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Promedia 2.66% crecimiento anual.- Grupo Financiero BASE

31 de octubre de 2022.- Grupo Financiero BASE publicó hoy su Perspectiva Económica de México, señalando que el Producto Interno Bruto (PIB) de México creció en el tercer trimestre a una tasa trimestral de 1.0%.

Con respecto al mismo periodo del año pasado, el PIB muestra un crecimiento anual de 4.3%, el más alto desde el tercer trimestre del 2010 (omitiendo el 2021 por la distorsión causada por la pandemia).

El alto crecimiento del tercer trimestre se debe a 1) efecto matemático de baja base de comparación, pues en el tercer trimestre del año pasado el PIB se contrajo 0.53% trimestral, 2) efecto rebote, pues la economía mexicana no ha terminado de recuperarse de la caída provocada por la pandemia y 3) crecimiento encima de lo estimado de las exportaciones y de la inversión extranjera directa por el nearshoring.

Con esto, en el año se observa un crecimiento promedio anual de 2.66%. El crecimiento podría sin duda ser más alto, pero lo frena la incertidumbre.

El crecimiento del tercer trimestre no fue suficiente para que la economía de México termine de recuperar lo que perdió en la crisis de la pandemia, pues al tercer trimestre el PIB se encuentra 0.48% por debajo del PIB del 2019. Asimismo, es importante recordar que el deterioro de la actividad económica comenzó desde mediados del 2018 y en 2019 la economía se contrajo 0.19%. De este modo, el rezago de la economía mexicana respecto al PIB del 2018 es de 0.66%.

Con la información más reciente, Grupo Financiero BASE estima que en 2022 el PIB mostrará un crecimiento anual de 2.51% y en 2023 se observará una desaceleración con un crecimiento anual de 1.58%. Si se cumplen las proyecciones anteriores, en 2023 el PIB lograría recuperarse a niveles del 2018.

A pesar del buen dato, México sigue mostrando un rezago al compararse contra otras economías que lograron recuperarse desde trimestres anteriores. Con cifras al segundo trimestre del 2022, entre las 45 economías más grandes del mundo que han reportado cifras de crecimiento, solamente seis no habían logrado una recuperación a niveles del 2019: con un rezago de 1.5%, México se ubica en la posición 41, por delante de Japón (-1.6%), España (-1.9%), Tailandia (-2.1%) y Hong Kong (-2.6%) (ver Anexo 1). Para el tercer trimestre solo se tienen cifras de crecimiento de 14 países, en donde todos muestran una recuperación completa excepto México (-0.5%) y España (-1.6%).

Por actividad económica, las actividades primarias crecieron 1.79% trimestral y 3.46% anual, las actividades secundarias crecieron 0.90% trimestral y 3.95% anual, y las actividades terciarias crecieron 1.20% trimestral y 4.34% anual. Para las actividades secundaria y terciarias, los crecimientos anuales son los más altos desde el tercer trimestrel del 2021. En los primeros tres trimestres del año, las actividades primarias promedian un crecimiento anual de 2.30%, las secundarias promedian 3.45% y las terciarias 2.05%.

Desglosando el PIB según sus componentes de la demanda agregada (consumo, inversión, importaciones y exportaciones), el impulso al crecimiento se ha dado por las exportaciones, mientras que el rezago de la economía mexicana es explicado en mayor parte por el mal desempeño de la inversión fija, especialmente la privada.

EXPORTACIONES

Durante el tercer trimestre las exportaciones mexicanas mostraron un crecimiento trimestral de 2.6% y un crecimiento anual de 21.38%, siendo el mayor crecimiento anual desde el primer trimestre del 2011 (22.83%), omitiendo el segundo trimestre del 2021 cuando las exportaciones crecieron 67.25% anual debido a un efecto rebote con respecto al segundo trimestre del 2020 cuando se desplomaron por la pandemia. Se observa una desaceleración trimestral en el crecimiento de las exportaciones totales, debido principalmente a dos factores:

En el tercer trimestre las exportaciones petroleras se contrajeron 10.82% trimestral, siendo la primera contracción desde el segundo trimestre del 2020. La caída de las exportaciones petroleras se explica por la caída del precio del petróleo. En el tercer trimestre, el precio de la mezcla mexicana de exportación bajó 12.57% con respecto al segundo trimestre.

Las exportaciones manufactureras distintas al sector automotriz, se desaceleraron al crecer 1.98% trimestral, luego de crecer a una tasa trimestral promedio de 5.14% en la primera mitad del año. La desaceleración de las exportaciones manufactureras distintas al sector automotriz se concentró en los meses de julio y agosto, pero se observó un repunte en septiembre, resultado de una mejor actividad económica en Estados Unidos.

Cabe agregar que las exportaciones automotrices ganaron impulso en el tercer trimestre, avanzando 7.79% trimestral, luego de crecer 4.86% promedio en la primera mitad del año. La producción y exportaciones automotrices fueron fuertemente afectadas por las disrupciones en las cadenas de suministro que provocaron escasez de chips. En la medida que las cadenas de suministro han empezado a normalizarse, también se ha empezado a normalizar la producción y exportaciones automotrices, a la par de una fuerte demanda en Estados Unidos.

Otro sector que destaca por su crecimiento es equipo de computación, comunicación y componentes electrónicos. Aunque esos datos no se publican en la estimación oportuna, la partida 8471 de exportaciones de equipo de computación, principalmente procesadores, muestra un crecimiento anual promedio de 41.57% en julio y agosto.

Por su parte, las importaciones totales de México crecieron 21.48% anual y mostraron una contracción trimestral del 1.44%, siendo la primera contracción desde el segundo trimestre del 2020. La caída se debió principalmente a un retroceso trimestral de 1.94% de las importaciones de bienes intermedios, que es consistente con el bajo desempeño de la inversión fija. Además, las importaciones de bienes de consumo se desaceleraron, al crecer 0.32% trimestral, por debajo del crecimiento promedio de 14.83% en la primera mitad del año, mientras que las importaciones de bienes de capital crecieron 0.52% trimestral, por debajo del crecimiento promedio de 8.12% en la primera mitad del año.

Exportaciones acumuladas en el año

Durante los primeros nueve meses del año, México exportó un total de 430,283.86 millones de dólares, mostrando un crecimiento de 19.67% con respecto al mismo periodo del 2021, según cifras originales. Así, el crecimiento acumulado de las exportaciones totales equivale a 70,736.17 millones de dólares.

El 85.8% del crecimiento está explicado por las exportaciones no petroleras, donde destaca el crecimiento de 18.85% de la manufactura. Del crecimiento de las exportaciones totales solo el 14.2% está explicado por las exportaciones petroleras.

Debido a que el crecimiento de las exportaciones ha sido mejor al esperado, particularmente de productos automotrices y de equipo de computación, comunicación y componentes electrónicos, la proyección para 2022 se revisa al alza de 15.4% a 18.6%. Para el 2023 se mantiene la expectativa de crecimiento del 7.0%, ante una posible recesión en Estados Unidos que desacelere las exportaciones.

