Muestra inflación señales de presiones duraderas.- CEESP
5 de julio de 2021.- De acuerdo con el Análisis Económico Ejecutivo del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, CEESP, la inflación medida se ha incrementado sustancialmente.
En esa dinámica hay elementos transitorios, relacionados con efectos base y movimientos de precios relativos, pero también hay otros que sugieren presiones inflacionarias duraderas.
La inflación mensual medida del subíndice de precios subyacente subió significativamente a partir de diciembre pasado.
Hay la posibilidad que la combinación de varios factores que han afectado el índice de precios al alza debiliten el ancla de las expectativas de inflación.
La junta de gobierno del Banco de México actuó acertadamente al elevar la tasa de interés de referencia.
LAS PRESIONES INFLACIONARIAS
En los últimos meses el ritmo de crecimiento de los precios al consumidor se elevó significativamente, de tal manera que en su comparación anual ha llegado a superar el 6%, lo que no se veía desde finales del 2017. Con este aumento, la inflación esperada para el cierre del año se elevó a 5.7%.
Este comportamiento refleja en buena medida ese efecto aritmético que tanto se ha comentado al comparar niveles con una base anormalmente baja, debido al cierre de actividades por la pandemia en la primera mitad del año pasado. El inesperado impacto del confinamiento sanitario implicó un choque simultáneo de oferta y de demanda que finalmente resultó en un menor crecimiento de los precios al consumidor el año pasado. Por ejemplo, en abril del 2020 la inflación anual se ubicó en 2.15%, la más baja desde noviembre del 2015.
Por el lado de la oferta, el cierre de actividades dañó las cadenas de suministro propiciando la escasez de insumos intermedios y bienes finales, como por ejemplo los microprocesadores utilizados en la industria automotriz, entre otras afectaciones. El choque de oferta negativo implicaba en principio una presión al alza en los precios.
En el caso de la demanda, el rápido (casi inmediato) deterioro del ingreso familiar ante el cierre o suspensión temporal de una enorme cantidad de puestos de trabajo y, evidentemente, el confinamiento por sí mismo fueron presiones a la baja de los precios finales, que más que compensaron las de la oferta; de ahí que la base para las comparaciones anuales en este momento, es decir, respecto a los mismos periodos del año pasado, exageran la inflación medida.
Así, en la primera quincena de junio el indicador general de precios al consumidor creció a una tasa anual de 6.02%, más del doble de la meta puntual del Banco de México, 3%, y fuera del rango establecido de +/- 1 punto porcentual alrededor de la misma.
Más allá de las comparaciones con bases distorsionadas, cabe aclarar que un (mayor) aumento de los índices de precios no implica necesariamente una mayor inflación, ya que esta se define como un aumento generalizado y sostenido en el nivel (general) de precios, para lo que normalmente se utiliza el índice (nacional) de precios al consumidor (INPC). Así, el incremento del precio de un bien o servicio determinado que puede causar la elevación del índice de precios -que agrega a los de muchos bienes y servicios- no implica necesariamente inflación, sino que puede ser un cambio en precios relativos con efectos temporales y sin presión inflacionaria tal cual2/.
Asimismo, un aumento, sí generalizado de precios, pero no sostenido, tampoco implica una mayor inflación necesariamente. En el extremo un “salto” de una sola vez de los precios en un mes en particular, normalmente no se considera inflación, ya que su dinámica no reproduce en el tiempo. Sí reduciría el poder de compra, pero sería un choque transitorio.
Otro elemento que hay que considerar para apreciar la presión inflacionaria es la distinción entre la inflación de los subíndices de precios no subyacente y subyacente. El primero se refiere a precios que varían por circunstancias particulares, como los agropecuarios, que dependen del clima, factores estacionales y otras circunstancias específicas a ellos, los administrados por el gobierno y los determinados en el exterior.
El conjunto subyacente se compone de los precios que dependen de las variables macroeconómicas de oferta y demanda agregadas. El comportamiento de este conjunto depende crucialmente de las expectativas (de inflación) de los agentes económicos. El banco central puede influir en el comportamiento de estos mediante las señales que a su vez afectan las expectativas. En México como en otros países el instrumento para ello es la tasa de interés de política monetaria, o de referencia, que fija la junta de gobierno del banco central. Puede decirse que la inflación (del índice) subyacente es el indicador que marca la tendencia general de mediano y largo plazos del nivel de precios y mide la presión inflacionaria.
