Economia y PoliticaNacionales

México ingresó en abril en fase de recesión aguda.- IDIC

26 de junio de 2020.- De acuerdo con José Luis de la Cruz Gallegos, Director General del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico, IDIC, dijo que el mensaje de la economía mexicana es claro: en abril pasado, de acuerdo con el INEGI, la economía mexicana entró en una aguda fase de contracción.

Explicó que la variación negativa de (-) 19.7% sintetiza la debilidad de un sistema productivo que acumula 12 retrocesos consecutivos y cuyo ciclo económico se encuentra en el menor nivel desde que se tiene información mensual.

Por ello el IDIC refrenda que:

Para enfrentar esta situación se requiere de un Estado Desarrollador Industrial: una amplia colaboración público-privada que permita crear nuevas capacidades productivas en medio de un entorno recesivo que mermó la capacidad potencial del IGAE.

Sin ello la afectación social será considerable.

En las recesiones de 1995, 2001-2003 y de 2009, México tardó entre dos y hasta cuatro años en recuperar el nivel del IGAE que existía antes de la crisis.

Lamentablemente en este momento no contará con el motor externo que sirvió como catalizador en aquellos sucesos.

Las razones:

La recesión y el proceso electoral que se vive en Estados Unidos crearán incertidumbre sobre las medidas de política económica que aplicará el principal socio económico del país.

La sombra generada por el Covid-19: ¿habrá segundo cierre de actividades?

El nuevo desafío que representa el ascenso de China y ante el cual México no ha encontrado una fórmula de acercamiento que genere beneficios mutuos.

El mundo realiza esfuerzos aislados y hasta divergentes para enfrentar la crisis.

Los anuncios de la implementación de una política industrial activa, que va más allá de la lógica comercial, realizados recientemente en Estados Unidos, Canadá, China, Francia, Alemania y la India, con sus diferencias, representan una muestra de la estrategia de interés nacional que se utiliza para enfrentar la mayor recesión global en casi un siglo.

México deberá reconstruir su tejido social y productivo con una visión y estrategia integral: el peso de la crisis es considerable para un mercado laboral esencialmente informal y para una composición empresarial en donde el 94% de las unidades económicas son micronegocios y el 50% del crecimiento económico depende de las grandes empresas (el 0.22% del total).

Visiones parciales enfrentarán una realidad polarizada que debe atenderse gradualmente y sin perder el objetivo de alcanzar mayor crecimiento y desarrollo económico: una alianza productiva que permita desarrollar a las empresas de menor tamaño a través de su asociación con las de mayor calado, las que son motores de crecimiento y empleo formal.

Mantener un debate centrado en la deuda pública conduce a un callejón sin salida: es necesario establecer estrategias que permitan dar respuesta a las necesidades de empleo, alimento, seguridad social, inversión, seguridad, productividad, competitividad y desarrollo que la sociedad y empresas mexicanas tienen, tanto de forma estructural como por la delicada contingencia generada por el Covid-19.

El Estado Desarrollador Industrial puede generarlo porque:

Únicamente un aumento en la inversión revertirá la caída en el crecimiento y capacidad potencial del IGAE: el daño es estructural y el mecanismo para revertirlo se encuentra en la inversión y el financiamiento orientado a los sectores estratégicos que pueden impulsar crecimiento, empleo y encadenamientos productivos de forma rápida y vigorosa.

Toda recesión precariza y erosiona la disponibilidad de recursos tanto para la sociedad como para las empresas y el propio gobierno. México lo conoce por su experiencia de crisis recurrentes en los últimos 40 años.

Por ello debe buscar nuevos caminos para hacer frente a este nuevo desafío: el desarrollo industrial es el único que ha probado tener éxito en la historia contemporánea del mundo y al que México ha renunciado durante los últimos 40 años.

México enfrenta su tercera recesión del siglo XXI, una profunda contracción económica. La inercia creada por la recesión económica y el Covid-19 propician un entorno adverso para la NO intervención del Estado.

La caída contabilizada durante los primeros cuatro meses del año es significativa (-6.2%), merma que se exacerbará con los registros de mayo y junio.

Confiar en el T-MEC y la reapertura de la economía tiene limitantes: hay una afectación en el sistema productivo que debe enfrentar un nuevo entorno regulatorio en América del Norte en medio de una recesión.

Por ello, lo relevante es plantear las estrategias y mecanismos de política económica que permitirán enfrentar y revertir las tendencias negativas asociadas al actual desempeño del sistema productivo nacional.

La dinámica negativa se ha generalizado en la mayor parte de los componentes del IGAE: se debe establecer un programa contracíclico integral, amplio y profundo que pueda contribuir a enfrentar exitosamente la situación actual.