El crecimiento de las exportaciones hace evidente que el impulso de la economía mexicana proviene del sector externo. Su crecimiento es clave, pues crea un efecto multiplicador en la economía, relacionado con el empleo y el consumo. Además, genera un efecto de arrastre sobre otros sectores dentro del país, como el de servicios y comercio.

Aunque las expectativas han sido revisadas al alza hay que recordar que el contexto económico global es adverso y de manera interna la política económica podría frenar el crecimiento, en lugar de incentivarlo. Se identifican los siguientes riesgos para las exportaciones: 1) posibilidad de recesión moderada o fuerte en Estados Unidos, 2) nuevas distorsiones en cadenas de suministro, 3) volatilidad en los precios de las materias primas, 4) imposición de sanciones sobre México, en el marco del T-MEC, 5) falta de capacidad de generación de energía eléctrica ante la falta de inversión en el sector y 5) incertidumbre por cambios en la política económica de México.

INVERSIÓN

La inversión fija es uno de los principales determinantes del crecimiento económico de largo plazo, pues establece la capacidad instalada de planta. El crecimiento en la inversión fija propicia, manteniendo lo demás constante, alzas en la productividad y en los salarios. La inversión fija está determinada por las ventas, los costos, la tasa de interés y las expectativas económicas.

El indicador de inversión fija bruta (IFB) de México, muestra a julio 2022 un crecimiento promedio de 0.29% mensual y 5.69% anual, con lo que logró ubicarse por encima de su nivel pre pandemia (febrero del 2020) durante marzo, abril, mayo y junio del 2022. Sin embargo, en julio se observó una caída de 1.40%, por lo que volvió a ubicarse nuevamente debajo del nivel pre pandemia.

Desglosando la inversión, la recuperación se ha dado únicamente en maquinaria y equipo, que a julio registró un crecimiento de 19.50% respecto del nivel pre pandemia de febrero del 2020. Al interior, destaca que la recuperación se debe al crecimiento de 27.94% en maquinaria y equipo de origen importado, especialmente la que es distinta al equipo de transporte, que crece 35.71%, mientras que la inversión en maquinaria y equipo de origen nacional cae 0.07% respecto a febrero del 2020.

En cuanto a la inversión en equipo de transporte, tanto la nacional como la importada muestran fuertes contracciones respecto a sus niveles pre pandemia, de 8.85% y 12.60%, respectivamente. Esto se debe principalmente a las disrupciones en las cadenas de suministro a nivel global causadas por la escasez de chips que han afectado a toda la industria automotriz. Otro factor que obstaculiza la recuperación de la inversión en equipo de transporte es el aumento en las tasas de interés, ya que hace menos atractivos los créditos. Según información del Banco de México, el saldo de crédito al consumo automotriz en agosto del 2022 se ubicó 9.61% por debajo del máximo histórico alcanzado en febrero del 2020, un mes previo al comienzo de la pandemia.

Respecto a la inversión en construcción, muestra una contracción de 12.36% respecto al nivel pre pandemia, con la residencial cayendo 13.52%, mientras que la no residencial cae 9.23%. En cuanto al desempeño respecto al año anterior, la residencial, a julio del 2022 observa una contracción anual de 4.18%, indicando que la inversión en vivienda estaría enfrentando, en el mejor de los casos, una recuperación en forma de “W”. Una recuperación en forma de “W” quiere decir que antes de lograr una recuperación completa, la actividad se vuelve a contraer.

Es importante recordar que el deterioro de la inversión comenzó desde antes de la pandemia. Según las cifras ajustadas por estacionalidad, el indicador de Inversión Fija Bruta registró su mayor nivel (111.88 puntos) en julio del 2018. El comienzo de la caída en la inversión coincide con la victoria del actual Gobierno de México en las elecciones federales del 2018, en donde el partido Morena y sus aliados obtuvieron la Presidencia de la República y la mayoría en el Congreso de la Unión. Con esto, el Gobierno tuvo la facilidad para implementar políticas económicas no convencionales, que en vista del sector privado eran perjudiciales para el marco institucional de la economía mexicana. La primera de estas políticas y una de las más contreoversiales, fue la cancelación de la construcción del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México. La decisión sembró la semilla de la desconfianza del sector empresarial sobre el gobierno federal y sus políticas, lo cual se ve reflejado hasta ahora.

A julio del 2022, la Inversión Fija Bruta se ubica 13.56% por debajo del máximo histórico de julio del 2018 y se encuentra en niveles que por primera vez fueron alcanzados en noviembre del 2007. El componente con el mayor rezago respecto a su máximo en registro es construcción (-26.18%), observados por primera vez en septiembre de 1998. Al interior, la inversión no residencial muestra una contracción de 34.28% y la residencial de 22.99%. Por su parte, la inversión en maquinaria y equipo muestra un rezago de 4.56% respecto de su máximo, con el deterioro concentrándose en la inversión en equipo de transporte nacional (-30.92%) e importado (-31.27%). Los niveles actuales de inversión son preocupantes, pues determinan el crecimiento económico de largo plazo. Sin inversión, no hay forma de crecer de manera sostenida a tasas elevadas, aunque el sector externo impulse a la economía, pues se tiene una capacidad instalada que limita la producción.

Por último, la inversión ha caída en relación con el tamaño de la economía. Al segundo trimestre del 2022, la formación bruta de capital fijo como porcentaje del PIB fue de 18.7%, por debajo del 18.9% observado en el último trimestre del 2019, previo a la pandemia y muy por debajo del máximo nivel en registro alcanzado en el segundo trimestre de 1994, cuando la inversión representaba 23.4% del PIB. Cabe destacar que en 2008, la inversión volvió a acercarse a niveles de 23.0% del PIB y desde entonces comenzó una clara tendencia a la baja, que la llevó hasta los niveles actuales entre 18 y 19%.

La lenta recuperación de la inversión se debe principalmente al sector privado, la cual se ha frenado por la incertidumbre, destacando la inseguridad, cambios en la política económica y recientemente por la posibilidad de limitada producción de energía eléctrica. Grupo Financiero BASE estima que la inversión fija bruta crecerá 4.94% en el 2022 y 2.27% en el 2023.

Inversión Extranjera Directa

La inversión extranjera directa (IED) depende del tipo de cambio, del estado de las economías que la emiten y de las condiciones de la economía que la recibe, en relación con el resto del mundo. En México se han dado cambios importantes de política económica y la inseguridad sigue siendo alta lo cual, de acuerdo a los resultados de la encuesta de Banco de México a especialistas del sector privado, ha frenado el crecimiento económico del país. Sin embargo, México comparte frontera y tiene un tratado comercial con Estados Unidos, lo cual ante el incremento global en los costos logísticos y tiempos de entrega hace a México relativamente más atractivo para la inversión, dando la oportunidad de nearshoring.

