europa se ha dado cuenta de que está importando productos que están generando un impacto en países que no siguen sus estándares climáticos y en los que hay trabajadores en condiciones laborales que aquí no toleraríamos. Da igual que el CO2 se emita en Vietnam que en Europa, el efecto es el mismo. Es en esto en lo que la UE ha despertado y está buscando soluciones.
EM.- La Unión Europea ha creado el mecanismo de ajuste en frontera por carbono (CBAM), precisamente, para equilibrar costes medioambientales, ¿es suficiente?
CH.- Va a entrar en vigor en 2026 y el diseño nos gusta, pero tiene agujeros. Debe haber un control muy estricto del origen del producto que entra para evitar que se eluda en el trayecto, entre el país de origen y su entrada en la UE. Las emisiones de una bobina deben tomarse desde donde se funde el acero. Ese es su origen independientemente de que el producto vaya saltando de un país a otro.
Reportacero