Debido a la base de comparación distorsionada de 2020, en una situación extraña como la actual -con una pandemia global sin precedente en los mercados modernos-, para apreciar las presiones inflacionarias es más adecuado examinar los incrementos mensuales de los índices de precios (normalmente se utiliza el índice de precios al consumidor).
Los incrementos mensuales del INPC subyacente en México se han elevado sustancialmente en meses recientes. Dicho índice se incrementó en promedio a una tasa de alrededor de 0.3% mensual con poca dispersión en 2018, 2019 y la primera mitad de 2020; y las tasas fueron aún menores en la mayor parte del segundo semestre de ese año. De diciembre a mayo el promedio del incremento mensual fue significativamente mayor, al alcanzar 0.46%3/.
Con la paulatina mejora de la actividad económica, la mayor movilidad y demanda de los consumidores y la gradual recuperación de empleos perdidos, los productores de bienes y los oferentes de servicios comienzan a ver una oportunidad para compensar la absorción del costo de los insumos y de la demanda deprimida por varios meses, mediante el aumento de sus precios.
Al parecer, los incrementos de diciembre a mayo han sido relativamente generalizados o por lo menos más homogéneos comparados con los años previos. Ello indica que hay presiones inflacionarias más allá de efectos de cambios de precios relativos en los crecimientos mensuales más elevados del INPC en esos meses.
Por su parte, en opinión de varios especialistas el dinamismo más acelerado de los precios será transitorio, con base en algunos argumentos como la percepción de que, como se menciona al principio, la inflación anual medida refleja el efecto de la comparación con un nivel anormalmente reducido en la primera parte del 2020.
Otro argumento a favor de la idea de que el impulso inflacionario reciente es transitorio radica en el impacto de diversos rubros de precios que son determinados exógenamente ya sea por el gobierno, por los mercados internacionales o por efectos estacionales, que se concentran en el subíndice no subyacente. Ese es el caso de los precios de combustibles que afectan directamente los costos y que han tenido aumentos recientes en los últimos meses. Ejemplo de esto es el precio de las gasolinas, que en la primera quincena de junio reportaron incrementos anuales de 24.4% y 17.7% en las gasolinas de alto y bajo octanaje, respectivamente.
Sin duda, la reapertura económica y el alza en los precios de los energéticos han contribuido de forma temporal a la inflación. Es previsible que conforme se normaliza la actividad económica, la movilidad y la reapertura de empresas y negocios podrán ir cediendo las presiones inflacionarias.
Pero, como se señaló antes, las cifras recientes del subíndice subyacente en sus incrementos mensuales muestran constantes presiones de precios y ello quizá de manera más relevante que los efectos de cambios en precios relativos y de choques transitorios. Ello ha generado una mayor preocupación acerca de la durabilidad en el tiempo que pueden mantener los mayores aumentos del INPC, o sea, acerca de una presión inflacionaria.
Es claro que las presiones inflacionarias han sido mayores y más persistentes que lo anticipado haciendo que las estimaciones para el cierre del año se corrijan al alza, sobre todo en un entorno en que la recuperación económica puede también generar presiones de demanda adicionales en el comportamiento de los precios.
El Banco de México consideró que los “choques que han incidido sobre la inflación son de carácter transitorio”. Pero hay que tomar en cuenta que el conjunto de choques transitorios o exógenos puede ser de tal magnitud que genere un “desanclaje” de expectativas y, así, resulte en una legítima dinámica de inflación. El Banco también señaló que “El balance de los riesgos que podrían incidir en la actualización de la trayectoria esperada de la inflación en el horizonte de pronóstico es al alza”, lo que podría representar riesgos para el proceso de formación de precios.
En este contexto, la Junta de Gobierno de la autoridad monetaria decidió incrementar (para algunos inesperadamente) en 25 puntos base su tasa de referencia, con el objetivo de evitar un deterioro en las expectativas de inflación y tratar de lograr un ajuste ordenado en la formación de precios.
Obviamente esta decisión refleja una preocupación de la mayoría de la junta sobre la posibilidad de que la duración de niveles de inflación elevada se extienda más de lo anticipado. El Banco prevé que la inflación general converja a la meta de 3% hasta el tercer trimestre del 2022 y no en el segundo como lo había previsto en su informe trimestral.
A favor de que la inflación no se salga de control están la estabilidad cambiaria, los efectos transitorios de comparación con una base baja y todavía una brecha significativa del producto que contribuyen a mitigar las presiones inflacionarias.