Durante la primera mitad del año, la IED en México (sin considerar los flujos de IED hacia el exterior) muestra un crecimiento de 24.53% anual, ubicándose en 27,511.6 millones de dólares. Desagregando por tipo de inversión, el flujo de nuevas inversiones creció 97.62% anual y pasó de representar el 27.1% de la IED en el primer semestre del 2021 a 43.0% de la IED en el primer semestre del 2022. Por su parte, el flujo de cuentas entre compañías creció 12.42%, aunque como proporción de la IED total bajó de 16.2% a 14.6%. Finalmente, el rubro de utilidades reinvertidas mostró una disminución anual de 6.97%, pasando de explicar el 56.7% al 42.4% de la IED del primer semestre. Es decir, la IED del primer semestre se debió en gran parte a nuevas inversiones.

Es importante recordar que, en el primer semestre, el 25.0% del flujo total de IED o 6,875.0 millones de dólares, fue por flujos extraordinarios derivados de la fusión de Televisa y Univisión, así como por la reestructura de Aeroméxico. Aunque son flujos reales de inversión, se consideran de eventos extraordinarios que no se repetirán por lo que vale la pena hacer un análisis sin incluirlos. Al excluir estos flujos y tomando en cuenta las cifras revisadas (no preliminares se observa una disminución anual de la IED de 6.59% durante el primer semestre. Ya que se trata de cifras preliminares se estima que, en revisiones posteriores, las cifras de IED, excluyendo flujos extraordinarios (Aeroméxico y Televisa-Univisión), mostrarán un crecimiento anual a medida que se incluyen datos de inversión que no se contabilizaron en las cifras preliminares. De hecho, al comparar las cifras preliminares del 2022 con las cifras preliminares del 2021 (en lugar de las revisadas y sin tomar en cuenta los flujos extraordinarios de Aeroméxico y Televisa-Univisión), destaca que la IED muestra un crecimiento de 49.2% anual en el primer semestre.

Con respecto a los flujos de salida de IED (desinversión) es relevante recordar que en 2021 se registró una salida histórica de 13,463.7 millones de dólares. En 2022 durante el primer semestre, los flujos de salida acumulan 5,998.4 millones de dólares, creciendo 0.47% con respecto el mismo periodo del 2021. Aunque no se trata de un nuevo máximo en el flujo de salidas del primer semestre (en 2020 fue de 6,448.70 millones de dólares), sigue siendo un flujo elevado y podría superar el monto de desinversión histórico del 2021. Estos flujos de salida representan las inversiones que los extranjeros tenían en México y que han sacado del país.

Otro dato interesante es el de inversión de mexicanos en el exterior. En el segundo trimestre (último dato disponible) los mexicanos invirtieron en el exterior 5,142.57 millones de dólares, siendo el mayor desde el cuarto trimestre del 2013. Aunque no se trata de un máximo en registro, se observa un aceleramiento en los flujos de inversión de los mexicanos en el exterior, pues durante el primer semestre sumaron 10,086 millones de dólares, mostrando un crecimiento de 401.4% respecto al mismo periodo del 2021.

Las cifras de la IED muestran un gran movimiento de inversiones, pues llegan flujos buscando la oportunidad del nearshoring, pero otros se retiran por la incertidumbre que se cierne sobre México. Si los extranjeros no hubieran retirado de México un flujo histórico de 13,463.7 millones de dólares, la IED hubiera alcanzado en 2021 un nivel de 44,981 millones de dólares. Con esto, México podría haber mostrado una recuperación mucho más rápida. Sin las desinversiones de extranjeros y con la oportunidad del nearshoring, México podría alcanzar este año un flujo histórico de IED ligeramente superior a 50,000 millones de dólares, pero se espera sea solo de 37,000 millones de dólares, pues se estima que seguirá el flujo de salida de extranjeros por desinversión.

Por entidad federativa, el crecimiento de la IED se concentra en Ciudad de México con 126.8% anual en el primer semestre, lo que se debe a los flujos extraordinarios ya mencionados . También se observa un fuerte crecimiento anual de la IED relacionada con la manufactura y sector servicios en Nuevo León con 45.0%, Jalisco con 64.5%, Estado de México con 43.5%, Tamaulipas con 78.3% y Querétaro con un crecimiento anual de 50.7%. Estados como Chihuahua, Baja California y Guanajuato, aunque no muestran un crecimiento anual en la primera mitad del año, muestran dos años consecutivos de IED en niveles que superan los flujos previos al 2021.

Cabe notar que existe una alta correlación entre la contribución que cada estado tiene en el crecimiento de las exportaciones y su recepción de IED. En este contexto, los estados que más exportan reciben más IED, lo cual aumenta su potencial de crecimiento de exportaciones en el largo plazo, generando un círculo virtuoso. Los estados que explican el 97.5% del crecimiento de las exportaciones en la primera mitad del año (excluyendo a Tabasco y Campeche, cuyas exportaciones no están determinadas por flujos de inversión históricos, sino por el crecimiento de la base petrolera o las fluctuaciones de los precios del petróleo) son: Chihuahua, Baja California, Jalisco, Nuevo León, Tamaulipas, Sonora, Querétaro, Coahuila, Estado de México, Guanajuato, Veracruz, Puebla, Hidalgo y San Luis Potosí.

La IED sobre todo ha crecido en construcción, manufactura, comercio y servicios (Tabla 5) y destacan las caídas en la minería y sector agropecuario. Para 2022 se estima que la IED cerrará con un nivel de 37,000 millones de dólares que implica un crecimiento anual de 17.39%. Para 2023, asumiendo que siguen los flujos de salida y la oportunidad del nearshoring disminuye por menores costos logísticos de importaciones del resto del mundo, se estima que la IED podría crecer 12%, alcanzando un nivel de 41,440 millones de dólares.

De acuerdo al crecimiento por subsector de la IED se espera que la producción y exportaciones de equipo de transporte sigan creciendo de forma sostenida.

Por otro lado, las exportaciones de equipo de computación, comunicación y componentes electrónicos, han crecido de forma acelerada pero no han estado acompañadas de un crecimiento a la par de la inversión, lo que ha agotado la capacidad de planta instalada. Debido a esto, es probable que los flujos de IED hacia ese subsector comiencen a crecer a un ritmo más acelerado en 2023, principalmente en Chihuahua, Baja California, Jalisco y Nuevo León, en donde se concentra la producción y exportaciones de ese subsector.

Es importante notar que el crecimiento de los flujos de IED, a la par del crecimiento de los flujos de exportaciones han contribuido con la estabilidad del tipo de cambio. De acuerdo con datos de la Balanza de Pagos, al interior de la cuenta corriente, se observa crecimiento en los flujos de dólares hacia el país por concepto de exportación de bienes, servicios y remesas, mientras que en la cuenta financiera las entradas de dólares por IED son mayores que las salidas por inversión de cartera.

