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Reactivación de EU y gasto social asistencial no serán suficiente para reactivar economía nacional: IDIC

28 de marzo de 2021.- La inercia de la herencia del modelo neoliberal, esperar los efectos de la reactivación de la economía de Estados Unidos o el gasto social asistencial, no serán suficiente para superar los desafíos de la nueva realidad estructural que vive el país.

México tiene la oportunidad de enfrentar la nueva realidad que se ha generado en la economía nacional y global si pondera adecuadamente los retos que se han creado a raíz de la recesión que se enfrenta.

La reconstrucción de la economía mexicana puede avanzar a través de la ruta del desarrollo industrial para generar un entorno de inversión productiva que revierta los efectos estructurales de la minusvalía productiva que trascendió el 2020 y que ha llevado a un nuevo retroceso del PIB en el primer trimestre del 2021.

Hay tres mensajes que se deben considerar. Durante el primer trimestre del 2021 se dieron a conocer cifras oficiales que confirman la incidencia estructural que la recesión económica ha heredado:

La desaparición de un millón de establecimientos en la economía mexicana muestra no solo la magnitud de la contracción económica en la coyuntura también implica la reducción en la capacidad de creación de empleo e inversión que el sistema productivo tendrá en el corto y mediano plazo.

Los primeros aspectos de lo último ya son visibles: en el mismo periodo de tiempo se crearon poco más de 600 mil establecimientos de menor tamaño, básicamente integrados por dos personas: micronegocios informales.

En términos netos México perdió 400 mil establecimientos, básicamente micro y pequeñas empresas. Dicho número representa un retroceso neto de 4 años que se constituye como una nueva restricción para el crecimiento y desarrollo socioeconómico del país.

La pandemia de COVID-19 y la crisis económica asociada provocaron que 5.2 millones de estudiantes abandonaran sus estudios en el presente ciclo escolar, fundamentalmente en el sistema de educación público.

Independientemente de que aún no se cuenta con la información suficiente para cuantificar si el efecto será temporal permanente, ya es tangible que esta situación representa una distorsión para la razón de ser del sistema educativo porque restringe la inclusión y movilidad social: 5.2 millones de niños y jóvenes no adquieren los conocimientos que van a requerir para enfrentar los desafíos laborales, de emprendimiento y de convivencia social que se requieren en un momento de alta innovación, progreso tecnológico, competencia, menor generación de empleo y de cambio estructural causados por la recesión iniciada en 2019 y llevada al extremo por el COVID-19.

Un primer trimestre con caída económica atribuible a la nueva realidad del sistema productivo: menor capacidad para generar crecimiento económico.

El resultado negativo del Indicador Global de Actividad Económica (IGAE) de enero (- 4.2%) no fue un hecho aislado durante el inicio del 2021. De acuerdo con INEGI y su Indicador Oportuno de Actividad Económica, durante febrero se tienen indicios de un retroceso que osciló alrededor del (-) 4.0 por ciento.

Por ello se observaron cifras negativas en el comercio al por mayor y al por menor, durante enero pasado, y una baja generación de empleo formal registrado en el IMSS para el bimestre enero-febrero.

Además de acuerdo con el INEGI, la Tasa de Condiciones Críticas de Ocupación muestra el 27.1% de los mexicanos ocupados lo hace en un entorno menos favorable.

La consecuencia es un debilitamiento estructural del mercado interno que se asociará a la reducción del consumo privado (-) 10.4% del 2020. Tan solo ese hecho es un freno para el 65% del PIB de México.

En su conjunto las cifras de actividad económica del bimestre enero-febrero contienen un mensaje claro: existe una reducción en el IGAE potencial, es decir, una vez que pase el efecto “contable” de las tasas de recuperación que se observarán entre abril y octubre, México convergerá a una nueva realidad de un menor crecimiento económico que se hará presente en el segundo trimestre del 2022. Las razones son:

La aparición del COVID-19 encontró un sistema productivo con baja capacidad para crear valor agregado, por ello el promedio de crecimiento durante la primera parte del siglo XXI fue de 2%. Ahí se presentó el COVID-19: un problema de salud pública que encontró a una economía que ya estaba enferma desde hace 40 años.

Con la desaparición de empresas antes citada y la reducción del Ahorro Bruto (- 711 mil millones de pesos) reportada por el INEGI en el 2020, se modera aún más dicha capacidad de producción.

Adicionalmente se debe considerar la reducción de la inversión de (-) 18.2% en 2020.

Sin ahorro no hay inversión, sin inversión no hay crecimiento.

El aumento de las remesas y de la actividad económica del sector público no puede revertir la tendencia de la nueva realidad de la economía mexicana.

Las dificultades que tienen sectores como el automotriz, la construcción, el turismo, el entretenimiento, el comercio al por mayor, el comercio al por menor, el transporte, la industria de la transformación por la apertura comercial que permite el comercio desleal, hacen previsible estimar que marzo no tuvo la capacidad para revertir las caídas. (Se ha dado preferencia a los productos importados con sospecha de dumping sobre lo Hecho en México que cumple con las normas nacionales.)

El primer indicio de lo anterior se tiene en las cifras oportunas de balanza comercial: en marzo se reportó una variación negativa de las exportaciones de (-) 1.1 por ciento.

No obstante, se debe mencionar que el sector externo ya presenta el escenario previsto por el IDIC: a partir de abril comenzarán a observarse datos positivos.

El aumento en la importación de bienes de capital y de insumos intermedios de marzo implica que la industria manufacturera ligada a la exportación tendrá un escenario más favorable.

La duda es cuánto de la nueva producción se hará con insumos hechos en México o si el país volverá a su déficit comercial, algo que no abona al crecimiento económico.

Bajo el contexto descrito, más el hecho de que Estados Unidos, la Unión Europea, China, Corea del Sur, la India, Rusia, Vietnam, entre otros, están aplicando una política industrial activa se puede inferir que México puede revertir la tendencia estructural descrita si implementa una estrategia de desarrollo industrial del siglo XXI: que promueva el desarrollo social a través del fortalecimiento de sus bases productivas.

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