La reapertura gradual de la economía y la entrada en vigor del T-MEC solamente atenuarán la caída del sistema productivo mexicano y la precarización del mercado laboral que ello implica: no bastarán para generar una recuperación sólida y sostenible capaz de elevar el bienestar social de los mexicanos más pobres.

Los efectos de la recesión previa y los atribuibles al Covid-19 han implicado un daño a la capacidad de recuperación de las empresas.

Además, las condiciones de los mercados en México, Estados Unidos, Europa y Asia se han modificado, comenzando por el hecho de que la amenaza del Covid-19 sigue vigente.

El aumento de los contagios en Estados Unidos, Brasil, Rusia, La India y México constituye un ejemplo representativo de que el problema de fondo no se podrá resolver hasta contar con una vacuna y/o un tratamiento efectivo contra la enfermedad.

De igual forma los mercados se han visto afectados por una recesión que es manejada de forma aislada por los principales gobiernos del mundo: China, Alemania, Estados Unidos y Francia, por ejemplo, apoyan fuertemente a sus empresas y sociedad. Por su parte México ha decidido no hacerlo:

El resultado de la divergencia será una competencia desigual: grandes empresas trasnacionales soportadas por sus gobiernos frente a empresas mexicanas que deben hacer frente a la situación con sus propios recursos.

La primera muestra de la nueva realidad de los mercados se observará en América del Norte: la entrada en vigor del T-MEC abrirá una oportunidad para las empresas que tienen altas capacidades productivas y un entorno competitivo para desarrollarse. El acceso al financiamiento y a la innovación tecnológica serán determinantes.

Ante ello es fundamental reconocer cómo llegan las empresas mexicanas a este

momento:

La economía mexicana ha registrado su mayor caída desde que se tienen registros mensuales (gráfica 1): la disminución de abril fue de (-) 19.7%, una contracción no observada desde que se tienen registros mensuales (1993).

En consecuencia, el IGAE:

Presentó una reducción promedio de (-) 6.2% durante los primeros cuatro meses del año y de (-) 1.7% en lo que va del actual sexenio.

Acumula 12 meses de caídas consecutivas y 13 en los últimos 14 meses: el confinamiento asociado al Covid-19 exacerbó la tendencia negativa del sistema productivo nacional.

Exhibe un ciclo que profundizó su tendencia negativa: se encuentra en el nivel más bajo desde 1994.

Todos los componentes del IGAE exhibieron un desempeño negativo (salvo las actividades primarias y las actividades legislativas, gubernamentales, de impartición de justicia y de organismos internacionales y extraterritoriales).

En el cuadro 1 se observa la variación en abril, durante los primeros cuatro meses del año y durante los primeros 17 meses de la actual administración de los sectores que conforman el IGAE:

En abril la economía en general retrocedió (-) 19.7%, las actividades primarias crecieron 2.4%, las secundarias y terciarias bajaron (-) 29.6% y (-) 16.1% respectivamente.

Dicho resultado ha generado un resultado que debe ponderarse cuidadosamente: la caída de la capacidad potencial de IGAE.

La economía mexicana va a requerir de inversiones significativas para recuperarse, una situación compleja tanto por la debilidad que exhibe el mercado interno como por la evolución de la economía de Estados Unidos: su ciclo industrial también se encuentra en la fase negativa más aguda de los últimos 50 años.

Al interior del sector terciario (el mercado interno) se registraron cifras no vistas desde 1994 (cuadro 1):

Servicios de alojamiento temporal y de preparación de alimentos y bebidas (-) 70.4%.

Comercio al por menor (-) 32.1%.

Transportes, correos y almacenamiento; Información en medios masivos (-) 28.7%

Servicios de esparcimiento culturales y deportivos, y otros servicios recreativos; Otros servicios excepto actividades gubernamentales (-) 30.7%.

Comercio al por mayor (-) 18.9%.

El débil desempeño del mercado interno se conjugó con la evolución previamente

publicada por el INEGI respecto al sector industrial: (-) 29.6% en abril, un promedio de (-) 9.9% en los primeros cuatro meses del año y de (-) 3.7% durante el sexenio.

Como resultado se tiene que la mayor parte del ciclo económico de los componentes del IGAE exhibe una tendencia a la baja (graficas 5 a 11 en el anexo) que se debe revertir y para lo cual se requiere una estrategia de política económica e industrial con visión de un Estado Desarrollador Industrial. De otra forma la economía seguirá presentando resultados negativos como los acumulados desde el 2018.

 

 

Reportacero

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