CONSUMO PRIVADO

El consumo privado es el principal componente del PIB, al representar 70%. El consumo depende del ingreso, la tasa de interés y el cambio en las expectativas económicas. El indicador de consumo privado de México muestra que a julio del 2022 (último dato disponible), ha crecido 2.96% respecto al nivel pre pandemia de febrero del 2020. La recuperación se dio principalmente por el consumo de bienes importados que registra un crecimiento de 33.11% respecto al nivel pre pandemia, mientras que el consumo de bienes y servicios nacionales muestra un ligero rezago de 0.04%.

Existen algunas señales de desaceleración en el consumo. Las cifras de la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (ANTAD) mostraron en julio un crecimiento anual nominal de 11.7% en las ventas nominales de las tiendas que tienen más de un año de operación. A septiembre, las ventas nominales muestran una desaceleración, al crecer 8.2% respecto al mismo mes del año anterior. Considerando que la inflación en septiembre fue de 8.7%, se puede decir que las ventas cayeron a una tasa anual real de 0.46%.

Un determinante importante del consumo es la confianza de los consumidores, que a su vez depende de sus expectativas respecto al futuro de la economía del país y de sus propios hogares. Según la Encuesta Nacional de Confianza del Consumidor realizada por INEGI, la confianza de los consumidores ha disminuido 3.32 puntos (-7.49%) en los primeros 9 meses del año. Dividendo el periodo en trimestres, se observa que el deterioro en la confianza se concentra en el tercer trimestre, con el indicador disminuyendo de 42.90 puntos en junio a 41.04 puntos en septiembre, una disminución equivalente a 4.32%. Al interior del indicador, el componente con el mayor deterioro en el tercer trimestre es el que corresponde a las posibilidades de que los consumidores realicen compras de bienes duraderos (-6.56%), seguido de la perspectiva de la situación económica del país hoy en día comparada con la de hace 12 meses (-5.53%) y de la perspectiva de la situación del país en los próximos 12 meses (-4.06%).

El consumo de México se ha visto beneficiado por las remesas y transferencias que realiza el gobierno. Las remesas muestran a agosto un flujo acumulado de 12 meses de 56,578.9 millones de dólares, nuevo máximo en registro y acumulando 28 meses consecutivos al alza.

Las remesas han desacelerado su tasa anual debido a:

Deterioro en la actividad económica en Estados Unidos, en particular en el sector inmobiliario dados los incrementos de tasas para créditos hipotecarios, que han alcanzado niveles no vistos desde 2001. De hecho, en agosto las ventas de casas pendientes en Estados Unidos mostraron una contracción anual del 22.55%, acumulando nueve meses consecutivos a la baja.

Cautela de los consumidores que, ante la posibilidad de recesión en Estados Unidos, guardan su dinero en lugar de enviarlo a México.

Disminución en el ingreso real de Estados Unidos, por los menores estímulos recibidos  y la alta inflación.

Es importante recordar que, a diferencia de la recesión del 2020 que fue ocasionada por un colapso de la oferta y estuvo acompañada de una menor inflación, esta ocasión de materializarse una recesión sería por una contracción de la demanda, en un esfuerzo por reducir las presiones inflacionarias. Así, no se espera que la Reserva Federal adopte una postura monetaria flexible y es poco probable que el gobierno de Estados Unidos adopte una postura fiscal expansiva con programas similares a los adoptados en 2020 durante las etapas más críticas de la pandemia.

Con el dato de remesas publicado al mes de agosto, se proyecta un flujo de remesas anual de 58,168 millones de dólares, mostrando un crecimiento de 12.8% con respecto al 2021 y para el 2023 se estima un crecimiento de 7.4% pues, aunque la economía de Estados Unidos podría caer en recesión, se estima será leve y además la tasa de desempleo entre los hispanos y latinos se ubica en niveles por debajo de los observados antes de la pandemia.

MERCADO LABORAL

Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) que publica el INEGI, en el tercer trimestre continuó la recuperación del mercado laboral, pero mostrando una desaceleración pues se crearon solamente 66 mil empleos. Por su parte, la población desocupada o desempleada disminuyó en 5 mil personas. Con una disminución de 0.27% en la población desocupada y un aumento de 0.10% en la Población Económicamente Activa (PEA), la tasa de desempleo (la población ocupada como porcentaje de la PEA) bajó solamente de 3.35% en junio a 3.34% en septiembre.

Cabe mencionar que a agosto las cifras mostraban una creación de 186 mil empleos en los últimos dos meses, pero en septiembre se perdieron 120 mil. Por su parte, la población desocupada había aumentado 121 mil personas en julio y agosto, pero cayó 126 mil en septiembre.

El aumento en ambas poblaciones, ocupada y desocupada, se da como parte del proceso de recuperación del mercado laboral, que se hace evidente en otros indicadores del empleo, al compararlos contra el nivel más álgido de la pandemia:

La tasa de desempleo extendido, conformada por los desocupados y los disponibles dentro de la población no económicamente activa (PNEA) respecto a la PEA y los disponibles dentro de la PNEA que en marzo del 2020 se ubicaba en 11.85%, alcanzó un máximo de 34.01% en abril del 2020, pero ha ido disminuyendo conforme la economía se recupera. En el tercer trimestre alcanzó 11.85%, la menor tasa desde abril del 2019.

La tasa de subocupación, conformada por el porcentaje de las personas ocupadas o empleadas que tienen la necesidad y disponibilidad de ofrecer horas de trabajo adicionales a las que su ocupación actual les exige, que con la pandemia subió de 9.06% en marzo del 2020 a 29.94% dos meses después, cerró el segundo trimestre en un nivel de 8.89% y para el cierre del tercer trimestre disminuyó a 7.88%, su menor nivel desde enero del 2020.

La tasa de situación laboral no deseable, conformada por los desocupados, subocupados y disponibles para trabajar, como porcentaje de la población en edad para trabajar (la suma de la PEA y la PNEA). Previo a la pandemia, el porcentaje de las personas que quieren un trabajo, ya sea porque (1) lo buscan y no lo encuentran, (2) lo quieren pero no lo buscan, o (3) buscan un trabajo adicional al que ya tienen, se ubicaba en un nivel de aproximadamente 12.5%. Con la pandemia este porcentaje de personas en situaciones laborales no deseables se elevó a 35.8% en mayo del 2020 y fue disminuyendo gradualmente hasta alcanzar en septiembre un nivel de 12.51%.

Los anteriores indicadores laborales muestran que el mercado laboral mexicano regresó a su estructura “normal”, como era antes de la pandemia. Aunque implica una recuperación completa respecto a la afectación de la pandemia, no implica que el mercado laboral se encuentra en condiciones óptimas, pues el 55.58% de los trabajadores mexicanos están en la informalidad, en donde no se cuentan con prestaciones laborales ni se pagan impuestos. Además, la pobreza laboral continúa en niveles altos, pues de acuerdo a datos del CONEVAL, en el segundo trimestre (último dato disponible) el 38.5% de los trabajadores de México no alcanzan a comprar una canasta básica con su ingreso laboral.