Con base en lo anterior, la autoridad monetaria del país debe mantenerse atenta y en su caso tomar las medidas preventivas que eviten un deterioro de las expectativas inflacionarias. En especial, debe ser claro con mensajes que fortalezcan su credibilidad como organismo independiente de la política monetaria del país y, por lo tanto, de la defensa del poder adquisitivo de la moneda. No se puede descartar que comience un ciclo de alzas en la tasa de interés para reforzar el anclaje de las expectativas inflacionarias.
Hasta ahora, sin duda las decisiones de la Junta de Gobierno del Banco de México han sido un ejemplo del comportamiento responsable de un organismo independiente comprometido con sus objetivos.
México
Durante mayo, el valor de las exportaciones totales creció 125.2% respecto al mismo mes del año pasado, resultado que refleja el efecto aritmético por compararse con el nivel más bajo del año pasado tras la caída que significó el cierre de las operaciones comerciales como consecuencia del confinamiento sanitario. Al interior de este rebote, sobresale el incremento de 136.3% en las exportaciones manufactureras, en especial por la recuperación de las exportaciones de la industria automotriz que repuntaron 859.5%. El valor de las exportaciones petroleras también mostraron un dinamismo importante al incrementarse en 137.9%, respondiendo a un aumento de 39.69 dólares en el precio del barril de crudo de exportación y de 923 mil barriles diarios en la plataforma de exportación. Por su parte, el valor de las importaciones totales creció 87.5%, impulsado por el avance de 116.0% en las adquisiciones de bienes de consumo, del incremento de 89.4% en la importación de bienes de consumo y de 43% en la de bienes de capital. De esta manera, el saldo de la balanza comercial de mayo fue superavitario en 339.7 millones de dólares.
En línea con las mejores expectativas de crecimiento, la confianza empresarial también da señales de una mayor certidumbre. De acuerdo con el reporte del INEGI, durante junio el indicador de confianza del sector construcción aumentó en 1.8 puntos respecto al mes previo, lo que significó que comparado con el mismo mes del año pasado mejoró en 12.5 puntos. Sin embargo, pese a esta mejora, su nivel acumuló 32 meses consecutivos por debajo del umbral de los 50 puntos.
Por su parte, el indicador de confianza del sector manufacturero también tuvo una mejora mensual de 1.8 puntos, aunque en términos anuales esto significó una avance de 14.2%. En el caso de la confianza del sector comerció se observó un aumento mensual de 2.1 puntos y uno anual de 15 puntos. En ambos casos los avance de los últimos dos meses ha sido suficiente para que su nivel superara el umbral de los 50 puntos
Estados Unidos
El Departamento del Trabajo informó que durante junio la evolución del mercado laboral fue mejor de lo esperado. En cuanto a las nóminas no agrícolas, estas reportaron un aumento de 850 mil trabajadores, que además de ser la mayor generación de empleos desde agosto del año pasado, superó la previsión del mercado que anticipaba la creación de 680 mil nuevos puestos de trabajo. Las nóminas del sector privado aumentaron en 662 mil personas, por arriba de los 516 mil empleos creados un mes antes y superior a la estimación del mercado que preveía la creación de 570 mil empleos. La paulatina reapertura de puestos de trabajo conforme se normaliza la actividad productiva ha permitido que un mayor número de personas se integren a la búsqueda de empleo. De esta manera, la tasa de desempleo en junio se ubicó en 5.9%, una décima por arriba de la reportada el mes previo y superior al pronóstico del mercado de 5.7%.
El Census Bureau informó que en mayo el gasto en construcción disminuyó 0.3%, después de dos meses consecutivo con alzas. Además, este resultado contrastó con el pronóstico del mercado, que anticipaba un aumento de 0.3%. Este resultado respondió principalmente a la disminución de 0.3% en el gasto en construcción privado, en especial por la disminución de 1.1% en el gasto no residencial, impulsado en buena medida por una caída del 1.6% en el gasto de energía y una baja de 2.7% en el gasto en manufactura. Por el contrario, el gasto residencial privado se elevó 0.2%, que fue impulsado por un aumento del 0.8% en la construcción de viviendas unifamiliares nuevas. Por su parte, el gasto público en construcción se contrajo 0.2%, especialmente por la caía de 0.3% en el gasto no residencial, impulsado por una disminución de 1.9% tanto en el gasto educativo como en el gasto en transporte.
Reportacero