INTERNACIONALES

La siderurgia española, en la encrucijada

El futuro del acero al carbono y del inoxidable en España pasa por ajustes y por la consolidación

Agencias.- El exceso de capacidad, los problemas financieros, una competencia creciente procedente del exterior y algunos procesos sucesorios marcan el panorama de los principales actores del sector siderúrgico en España. Una situación de incertidumbre que ya está obligando a las empresas a redefinir sus estrategias y tomar posiciones ante los movimientos corporativos que se avecinan.
Según las cifras de la patronal World Steel Association, la producción total de acero bruto en España en 2010 rondó los 16,3 millones de toneladas. Una cifra que marca una tendencia al alza tras el desplome de 2009 (14,3 millones de toneladas), pero que está todavía muy lejos del punto máximo de 21 millones de toneladas, alcanzado en 2007, justo antes de la crisis.
La realidad es que los niveles de producción se mueven en las cifras que se manejaban en 2003, pero la capacidad instalada es significativamente superior (ronda los 22 millones de toneladas anuales), fruto sobre todo del boom inmobiliario y de la construcción.
Vivir del exterior
La contracción del consumo aparente del acero en España (es más o menos la mitad que el que se registraba en 2007) ha obligado a las empresas a aumentar sus niveles de exportación para poder sobrevivir.
Una situación especialmente clara en el caso de los productos largos (como vigas o alambrón), destinados sobre todo a la construcción. En los últimos cuatro años, la capacidad de producción de largos en España se ha duplicado, hasta casi los cuatro millones de toneladas. Sin embargo, la demanda interna ha caído a la mitad, hasta las cerca de 700.000 toneladas.
Esto ha provocado que todas las empresas (ArcelorMittal, Gallardo y Celsa son las principales) se vuelquen en el exterior, con unos niveles medios de exportación del 70%, lo que en algunos casos supone triplicar los previos al desplome del mercado.
«El problema es que exportar con tanta intensidad supone un recorte significativo de los márgenes respecto a los que se consiguen en el mercado español, porque tienes que competir con empresa locales en lugares como Turquía, Ucrania, el norte de África…», señala Christoph Beseler, socio de la consultora Roland Berger.
En este contexto, grupos con una importante diversificación geográfica, como ArcelorMittal, cuentan con una ventaja competitiva frente a sus rivales.
Rivales que, en el caso de Celsa, tienen que terminar de digerir un proceso interno de sucesión (Francesc Rubiralta Rubió ha tomado el relevo de su padre, fallecido a finales del año pasado), o que están en pleno proceso de reestructuración ante las exigencias de los bancos que financiaron su expansión, como es el caso de Gallardo.
Una prueba del impacto que la crisis ha tenido sobre el grupo extremeño es la decisión de incluir en el último momento su planta de Turingia (Alemania) en el paquete de centros puestos recientemente a la venta y que han ido a parar al gigante brasileño CSN. «Era la joya del grupo, una fábrica que generaba mucho Ebitda y con relativamente poca deuda», recuerda Beseler.
De hecho, no hace ni cuatro meses que el grupo presumía de que la fábrica era «una de las más eficientes de Europa» y la incluía como una pieza clave dentro de su estrategia comercial, aprovechando su ubicación y el tirón de la economía alemana.
Por su parte, el desembarco de CSN en Alemania y España (con las dos acerías vascas y la cementera que también ha comprado a Gallardo) supone un toque de atención para ArcelorMittal, ya que implica la entrada de un serio competidor en territorio propio del gigante del acero.
En el caso de los productos planos (con el sector del automóvil como principal cliente), el juego está más en Europa que en España y la política de capacidad es la que marca el grupo de Lakshmi Mittal. Aquí, Asturias se mantiene como una de las producciones más competitivas para la compañía, lo que juega a favor de su mantenimiento. El principal riesgo sería que alguna de los principales plantas del automóvil en España decidiera trasladar la producción a otro país.
Con todos los factores citados anteriormente, los analistas entienden que el futuro en el campo del acero al carbono en España pasa por ajustes de capacidad y una reordenación general. Algo similar a lo que se espera en el negocio del acero inoxidable.
La decisión de ArcelorMittal de escindir su actividad en este área creando Aperam y el acuerdo tomado por el consejo de Acerinox, la semana pasada, de crear una filial para agrupar su negocio industrial son claros indicios de que el sector se prepara para una consolidación que se va a producir más pronto que tarde.
La crisis ha acentuado los problemas estructurales de sobrecapacidad que tiene el inoxidable en Europa. Según Morgan Stanley, la demanda no volverá a los niveles precrisis hasta 2014.
Ahora, el reto principal que tiene la industria del inoxidable es el de generar escala. Algo a lo que está más obligado Aperam, con plantas más pequeñas y con una ubicación menos favorable que las de sus rivales para reducir costes. Una variable que, en este sector, en buena parte queda fuera del alcance de sus gestores, ya que está muy condicionada por la evolución de precios de metales como el níquel en la Bolsa de Metales de Londres.

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