SECTOR PÚBLICO

En los primeros 9 meses del año, el sector público federal ha ejercido un gasto total de 5.26 billones de pesos, un monto 3.5% mayor al del mismo periodo del año pasado y 1.6% (80.7 mil millones de pesos) mayor al programa de gasto previsto en el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) para el periodo. Del gasto total, 74% corresponde a gasto programable, sobre el cual el gobierno tiene injerencia directa. Dentro del gasto programable gastado en los primero 9 meses, 613 mil millones de pesos correspondieron a inversión física, con un crecimiento de 15.3% respecto al mismo periodo del 2021.

Por el lado de los ingresos, el total de ingresos presupuestarios en los primeros 9 meses fue de 4.89 billones de pesos, de los cuales 1.01 billones (21%) fueron petroleros y 3.88 billones (79%) tributarios. Con respecto al mismo periodo del año pasado, los ingresos presupuestarios han crecido 5.6% en términos reales, debido al crecimiento de 35.8% en los ingresos petroleros. En cambio, los ingresos tributarios muestran una caída de 0.5%, a pesar de que la recaudación de ISR e IVA crecen 14.5% y 1.5%, respectivamente.

La caída de los ingresos tributarios se debe a la recaudación del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), que muestra en lo acumulado al noveno mes una caída anual de 82.3%, lo cual se debe en su mayoría a la política de estímulos otorgados por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) para contener el aumento en los precios de las gasolinas y el diésel. La propia SHCP estima que el costo total de los estímulos al cierre del 2022 ascenderá a 395.4 mil millones de pesos. Esta cifra equivale al 7.1% del gasto programable del Sector Público federal, o 1.5% del PIB del 2021. Esta política de estímulos ha ayudado a contener el aumento en la inflación, sin embargo, los estímulos tienen un costo de oportunidad alto, pues podrían haberse utilizado en el sector salud, educación o en infraestructura.

En septiembre, la SHCP presentó ante el Congreso de la Unión el Paquete Económico 2023, que contiene el Proyecto de Presupuesto de Egresos (PPEF), la Iniciativa de Ley de Ingresos (ILIF) y, entre otras cosas, los Criterios Generales de Política Económica (CGPE) que contienen los supuestos macroeconómicos que formaron la base para la elaboración del Paquete. Es importante recordar que el PEF debe ser aprobado por mayoría en la Cámara de Diputados a más tardar el 15 de noviembre. En cambio, la LIF debe fue aprobada en la Cámaras de Diputados y los Senadores tienen hasta el 31 de octubre para aprobarla.

El Proyecto PEF 2023 propone un incremento de 11.6% real en el Gasto Neto Total del Sector Público con respecto a lo aprobado para el 2022. El gasto total se puede dividir en dos grandes rubros: Programable y No Programable.

El Gasto No Programable es aquel que se destina al cumplimiento de obligaciones, tales como el pago de adeudos, costos financieros y participaciones que por ley deben ser transferidas a las entidades federativas y municipios. Este gasto No Programable tienes un incremento de 21.9% respecto a lo aprobado para 2022 y constituye la mayor parte del aumento en el Proyecto PEF 2023. Al interior, destaca el aumento de 29.9% en el costo financiero de la deuda pública, con lo que de aprobarse, el costo financiero de la deuda pública representaría 13.1% del Gasto Neto Total.

En cambio, el Gasto Programable es el que el gobierno federal destina a proveer bienes y servicios públicos a la población y tiene injerencia directa sobre quien lo gasta y para qué. El Proyecto PEF 2023 contempla un incremento de 8.2% real en este rubro, de modo que al incrementar en menor proporción que el No Programable, su tamaño como porcentaje del gasto total disminuiría de 74.4% a 72.2%.

El Gasto Programable puede dividirse según sus funciones para conocer las prioridades del gobierno en su política de egresos. Los tres grandes grupos funcionales son Gobierno, Desarrollo Social y Desarrollo Económico. De este modo el 65.5% del gasto programable se destina a la función de Desarrollo Social, con la mayor parte destinándose a Protección Social en forma de pensiones y jubilaciones (21.0%). Al sumar a esta función las pensiones y jubilaciones de las funciones de “salud” (IMSS, ISSSTE) y Combustibles y Energía (PEMEX y CFE), el gasto total destinado a pensiones y jubilaciones asciende a 22.4% del Gasto Programable. Dentro de la función de Desarrollo Social también destacan las subfunciones de Educación (15.3%), Salud (14.6%) y Vivienda y Servicios a la Comunidad (5.51%). Aunque el gasto en Educación es alto, solamente 2.2% de su presupuesto está destinado a inversión física.

La segunda subfunción con mayor gasto asignado es la de Combustibles y Energía, con 19.1% del Gasto Programable, incluyendo las pensiones de PEMEX y CFE. En este rubro se concentra la mayor parte del gasto destinado a inversión física con 496.4 mil millones de pesos, equivalentes a 44.5% de la inversión física total para el 2023. Entre las subfunciones de Combustibles y Energía, Vivienda y Servicios a la Comunidad, y Transporte se explica el 85.8% de la inversión física total. Esto es importante ya que, aunque se espera un crecimiento real de 21.7% en la inversión física respecto a lo aprobado para 2022, el gasto se concentra en los sectores energético y de transporte. Para el Tren Maya se destinan 143 mil millones de pesos, para la Refinería Dos Bocas 47 mil millones de pesos y para el desarrollo del Istmo de Tehuantepec 7.6 mil millones de pesos. Sin embargo, en lo que va de la actual administración, el gobierno ha creado un historial de fuertes sobre ejercicios en sus proyectos de inversión. También destaca que a Asuntos de Orden Público y de Seguridad Interior, junto con Seguridad Nacional, solamente se destina un 3.4% de la inversión física, cuando la inseguridad es uno de los factores que, según los resultados de la encuesta de Banco de México a especialistas del sector privado, más frena el crecimiento económico.

El aumento de 11.6% real en el Gasto Neto Total se espera que sea cubierto en un 85.8% por los Ingresos Presupuestarios, para los cuales la Iniciativa LIF 2023 contempla un crecimiento real de 9.9%. El 14.2% restante del gasto sería cubierto por endeudamiento público, para el cual se propone un monto de 1.176 billones de pesos. Del total de Ingresos Presupuestarios, se espera que 81.5% provenga de ingresos no petroleros y el 18.5% restante de ingresos petroleros. Es importante mencionar que los ingresos petroleros han incrementado drásticamente debido al aumento en los precios del petróleo, pero que el excedente de ingresos ha sido destinado a cubrir los estímulos a los precios de combustibles. El 64.9% de los ingresos presupuestarios corresponden a la recaudación tributaria, la cual se espera que crezca 11.6% respecto a lo que se aprobó para el 2022. El crecimiento se dará en ISR e IVA, que se espera que crezcan 15.3% y 11.4%, respectivamente, mientras que para el IEPS se estima una disminución de 8.3%. Si bien los CGPE 2023 no hacen mención de continuar con la política de estímulos de IEPS el próximo año, es probable que esta se mantenga si el precio del petróleo se mantiene elevado.

