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Rebasa extinción de empresas 20% de las existentes antes de la pandemia.- IDIC

7 de diciembre de 2020.- José Luis de la Cruz Gallegos, Director General del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico, IDIC, presentó en su revista La voz de la Industria, su estudio “El cierre de empresas: causa y consecuencia de la caída en inversión y consumo”.

La desaparición de más de un millón de empresas reportadas por el INEGI durante los primeros seis meses de la pandemia asociada al Covid-19 debe ser un aspecto que se debe ponderar con cuidado:

Dicha cifra superó el 20% de las empresas que existían antes de la recesión del 2020.

Una consecuencia será la minusvalía en la capacidad de inversión y generación de empleo.

Además, con la información dada a conocer por el INEGI se consolida la minusvalía de la inversión: (-) 18% en septiembre. Con ello se tienen 20 retrocesos de forma consecutiva y el menor nivel desde el último trimestre del 2005. Su promedio en 2020 es de (-) 20.6%.

La contracción de la inversión se encuentra vinculada al cierre de empresas citado, pero también con el menor tamaño de empresas creadas: durante la pandemia abrieron 600 mil nuevas empresas, la mayoría micronegocios de perfil informal.

El bajo nivel de salarios y prestaciones sociales asociados a la informalidad debe considerarse a la luz de los resultados publicados por el INEGI en materia de consumo privado:

En función de dicho contexto, las cifras correspondientes al mes de septiembre permiten observar la dimensión que la recesión ha tomado en el entorno de los hogares: el Indicador Mensual del Consumo Privado en el Mercado Interior bajó (-) 11.4% en septiembre y un promedio de (-) 12.3% en el año. Se acumulan 10 meses de retrocesos consecutivos. Se ubica en el nivel del 2012.

La única forma de revertir la precarización del consumo es a través de la creación de empleo formal bien remunerado, un factor que requiere mayores niveles de inversión.

La oportunidad para lograr el incremento de la inversión se encuentra en el fortalecimiento del sector industrial mexicano: permitiría aprovechar las ventajas del T-MEC, construir infraestructura para subsanar los rezagos productivos y sociales que existen en el país, vincular las cadenas productivas en el país, elevar el nivel de innovación tecnológica, crear mecanismos de comunicación y diálogo entre los sectores público, privado y académico, así como impulsar la inclusión y movilidad social.

El cambio anunciado por el presidente Andrés Manuel López Obrador en la Secretaría de Economía abre la posibilidad de realizar ajustes estratégicos en la implementación de una política económica que permita revertir algunos de los efectos negativos que enfrenta la economía nacional.

Para solventar el aumento de la pobreza laboral reportado por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) y la quiebra de empresas citada por el INEGI, se requiere de dos elementos básicos: diálogo que genere confianza y un programa integral de desarrollo industrial que le de dirección a los acuerdos alcanzados. Parte de ello será uno de los retos de Tatiana Clouthier, la nueva titular de la Secretaría de Economía.

La evolución del consumo privado y la inversión miden el pulso tanto de la economía como de la situación en la que se encuentran las familias y empresas mexicanas.

Al mismo tiempo, la dinámica de consumo e inversión permiten inferir la situación presente como el futuro del sistema social y productivo del país.

En conjunto representan más del 85% del PIB, por lo que su comportamiento es una muestra significativa de lo que ocurre en la economía nacional.

En el caso del consumo privado, la variación de (-) 11.4% registrada durante el mes de septiembre fue la décima consecutiva a tasa anual. En el año su promedio es de (-) 12.3%.

El Indicador de Consumo Privado se encuentra en un nivel similar al del primer trimestre del 2015. El componente de tendencia muestra que su recuperación llegará hasta inicios del 2022.

Por su parte, el retroceso de (-) 18% contabilizado por la inversión fija bruta en septiembre fue la número 20 de forma consecutiva. Su promedio en 2020 es de (-) 20.6%.

El nivel de la inversión es similar al alcanzado en el último trimestre del 2005.

El débil comportamiento de la inversión y el consumo (gráficas 3 a 8) se encuentra asociado a los resultados publicados recientemente tanto por el INEGI como por el Coneval.

El INEGI presentó la actualización de su Encuesta sobre el Impacto Económico Generado por COVID-19 en las Empresas (ECOVID-IE) 2020. El resultado central fue la pérdida masiva de empresas que el país ha sufrido durante la pandemia: casi 400 mil.

De acuerdo con el INEGI y su Censo Económico 2019, antes de la pandemia existían 4.86 millones de unidades económicas.

Por su parte la ECOVID-IE señaló que hasta fines de octubre más de un millón de micro, pequeñas y medianas empresas tuvieron que cerrar operaciones, la mayoría por la magnitud de la crisis económica: más del 20% del total.

Una de cada cinco empresas dejó de existir en seis meses.

Al mismo tiempo la ECOVID-19 mostró que se crearon poco más de 600 mil nuevas unidades económicas, la mayor parte clasificada como micronegocio, es decir, empresas que dan empleo a menos de 10 personas.

Si además se toma como referencia la evolución del registro de patrones que tiene el IMSS, se puede afirmar que la gran mayoría de esos nuevos micronegocios se encuentran caracterizados por la informalidad.

Los micronegocios creados durante la pandemia son unidades económicas de bajo valor agregado, negocios creados ante la emergencia económica por quien perdió su empleo y no encontró una nueva alternativa laboral. Representan una salida de emergencia que no les da acceso a la seguridad social y a un sistema de pensiones.

La quiebra de las empresas tiene un mensaje adicional: México tendrá menor capacidad para generar empleo formal porque hay menos empresas.

La inversión mantendrá un comportamiento débil durante los siguientes

meses. Además, estados como Quintana Roo, Campeche, Baja California Sur, Tamaulipas, Nuevo León, Coahuila, la Ciudad de México, entre otros, perdieron más del 25% de su empleo y el 20% de sus empresas, por lo que enfrentarán los desequilibrios más fuertes.

De igual forma, la ECOVID-IE muestra que durante la pandemia la tasa de mortandad de empresas duplicó a la de su creación: existe un entorno poco propicio para invertir porque la crisis limitó la capacidad financiera de los mexicanos para invertir y elevó el riesgo de emprender un nuevo negocio.

Lo último permite disociar el comportamiento de la inversión productiva de la financiera: en tanto que el sector bursátil obtiene ganancias, la inversión productiva (la que genera empleo) se encuentra fuertemente afectada por la recesión.

El desarrollo y el crecimiento social y económico de México se encuentran asociados a la evolución de la inversión productiva, por lo que su caída representa un mensaje que no se debe subestimar.

En esencia, los resultados de ECOVID-IE y el aumento de la pobreza laboral resumen el resultado de la estrategia adoptada para enfrentar la recesión exacerbada por el Covid-19.

Para revertir lo anterior, y evitar que el daño estructural inhiba la estabilidad y el desarrollo de México, es oportuno generar un entorno más favorable para la inversión productiva. Certidumbre y diálogo son parte del camino.

Nuevas estrategias de desarrollo permitirían fortalecer a los sectores con capacidad real para acelerar el crecimiento económico.

Un programa de desarrollo industrial le daría la dirección adecuada porque permitiría aprovechar las oportunidades del T-MEC al mismo tiempo que combate los rezagos estructurales de infraestructura, energía, innovación, productividad y pobreza.

El resultado sería bienestar social con sólidas bases productivas, un resultado que no se ha logrado alcanzar durante décadas.

 

 

Reportacero

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