Presenta Ministerio de Comercio, Industria y Recursos de Corea Plan de Impulso a la Industria Siderúrgica
6 de noviembre de 2025.- La industria siderúrgica coreana se encuentra en una encrucijada crítica. Aquejada por la sobreoferta, la débil demanda interna y el auge global del proteccionismo, enfrenta la crisis más grave en décadas.
En respuesta, el Ministerio de Comercio, Industria y Recursos ha presentado el Plan de Impulso a la Industria Siderúrgica, que marca el inicio, largamente esperado, de la reestructuración.
El plan fomenta la reducción de la capacidad de producción de barras de refuerzo y otros productos siderúrgicos de uso general, al tiempo que proporciona ayuda financiera limitada a ciertas empresas orientadas a la exportación.
Sin embargo, los críticos advierten que, sin medidas concretas para compensar las pérdidas o aliviar la presión sobre los costos, esta iniciativa corre el riesgo de convertirse en un gesto vacío en lugar de una verdadera reforma.
La difícil situación del sector siderúrgico es emblemática de las debilidades estructurales más amplias de la base manufacturera de Corea.
La actividad de la construcción se ha ralentizado, lo que ha mermado la demanda interna de barras de refuerzo, vigas y tuberías. Al mismo tiempo, el exceso de oferta mundial, impulsado por la incesante producción de China, ha deprimido los precios y los márgenes de beneficio.
Si a esto se le suma el creciente proteccionismo, especialmente por parte de Estados Unidos, el panorama se torna aún más sombrío. No sorprende, pues, que el plan de reestructuración del gobierno haga hincapié en la reducción de la producción de artículos de bajo valor añadido y fabricados en masa.
Sin embargo, una política basada únicamente en la reestructuración voluntaria podría resultar insuficiente para superar el estancamiento. La idea de recortes de capacidad autorregulados suena atractiva en teoría, pues respeta los principios del mercado y evita acusaciones de favoritismo.
En la práctica, no obstante, las empresas inmersas en una feroz competencia suelen ser reacias a ceder primero, por temor a perder cuota de mercado. El resultado es que todos siguen produciendo a pérdidas.
Un patrón similar ya se ha observado en el sector petroquímico, donde, a pesar del llamado del gobierno a la reestructuración autónoma, el progreso ha sido extremadamente lento. La advertencia del viceprimer ministro y ministro de Finanzas, Koo Yun-cheol, de no «desaprovechar el momento crucial» subrayó la urgencia de actuar.
El gobierno hace bien en evitar una intervención autoritaria en las decisiones de gestión empresarial. Sin embargo, liderazgo y coordinación no son sinónimos de injerencia. La política industrial de Corea necesita una guía firme que establezca una dirección clara para la consolidación, fomente la venta de operaciones no rentables y ayude a gestionar los inevitables ajustes laborales.
El cierre de instalaciones y los recortes de producción implican inevitablemente reducciones de personal, lo que puede desencadenar fácilmente conflictos laborales. Sin una mediación proactiva y medidas de protección social, los esfuerzos de reestructuración corren el riesgo de fracasar debido al conflicto y la resistencia.
Los desafíos que enfrenta la industria petroquímica subrayan aún más esta urgencia. Ante el desplome de la demanda mundial y la avalancha de productos chinos baratos, los productores nacionales se encuentran atrapados en una carrera contraproducente hacia el abismo.
El anuncio del gobierno en agosto de reducir hasta 3.7 millones de toneladas de capacidad de craqueo de nafta (aproximadamente una cuarta parte del total nacional) fue una medida ambiciosa, pero su implementación ha sido lenta. La Unión Europea y Japón ya han dado un giro decisivo hacia los petroquímicos especializados de alto valor añadido, lo que obliga a Corea a intentar alcanzarlos. Cada retraso incrementa los costos irrecuperables y erosiona la competitividad.
Para que la reestructuración industrial de Corea tenga éxito, el gobierno debe ir más allá de las exhortaciones pasivas. Ya no basta con emitir documentos de política y decirles a las empresas que «se las arreglen solas».
El rígido mantra de «primero la autoayuda, luego el apoyo» debe dar paso a un modelo más pragmático: reforma y apoyo en paralelo. Medidas financieras oportunas, como la extensión de plazos de préstamos, ajustes de tasas de interés y desgravaciones fiscales específicas, deben complementar la autorreforma empresarial, no ir a la zaga. Igualmente importante es la flexibilidad regulatoria que permita a las empresas fusionarse, reducir su tamaño o diversificar sus actividades sin excesiva burocracia.
El riesgo es enorme. El acero y la petroquímica no son solo sectores tradicionales; siguen siendo pilares de la economía manufacturera y exportadora de Corea. Si se dejan languidecer bajo el peso del exceso de oferta y la ineficiencia, las repercusiones se extenderán mucho más allá de las empresas individuales, amenazando la estabilidad del ecosistema industrial del país.
En última instancia, la esencia de la reestructuración no radica en reducir la producción, sino en fortalecer la competitividad. Corea debe aprovechar este momento para priorizar la calidad sobre la cantidad, y el crecimiento impulsado por la innovación sobre la producción de materias primas.
Esta transformación exigirá valentía por parte de los líderes de la industria, cooperación de los trabajadores y un firme compromiso por parte del gobierno. La oportunidad —el momento clave— se está agotando rápidamente. Corea necesita ahora acciones decisivas, no una observación cautelosa. Solo mediante una alianza equilibrada entre autonomía y apoyo podrán sus industrias clave renacer más fuertes, más eficientes y preparadas para el futuro.
Reportacero