Con esta política de ingresos y egresos, se planea cerrar el 2023 con un balance público deficitario equivalente a 3.6% del PIB y un déficit primario (sin considerar costo financiero) de 0.2% del PIB. Los Requerimientos Financieros del Sector Público (RFSP), la medida más amplia de la deuda adquirida en el ejercicio fiscal, estaría aumentando 23.4% real respecto a lo aprobado para 2022, y en total equivaldrá a 4.1% del PIB, cuando para 2022 se aprobó uno de 3.5%. Con esto, el Saldo Histórico de los RFSP alcanzaría un nivel de 49.4% como porcentaje del PIB, ligeramente por encima del 48.9% con el que SHCP estima cerrar el 2022.

El Paquete Económico 2023 no presenta cambios en las prioridades de gasto de la actual administración, enfocándose en los grandes proyectos de infraestructura en el Sureste del país (Refinería Dos Bocas y el Tren Maya) y en los programas sociales insigna del gobierno, principalmente transferencias, en forma de pensiones no contributivas y becas. Asimismo, el Paquete parece proponer un manejo responsable de las finanzas públicas, manteniendo la razón de deuda sobre PIB por debajo de 50%. Sin embargo, el panorama macroeconómico empleado para la elaboración de la política económica presenta varios riesgos:

La expectativa de crecimiento según los CGPE 2023 es considerada bastante optimista. SHCP estima que la economía crecerá 2.4% en 2022 y 3.0% en 2023, pero la encuesta más reciente del Banco de México muestra que la expectativa mediana de crecimiento para 2022 y 2023 es de 2.0% y 1.2%, respectivamente. Esta diferencia en las tasas de crecimiento esperadas para 2022 y 2023 implica que, de llegar a materializarse la expectativa mediana de la encuesta del Banco de México, el PIB de México al cierre de 2023 sería 2.1 puntos porcentuales menor a lo que plantean los CGPE 2023.

Esto a su vez presenta un riesgo para los ingresos presupuestarios esperados, ya que sin una reforma tributaria, el aumento de la recaudación se basa principalmente en el crecimiento del PIB. Asimismo, si el crecimiento económico resulta menor al contemplado en los CGPE 2023, es probable que el nivel de deuda como proporción del PIB termine el 2023 por encima de 50%, generando presión a la baja sobre la perspectiva y/o calificación crediticia de la deuda soberana de México.

La expectativa de inflación según los CGPE 2023 tampoco es congruente con lo que esperan los especialistas. La SHCP espera que para el cierre de 2023 la tasa de inflación anual se ubique en 3.2%, dentro del rango de variabilidad del objetivo de Banco de México (de 2 a 4%). Sin embargo, según la encuesta de Banxico, los analistas esperan que la inflación al cierre de 2023 sea de 4.8%. Si la inflación no disminuye al ritmo esperado por los CGPE 2023, se corre con el riesgo de que las tasas de interés se mantengan elevadas por un mayor tiempo, o que incluso lleguen a subir más de lo que actualmente se espera. Esto tendría repercusiones tanto en el crecimiento económico como en el costo de financiamiento del Gobierno Federal.

Por último, es importante agregar que el panorama económico no parece contemplar la posibilidad de que Estados Unidos entre en una recesión, lo cual es un evento altamente probable dentro del próximo año. Los CGPE 2023 explícitamente mencionan que “el escenario base considerado para las estimaciones realizadas por SHCP contempla una desaceleración de la economía estadounidense más no una recesión…” (p. 63, CGPE 2023).

Además de las amplias diferencias entre los estimados de la Secretaría de Hacienda y los analistas del sector privado para el 2023, la SHCP cuenta un historial de sobreestimar el crecimiento económico y demás variables relevantes para el panorama macroeconómico. Excluyendo el 2020 (año de la pandemia), las estimaciones del gobierno actual para el crecimiento económico, la inflación y los ingresos presupuestarios, han resultado más optimistas de lo que eran en el gobierno anterior (Tabla 11).

INFLACIÓN

Durante el tercer trimestre y la primera quincena de octubre continuaron observándose presiones inflacionarias en México, concentradas principalmente en los precios de mercancías alimenticias en el componente subyacente y alimentos como frutas y verduras y pecuarios, dentro del componente no subyacente. Debido a que las presiones al alza se concentran en el componente subyacente, que determina la trayectoria de la inflación general en el mediano y largo plazo, se percibe que continúan los riesgos al alza para la inflación general durante los próximos meses. Cabe agregar que los incrementos de la inflación subyacente son sostenidos, acumulando hasta septiembre 22 meses consecutivos al alza, generando riesgos de de desanclaje en las expectativas de inflación.

Entre la segunda quincena de junio (cierre del segundo trimestre) y la primera quincena de octubre (último dato disponible), la inflación general fue de 2.37%. El componente subyacente mostró un incremento de 2.49% en este periodo, superando la inflación general, mientras que el no subyacente se ubicó en 2.02%. Al interior del componente subyacente, en el mismo periodo los precios de las mercancías subieron 3.41%, impulsado principalmente por los precios de mercancías alimenticias con un incremento de 4.18%. Por su parte, entre los servicios, los precios subieron solo 1.39% en el periodo de referencia, aunque el componente de colegiaturas subió 3.29% ante el comienzo del ciclo escolar.

Cabe notar que dentro del componente no subyacente las presiones en precios durante las últimas siete quincenas se concentraron en el componente de frutas y verduras, con un incremento de 6.08%. Los precios de frutas y verduras han observado incrementos debido a alzas en costos de fertilizantes y una sequía relativa en varias regiones de México y Estados Unidos. No obstante, hay que recordar que los precios de las frutas y verduras tienden a ser volátiles, lo que ocasiona que incrementos repentinos estén seguidos de disminuciones en precios por factores estacionales. Esto último no implica que los precios del componente no subyacente sean irrelevantes, pues los incrementos significativos pueden contribuir con el alza de la inflación general.

Cifras a la primera quincena de octubre

La inflación de la primera quincena de octubre se ubicó en una tasa anual de 8.53%, bajando por tercera quincena consecutiva. Esto no debe ser considerado como confirmación de disminución de las presiones inflacionarias, ya que varios componentes siguen mostrando una clara tendencia al alza, en específico los precios de alimentos, algunos servicios y los energéticos. Además, a tasa quincenal, la inflación se ubicó en 0.44%, por arriba de la inflación quincenal promedio de las primeras 18 quincenas del año (0.34%), lo que indica que los precios siguen subiendo a un ritmo acelerado. La inflación quincenal inclusive superó el promedio de las primeras 19 quincenas en el año, excluyendo los meses de abril y mayo, que se ubica 0.40%. Cabe recordar que la inflación quincenal es mejor que la inflación anual para detectar la velocidad de los incrementos en precios y para observar cambios en la dirección de los precios. Es decir, en el escenario de que en los próximos meses disminuyan las presiones sobre precios, primero será evidente en la inflación quincenal, a pesar de que la inflación anual continúe ubicándose en niveles elevados.

En la primera quincena de octubre, las presiones sobre precios se concentraron en alimentos y bebidas del componente subyacente. Entre las mercancías alimenticias del componente subyacente, se destacaron los incrementos en precios de maíz y productos derivados, poniendo en evidencia que sigue subiendo el precio de un alimento básico en México, por lo que existe el riesgo de que continúen las presiones sobre precios de la tortilla y alimentos preparados. Cabe notar que el precio del maíz muestra un incremento anual de 16.52% hasta la primera quincena de octubre. Por su parte, el precio de la masa y harinas de maíz muestra un incremento anual del 17.06%, el mayor desde febrero del 2012.

A tasa anual, los genéricos con mayores incrementos continúan siendo principalmente mercancías alimenticias, como harinas de trigo con 38.70%, pan blanco con 30.71%, aceites y grasas vegetales comestibles con 24.65%, pasteles, pastelillos y pan dulce empaquetado con 24.01%, queso Oaxaca con 23.52%, tortillas de harina de trigo 23.38% y pan de caja con 22.66%. Entre los servicios, los mayores incrementos están relacionados a la reactivación del sector turismo y mayores costos de energía, por lo que los servicios turísticos muestran un incremento anual del 17.58%, transporte aéreo 13.64%, loncherías, fondas, torterías y taquerías 12.46%, hoteles 10.97% y restaurantes 10.63%. Finalmente, hasta la primera quincena de octubre la inflación subyacente muestra un promedio quincenal de 0.35%, que contrasta con el promedio histórico de las 19 primeras quincenas entre 2003 y 2021 de 0.16%.

Expectativas de inflación

Hacia octubre y noviembre es probable que se observe una disminución de la inflación general, debido principalmente al componente no subyacente y a un efecto de alta base de comparación. Sin embargo, se espera que sigan las presiones inflacionarias en el componente subyacente. Por lo anterior, lo más probable es que la inflación siga al alza y alcance un nivel cercano a 9% en diciembre y enero, que se alcanzaría con una inflación quincenal promedio cercana a 0.45% entre la segunda quincena de octubre y la segunda quincena de diciembre.

Inflación por entidad federativa

La inflación continúa mostrando un comportamiento heterogéneo a nivel estatal, con estados como Campeche, Oaxaca y Michoacán mostrando niveles de inflación anual que superan el 10%. Los diferentes niveles de inflación entre estados dependen de varios factores como: 1) el grado de competencia y variedad de productos y servicios, 2) las políticas locales de subsidios, 3) el crecimiento económico del estado impulsado por factores como las exportaciones, gasto público focalizado y 4) los flujos de efectivo provenientes de transferencias y/o remesas. De hecho, ante un incremento de 1 punto porcentual de las remesas como proporción del PIB estatal, se observa un alza en la inflación de 0.06 puntos porcentuales. Si se elimina el estado de Campeche por tratarse de una observación atípica de bajo flujo de remesas y elevada inflación, el coeficiente sube a 0.07 puntos de inflación por cada punto porcentual que sube la proporción de remesas sobre el PIB estatal, siendo evidencia que la recepción de remesas es similar a un incremento salarial sin incremento en la productividad. Además, las remesas se utilizan para consumo y no para inversión fija, por lo que la economía del estado que las recibe se beneficia en el corto plazo, pero no en el largo plazo.

Esto no implica que el principal determinante de la elevada inflación en México sea el flujo de remesas, pues las remesas solo explican las diferencias entre los niveles de inflación entre estados, pero no el incremento sostenido en precios desde inicios del 2021.

POLÍTICA MONETARIA

El Banco de México ha subido de 4.00% a 9.25% su tasa de interés objetivo, para combatir la elevada inflación. Con esto, ha logrado mantener la tasa de interés real estable, ubicándose en niveles ligeramente positivos en la segunda mitad del 2022, a pesar de las presiones inflacionarias. Al comparar contra la tasa de fondos federales de Estados Unidos, la tasa objetivo de Banco de México tiene un diferencial de 600 puntos base (617 puntos base considerando la tasa efectiva de fondos federales que se ubica en 3.08%), mientras que, en términos reales, el diferencial es de 567 puntos base.

La estabilidad en la postura monetaria del Banco de México relartiva a la de la Reserva Federal de Estados Unidos ayuda a frenar las salidas de capitales del país. A nivel global, las divisas de economías que no han podido seguirle el paso a la Fed en los incrementos en la tasa de interés, han sufrido fuertes depreciaciones. En esta situación se encuentran el euro, la lira turca y el yen japonés.

Debido a las presiones inflacionarias y al riesgo que representa desacoplarse del ciclo alcista de la Fed, se espera que Banco de México siga subiendo su tasa de interés al mismo ritmo que la Reserva Federal, con lo que se procuraría mantener estable la postura monetaria relativa, mientras que la tasa real ex–ante se mantiene en un nivel restrictivo. Esto implica que Banco de México podría subir su tasa desde el 9.25% actual a 10.50% ó 10.75% el 15 de diciembre, para después seguir con alzas más cautelosas en 2023. Se estima que la Reserva Federal de Estados Unidos terminará su ciclo de alza de tasa de interés con una tasa de 5.5%, que implica un alza de 225 puntos base desde la tasa actual. Si Banco de México le sigue el paso a la Fed, como se espera, la tasa de interés en México podría alcanzar en 2023 un nivel de 11.5%.

FLUJOS DE CAPITAL

Durante el tercer trimestre continuó observándose una salida de capitales de México a través de una reducción en la tenencia de valores gubernamentales de 0.63% o 10,021.35 millones de pesos, acumulando siete trimestres consecutivos de disminuciones. La disminución en la tenencia de valores gubernamentales que se aceleró desde el primer trimestre del 2020, se debe a una pérdida gradual de la confianza para mantener posiciones en instrumentos del gobierno de México denominados en pesos.

Por tipo de instrumento, durante el trimestre la salida de valores gubernamentales estuvo explicada por los bondes D, con una disminución en la tenencia de 67.27% o 23,015.63 millones de pesos, seguido de los bonos M, con una disminución en la tenencia de 0.80% o 10,579.25 millones de pesos y los Bondes F, con una disminución de 87.38% o 1,047.80 millones. Estas salidas estuvieron compensadas parcialmente por un incremento en la tenencia de Udibonos de 10.03% u 11,418.57 millones de pesos y Cetes, con un incremento de 11.16% o 13,202.75 millones de pesos.

En el año al 19 de octubre, la tenencia de valores por residentes del extranjero muestra una disminución acumulada de 95,237.51 millones de pesos. Aunque la salida de capitales resulta menor a la del 2021 de 257,601.30 millones de pesos y la del 2020 de 257,238.52 millones de pesos, es persistente y resulta probable que se refleje en los flujos de inversión de cartera de la balanza de pagos. Con respecto al máximo histórico registrado el 8 de febrero del 2019, la tenencia de valores por residentes del extranjero acumula una disminución de 735,718.65 millones de pesos, equivalente a una caída de 32.35%.

Con respecto a la cuenta financiera, en México se acumulan nueve trimestres consecutivos de salidas de capitales de cartera, siendo el mayor periodo de salidas desde el periodo entre el segundo trimestre de 1986 y el segundo trimestre de 1988, cuando también se observaron salidas de capitales durante nueve trimestres consecutivos. Anterior a ese periodo, entre el cuarto trimestre de 1982 y el primer trimestre de 1985, se observó una salida de capitales de cartera durante 10 trimestres consecutivos. En los nueve trimestres de salida de capitales de cartera se acumula un flujo de 61,985 millones de dólares.

Cabe notar que el tipo de cambio no se ha visto afectado por lo anterior, debido a la profundidad del mercado cambiario y a que México recibe flujos elevados de dólares por concepto de remesas y exportaciones, lo que compensa de forma significativa las salidas de capitales que se registran en la cuenta financiera.

Es importante agregar que las salidas de capitales de cartera sostenidas que se observan en México, no se repiten en otras economías emergentes, en donde también se observan salidas de capitales significativas, pero no sostenidas desde el segundo trimestre del 2020, e inclusive, algunos países como Chile, Brasil, Colombia, Turquía y Vietnam, registraron flujos de entrada de capitales de cartera durante el 2021.

TIPO DE CAMBIO

El tipo de cambio se ha mantenido estable desde agosto cotizando entre 19.80 y 20.20 pesos por dólar la mayor parte del tiempo. La estabilidad del tipo de cambio está relacionada con 1) la entrada de divisas al país por exportaciones, remesas e inversión extranjera directa, 2) la postura monetaria del Banco de México que le ha seguido el paso a la Reserva Federal de Estados Unidos y 3) las apuestas a favor del peso en el mercado de futuros de Chicago.

Además, los inversionistas han optado por inversiones de muy corto plazo, como divisas, para evitar las minusvalías por alzas en tasas de interés. Como el peso es la moneda más líquida de Latinoamérica, es una de las más transaccionadas a nivel global, lo cual también favorece actualmente la estabilidad del tipo de cambio. Estas inversiones desafortunadamente no son visibles en la balanza de pagos, pues aparecen en la cuenta de errores y omisiones, en donde se capturan los flujos que no son catalogados como transacciones comerciales, de activos financieros, de reserva o de inversión fija.

Debido a que se espera una recesión leve en Estados Unidos, se estima que las exportaciones y remesas desacelerarán su crecimiento anual, por lo cual el peso mexicano podría mostrar una moderada depreciación el siguiente año hacia niveles promedio entre 20.45 y 20.77 pesos por dólar. Sin embargo, en el caso que la economía de Estados Unidos esquive la recesión y siga su expansión económica, con las exportaciones mexicanas creciendo fuertemente, se podrían observar niveles de tipo de cambio entre 19.40 y 19.60 pesos por dólar. Por el contrario, ante una mayor aversión al riesgo global o sobre México, el tipo de cambio podría subir a niveles de 21 pesos por dólar. Esto último podría darse por factores como escalamiento de la guerra entre Rusia y Ucrania, sanciones comerciales impuestas a México por Estados Unidos o incremento en el riesgo político en México.

Depreciaciones iguales o mayores a 10% se darían solo en un escenario de crisis, lo cual actualmente es poco probable.

RIESGOS Y PERSPECTIVA DE CRECIMIENTO

Grupo Financiero BASE estima que bajo un escenario central la economía de México crecerá 2.51% en el 2022 y 1.58% en el 2023.Aunque el crecimiento estimado para este año es similar al observado en la última expansión económica de 2010 a 2018, no puede decirse que se recuperó la senda de crecimiento, pues 1) la economía mexicana no ha terminado de recuperarse de las caídas de 2019 y 2020, 2) se espera una desaceleración económica para el 2023 y 3) existen riesgos importantes tanto a nivel global como internos.

Suponiendo que para el 2024 se materializa la mediana de las expectativas de crecimiento según la encuesta más reciente del Banco de México, de 1.95%, el crecimiento total en el sexenio actual sería de 1.19%. Esto se traduce a un crecimiento anual promedio de 0.20% que sería el menor crecimiento en registro para cualquier sexenio, tomando en cuenta la serie de PIB disponible en INEGI. Además, con una estimación de crecimiento poblacional de 6.3% en el sexenio, el PIB real per cápita estaría disminuyendo un total de 4.8% en el sexenio actual, siendo la primera caída sexenal del PIB per cápita desde la administración de Miguel de la Madrid (1982-1988).

Entre los riesgos para el crecimiento económico de México destaca:

Recesión moderada o fuerte en Estados Unidos, pues la mayor parte del crecimiento de México se ha dado por la demanda externa. Además, el gobierno federal no prevé este esecenario en su política económica para el 2023 por lo que una recesión moderada o fuerte que golpé las exportaciones dismuiría los ingresos tributarios y generaría la necesidad de un mayor endeudamiento público.

Persistencia de presiones inflacionarias, que podrían darse por la continuación de disrupciones en las cadenas de suministro, el exceso de liquidez en la economía global, inseguridad en México o por eventos idiosincráticos tales como conflictos geopolíticos que presionan al alza los precios de commodities, especialmente los energéticos.

Freno en la inversión fija bruta, que se encuentra en niveles vistos por primera vez en 2007. La inversión fija bruta se ha visto afectada por la incertidumbre y podría, en el caso de incremento en el riesgo político o económico, volver a mostrar tendencia de baja.

Sanciones comerciales a México en el marco del TMEC. En este punto existe el riesgo de multas, pues presionarían aún más las finanzas públicas. Por su parte, los aranceles o barreras no arancelarias impuestas, podrían frenar, dependiendo de la magnitud de la sanción, el crecimiento de las exportaciones y de la inversión extranjera directa.

Deterioro de las finanzas públicas, cuya planeación, como ya se mencionó, se basa en supuestos macroeconómicos considerados altamente optimistas. Existe el riesgo de que la razón de deuda sobre PIB supere el nivel de 50% y las agencias calificadores recorten la perspectiva y/o calificación crediticia de la deuda soberana de México. De hecho, si no se corrige el rumbo del crecimiento en el gasto público, se podría dar una crisis de finanzas públicas en los primeros dos años del siguiente sexenio.

Incertidumbre política y económica, por cambios en iniciativas y reformas, así como por las elecciones federales del 2024, que podrían representar un mayor freno para la inversión fija bruta.

 

 

Reportacero

 

 

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